Caperucita Roja: un cuento para adultos

caperucita roja

A Mile le encantan los cuentos infantiles bien tradicionales, clásicos, aunque sean un poco cruentos. Uno de los más inexplicables para mí, visto desde el mundo adulto, es el de Caperucita Roja. Una niña reflexiva, ustedes habrán notado, que se queda un rato mirando fijamente, con desconfianza pero con razón, a este lobo que, de modo siempre muy inverosímil -en todas las versiones de esta historia es muy ridícula esta parte- se ha disfrazado de abuelita. Y ahí está, la pobre Caperucita, pensando y analizándolo todo, con fatal parálisis por análisis, sobre esa situación tan poco inteligible: los ojos de la falsa abuelita son grandes, las orejas son grandes, la boca también. Tiene razón. Pero ahí, cuando en el nudo de la historia esperamos que la racional chiquilla haga algo… ella no puede hacer nada! Claro, me dirán ustedes, es lógico, una niña inocente no puede atacar y despanzurrar al lobo. Es una dulce nenita, no la loca asesina de Atracción Fatal. Para eso tenemos al cazador que justamente pasaba por esos lares, para hacer el trabajo sucio, qué otra cosa. Podría haber pasado por ahí una geisha con un abanico, total, el cuento viene tan mal parido. Pero no, graciadió y para alivio de los niños que escuchan la historia sin mover ni una pestaña, el que pasaba por ahí es un cazador con rifle y todo. Mejor. Conviene al desarrollo del cuento que aparezca: por fin la historia se vuelve verosímil. Un hombre de acción irrumpe en el argumento y convierte en posible un final feliz que era difícil de preverse hasta ahora.

En este tipo de cuentos clásicos hay muchas interpretaciones para hacer, incluso podríamos creer que el Destino hizo su parte al poner al cazador en el medio del asunto. También podemos pensar, hilando más fino, que cuando ya somos adultos en nuestras vidas no siempre están los otros para tomar las decisiones por nosotros, o no siempre las soluciones nos caen del cielo. Algunas veces tendremos que dejar de dar vueltas a los pensamientos que nos paralizan, tomar las riendas del asunto y hacer que las cosas pasen: en este caso, partir en dos al lobo que tenemos enfrente para salvar lo que sea que se haya quedado adentro. De lo contrario, si seguimos dudando y pensando cuando las respuestas ya están archisabidas, corremos el riesgo de que el lobo nos gane de mano, pegue un salto y el cuento se nos transforme en otro cuento. O, lo que también resultaría un final cruel aunque menos trágico, nos seguiríamos mirando a los ojos, nuestros-problemas-con-tanto-diagnóstico y nosotros, frente a frente y durante tanto tiempo, que cuando un día nos saquemos la caperuza podríamos descubrir que ya tenemos también, como la abuela, algunas canas.

Mejor, entonces, a arremangarnos y a arrinconar al lobo. Nosotros mismos. El final más feliz de todos los finales verosímiles. Y kolorín kolorado, esta historia se ha terminado.

8 Responses to “Caperucita Roja: un cuento para adultos”


  • Solo resta elegir como nos vamos a comer al lobo, si a la cazadora como en caperucita o en guiso, como en los tres chanchitos y, adelante!!!!

  • Siempre está la opción de la parrilla, que es menos mediterránea y más telúrica, opción 1 por estos pagos, no? este comentario está dedicado a los que viven fuera del país, leen el blog y todavía pueden relamerse por un buen costillar con chimichurri (Marina y Cintia, por ejemplo). ;-)

  • Buenísimo el Blog amiga querida. Agustín mi hijo todavía desconfía del cuento La Caperucita porque cada vez que me lo pide cambio de versión, para que no sea tan cruento. Lo cierto es que ya se dió cuenta de que hay algo tremendo, como cuando uno cambia de canal porque la película es terrible o las propagandas no tienen nombre. Nosotros crecimos con el LOBO y el famoso VIEJO DE LA BOLSA así que estamos acostumbrados a culpar a otros por los daños psicológicos que sufrió la abuela.

  • Euge, qué bueno que tu hijo desconfíe de los cuentos… sobre todo si le andás cambiando los finales, y después no te acordás qué versión le contaste antes. El chico tiene memoria y coteja los datos y no le cierra! Es una generación de chicos “chequeadores”. Menos mal…

  • Excelente el post! Me encantó! Sacar el lobo que tenemos dentro que nos mata todos los planes. Esa cosa neurótica de pensar y pensar y dar vueltas con una decision cuando ya sabemos lo que tenemos que hacer.
    Listo! Ahora cada vez que ande “rumiando” me voy a acordar de esto…. y trataré de que el lobo no me gane de mano…

  • Hola:
    Muy buena, pero (siempre se puede complementar toda versión sobre algo), los cuentos “clasicos” tienen un sin número de interpretaciones. para eso son, conscicente o inconcientemente, escritos. Es parte de una pedagogia que yace en toda cultura. Por ello que no solo es para una satisfacción emocional, tambien aborda una moral, una biología, una psicología, una sociología, una mística, etc

  • Es verdad, Julio, lo que decís! Los cuentos infantiles tradicionales son tan ricos, ofrecen muchas interpretaciones… y no deja de asombrarme eso de que con su simpleza transmitan tantas miradas posibles. A veces, de puro placer, me pongo a buscarle otras aristas a algunos de ellos y siempre encuentro algo nuevo. Nunca me fallan! Gracias por el comentario.

  • ODIO ESTA ISTORIA ES DE INFANTILES Y FEAS
    MUAJAJAJAJAJA

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