Un senador decide candidatearse a la presidencia de los Estados Unidos. El hombre “lucha y se desangra por la fe que lo empecina” (diría el tango), o también, “hace de mierda dulce de leche” (diría un ex jefe mío). Porque el objetivo de este señor es llegar a la presidencia, claro. A pesar de que no cuenta con las mejores cartas para ganar la partida, el tipo se la juega. Contra viento y marea. Y entonces lo consigue… ¡Sí, después de tanta angustia y mala sangre, al fin logra ganar las elecciones presidenciales! Esa es la trama de la película “El candidato”, de 1972, con Robert Redford como protagonista. Lo genial de esa película es, para mí, la escena final más que la trama en sí, porque esa secuencia justifica todo el resto. En esa escena, el equipo de campaña del candidato se enfrenta con el triunfante Senador, alias Robert Redford, que está cómodamente instalado en una suite de un hotel de lujo. El jefe de los asesores le pregunta: “¿Qué sigue ahora, señor Presidente?”, y el Señor Presidente, con una mirada desconcertada, contesta: “No sé, no sé qué siga”.
Es que toda la carne al asador estaba puesta en ganar, y ahora que habíamos ganado… ¿qué era lo que había que hacer? Ya no sabíamos, porque habíamos llegado al límite fijado. Y de ahí “non plus ultra”. Continuar siendo felices por siempre, supongamos.
Los finales felices son sólo el principio. La celebración dura justamente ese ratito que media entre lo que había que hacer para llegar hasta allí, y lo que hay que hacer después para que la cosa realmente funcione. Lo más difícil de todo el asunto es poner las manos en la masa el día después y el que viene después de los despueses, y así ad infinitum.
Te recibiste,
te casaste,
tuviste un hijo, plantaste un árbol, escribiste un libro,
conseguiste el trabajo que tanto ansiabas,
compraste la casa, el auto y el lavavajillas de tus sueños.
Por supuesto, no dejemos pasar la oportunidad de descorchar champagne y festejar mucho mucho lo obtenido. Pero me pregunto si recordamos de vez en cuando que está bueno, también, considerar todo el asunto no ya como el cierre o el final de algo (o como un mullido sofá en el que uno se tira a descansar hasta el olvido) sino como un principio auspicioso, un primer paso que será el envión, en realidad, para seguir andando por ese camino elegido. Un recorrido que se irá construyendo cada día con las ideas, los sueños y la conducta personal que nos han llevado ya hasta allí, y que deben seguir acompañándonos -y renovándose junto a nosotros- para abrirnos paso en el trecho siguiente.
Sigo pensando en las películas, y de pronto caigo en la cuenta de que muchas segundas partes de aquellas historias geniales que nos han gustado tanto, no nos parecen TAN buenas como las primeras: pienso en que en esas segundas partes con frecuencia hay que remar la corriente del río que ya descubrimos en la parte primera; no hay tremendos misterios sobre quiénes son los protagonistas, sino pequeños o grandes desafíos / conflictos / dimes y diretes de una realidad ya conocida por los espectadores, y que se afrontan mejor o peor según sea el caso. Pero la esencia de la trama en sí ya la conocemos. El champagne, probablemente, ya nos lo tomamos en la primera parte, y entonces puede que pensemos que ahora sólo nos queda replicar el resplandor de aquellos viejos reflectores, pero no el descubrimiento de una nueva luz que haga que la historia se reinvente y se sostenga por sí misma.
A menos que cambiemos nuestra expectativa y la proyectemos sobre lo que esperamos de nuestra propia película personal. Al fin y al cabo, ahí pudiera estar el quid de la cuestión: “hacer historia” no debiera pasar por dar el puntapié final con aplausos, banderitas, confites y/o arroz, sino por sembrar cada día una actitud vibrante (me encanta esa palabra), es decir, despierta, esperanzada y cargada de sentido… una actitud “así” puede hacernos vivir plenamente nuestro acontecer cotidiano. Ese acontecer que incluye, también, la próxima temporada de estrenos.



Tan cierto todo, corroborado por la única excepción de El Padrino II, que es la que confirma la regla.
La posibilidad de sentirse vivos es disfrutar con plenitud la construcción de lo que estés haciendo.
Saludos, prima!!!
Ah, es eso que vos decís, Agustín: sería genial si siempre -o casi- recordáramos disfrutar la construcción, lo que vamos viviendo, todo ese “mientras tanto”. A veces lo perdemos de vista, no? Entre nos, a mí me pasa “de vez en cuando”: pierdo de vista este presente continuo… para después volverlo a encontrar. Incluso lo puedo descubrir en esas segundas partes que, aunque algunos digan que nunca fueron buenas, a veces te sorprenden y son la excepción.
Nos vendría bien un poco menos de exitismo y un pelín más de existencia, ponele… no sé si esto está escrito en el libreto de “El Padrino II”, pero si no es así, habría que agregarlo (dicen que los guiones de las películas de “El Padrino” contienen todas las respuestas a los grandes interrogantes de la vida, ¡nada menos!).
Beso grande al resto de la familia.
Hola Vero, ahí está la estrella de sex and de city, a Sandrita le va a encantar! y más abajo el muuuuuy buen mozo de Robert, las películas me encantan aunque no tengan finales felices porque me dan la certeza de que eso puede pasar acá o allá, el mundo real o de cartón pueden ser tan iguales que en algún momento se mezclan y uno no sabe de qué lado está en determinado momento y entonces la vida te da un sacudón y te ubica `plaf donde debés estar, a sonreir entonces que vale la pena aunque con mocos!!!!! Un abrazo grande
La serie “Sex and the City” fue genial porque mostró la evolución de la vida amorosa de cuatro amigas viviendo en Nueva York. En la primera película ves, también, el casamiento de Carrie y toda una serie de “asentamientos” en la vida de las otras protagonistas. Te guste o no la película, digamos que cierra la trama planteada en la serie. Pero la segunda película las encuentra a todas… tratando de remar el final de la primera, jaaaaa! No es más que una reiteración del argumento de todo el resto de la serie puesto en un ambiente bien exótico como es Abu Dhabi. Eso es todo, no hay nada más.
En cambio, estos días nuestros que se suceden uno a uno de este lado de las cámaras son bastante distintos a los de las películas… y la actitud frente a ellos asumo que también debiera ser distinta. Sin embargo, María Cristina, entre nos, te cuento que más de una que conozco pretende ser Carrie reencarnada fuera de la pantalla. Ni hablar de Robert Redford en “El candidato”: la obsesión por llegar al éxito es más fuerte que la necesidad de tener objetivos trascendentes que puedan seguirse en el día a día con integridad.
Podemos ser bastante superficiales en nuestra búsqueda de lo que presuntamente nos hace felices, ¿verdad? Como si fuésemos personajes de ficción, en vez de personas de carne y hueso (y bien complejas, además).
Beso grande.
yo tengo una pequeña teoria burguesa…el dia que alguien/alguienes se ocupen de la logistica cotidiana en que inesperadamente (para mi, por distraida) derivo lo que hice con final feliz (casarme y mi hija) ese dia yo podre empezar cada dia como Carry, preocupada por que bello compose de atuendo y zapatos (que tengo unos cuantos) me pondre para mi glamoroso dia….por ahora solcito escupe tanta comida como traga (perdon el modismo anglosajon)y de tanto juntarlo a veces me pregunto “que he hecho yo para merecer ser una mujer al borde de un ataque de nervios”!!!!!!
PD: como Emi y vos saben, me fascina Mr Big, aunque yo me hubiera casado con Aidan…
besos grandes!!
Scarlet
Ajajajaj! Acá descubrimos que el mundo se divide en dos: la gente que se hubiera casado con Mr. Big, y la gente que se hubiera casado con Aidan. O también, podría dividirse en estas otras dos partes: la gente que puede vivir impecable como Carrie… y NOSOTRAS, que andamos esquivando manchas de comida, pozos en las calles, pelos de mascotas.
La vida de Una es así, Sandru, un equilibrio precario entre realidades llenas de contrastes.
Beso enorme, nena!
PD: Tomemos “ese” café, pordió.
Muchas veces me pregunté porque nos decepcionan las segundas partes, porque eso de “segundas partes nunca son buenas” y es cómo vos lo contás, siempre pensamos en el exito al final del camino y no nos damos cuenta que la vida en realidad es el trayecto por el camino, no el cartel de llegada.
Besos!
“No hay que llegar primero, sino hay que saber llegar”, verdát?
Talcualmente, talcualmente. Es como este ir y venir de letras y palabras: lo interesante podría ser el recorrido, eventualmente, y no tannnto eso de llegar al punto final (eso espero, al menos).
Besos.
PD: Qué alegría encontrarte de nuevo, Maru! Esta es una segunda parte (bloguera, en nuestro caso) que espero que sea tan buena como la primera, cuando descubrí lo lindo que es leerte.
Planteas una cosa muy cierta, por que despues de los pasos logicos establecidos por la sociedad, luego que? es la pregunta, una maestria? un divorcio? un negocio? o realmente pensar en el retiro ya seria el siguiente paso?Espero que no….Es la primera vez que te leeo, no se cuantos años tienes, pero planteas una circunstancia comun entre la gente que va desde los 35 hasta los 50. Lo cierto que que yo sigo preguntandome que pasara con la segunda temporada de mi vida. saludos
Mel querida, me adivinaste el rango etario perfectamente: tengo 41 años y muuuuchas películas vistas (primeras y segundas partes, también).
Opino igual que vos: creo que la expectativa sobre la felicidad que nos depararán ciertos logros, es más bien exagerada. También creo que de esa idealización nos damos cuenta una vez que logramos lo que queríamos lograr, justamente (pero nunca antes, qué cosa).
Te mando un beso enorme!
Admiro esas personas disciplinadas que luchan y luchan hasta conseguir lo ansiado. Pero no las envidio. Invertir tantísimo esfuerzo y dedicación a una sola meta puede dejarte “sin pilas”. “Llegué a la cima y ahora ¿qué?”, parece que sólo quede bajar de la montaña, cuando tanto desde la cima como desde el valle las estrellas lucen igual de bonitas. Vivir el momento, lo llaman. Y alguna meta definidilla de vez en cuando, para tener perspectiva.
Me ha picado el gusanillo de la peli, a ver qué tal.
Bueno, yo creo que llegar hasta la cima puede ser genial… si también sabés divertirte con mucho estilo cuando te toque bajar rodando.
Es irónico, pero así como encuentro mucha gente que no sabe bajar con hidalguía, también encuentro muchos otros que no saben divertirse -en serio- en la subida.
¿Me querés decir para qué tanto viaje de ida y vuelta, entonces? ¡Para terminar el asunto sin haber aprendido nada, no vale la pena tanto esfuerzo!
Beso grande, Zilniya.
Un poco así creo que somos todos… cumplimos un proyecto, logramos lo que queríamos… y ahora vamos por más.
Como cuando uno viaja… ya vuelve y está pensando en el del año que viene… siempre hay que tener algo que nos tenga motivados y en marcha?
Tengo algunos casos de 2°s partes que son buenas… no sé si mejores, diferentes al menos. Y si de una película se trata… “Antes del amanecer” y “Antes del atardecer”…casi casi me gustó más la segunda parte, la vi varias veces y cada vez me gusta más.
Beso
Increíblemente, yo vi “Antes del atardecer”, pero no vi “Antes del amanecer”. Así y todo, el asunto de ir atardeciendo me pareció excelente, así es más que seguro que esté de acuerdo con vos, aunque yo todavía no esté enterada en un cien por ciento por no haber visto la primer película.
Los viajes se disfrutan tanto antes como después de hacerse: no sé si cuando los vivimos realmente somos tan felices como cuando los planificamos o los recordamos. La mente humana es tan extraña, Ana… ¡no me digas que no!
Beso grande.
“Tener una actitud vibrante”!!! A mí también me encantó! En los principios y en los finales. Vibrar es estar bien vivo, es conmoverse, es dignificar nuestra condición humana más allá de los límites e insatisfacciones inevitables. Es sostener la esperanza. Un beso grande!!
Juan Manuel, en este punto de mi vida no creo tener otro camino posible (ni más elegible) que ése, el de tratar de “dignificar nuestra condición humana más allá de los límites e insatisfacciones inevitables”. Hoy en día ya no puedo más que repetir estas palabras tuyas. Y volverlas a repetir, si es necesario. Como un mantra.
Gracias, Doc querido.
Beso enorme.
Guau!! y se fue la segunda de la temporada 2012.
Parece que la periodicidad de las publicaciones se redujo ad infinitum, y brindamos por ello.
Y para variar, mi marote quedó regulando a revoluciones VeroMolinianas, para pasar del balbuceo al tipeo.
No encuentro segundas partes de peli, que me hayan volado la sesera. En cambio, si lo encontré a través de algunas series de TV, y para estar a tono, arranco con The West Wing. Serie que me hizo ir bien adentro de la trama, temporada a temporada. Y reflejar algo de lo que la escritora (VM) nos resalta o ilumina.
Cruzo el charco y pienso en el atinado conferencista motivacional Carlitos Paez, hombre que sabe de cordilleras y vida en condiciones extremas. En una entrevista, Paez señala que la vida es como una novela, y te espera en cada capítulo, porque el protagonista sos vos .. Jorge Drexler lo refleja al proponer, que es mejor amar la trama mas que el desenlace.
El universo nos convoca, y nosotros decidimos salir al campo de juego, o presentar certificado de enfermo.
Gracias por su terquedad e insistir en la lectoescritura.
La pléyade VeroMoliniana, agita las banderas y celebra el fueguito de la comunicación profunda.
Quique, Quique, Quique, tu estilo de escritura me mata… qué lindo que es. Tengo que contestar largo -y con tiempo- porque hay mucho & precioso dicho por ahí arriba. Va todo al voleo, pero ahí va:
- Jorge Drexler: claro, él lo dice mucho pero mucho mejor. Tengo muy poca cultura musical, usted lo sabe, y casi toda tiende a ser en portugués. Del amigo Drexler, poco y nada. Menos mal que usted lo trae a colación frecuentemente y entonces yo aprendo y lo descubro y todas esas cosas.
- Carlitos Paez: sabe y recontra sabe lo que es tener una vida de novela. A mí se me olvida a cada rato y por eso pago peaje para recuperar la memoria, vio.
- “El universo nos convoca, y nosotros decidimos salir al campo de juego o presentar certificado de enfermo” es lindísimo. Y TAN cierto… por eso tuve que reescribirlo acá, usted disculpe.
- El fueguito se hace en grupo y nos convoca a todos frente a él. Desde hace cuánto, calcula usted? Millón, millón y medio de años? Pongámosle que sí.
Beso enorme, Quique.
Agradezco sus palabras, mas VeroMolinianas que nunca.
Creo, uno pasa por este punto del mapa digital, porque el camino es arduo en varios puntos de la vida, y siempre es deseable repetir los buenos caminos en los viajes cotidianos.
Se trata del arte de vivir bien, pero con podo. Un vero desafío en tiempos weberos (profundos).
Quique, pareciera que saber reconocer cuáles son esos desafíos que nos tocan atravesar, nos mantiene despiertos gran parte del viaje. Y humildes, también, porque sabemos que se hace camino al andar, nomás.
Brindo con café con leche (es muy temprano para cualquier otro brebaje, usted sabe) porque siempre termine valiendo la pena recorrer el camino que andamos eligiendo (sea cual sea).
Beso enorme, caro mío.