Quejas de bandoneón súper top (costosísimo bandoneón de oro, con incrustaciones en brillantes)

retro3 La rat race nos envuelve a todos, de alguna u otra manera. Imbuidos en el estilo de vida del hámster que corre y corre dentro de la ruedita, nos cansamos intentando llegar a quién sabe qué, ansiosos y medio desesperados. Cuando la vida se te va tratando de parar la olla de la familia quién puede decirte esta boca es mía, pero dejando esas cuestiones elementales que abarcan comida, salud, vestimenta, educación y un techo donde vivir… todo lo demás es, a veces, menos clarito de ver.

Supongamos por un momento que somos unos jodidos multimillonarios y que ya lo logramos todo: tenemos fábricas, inversiones hechas a troche y moche y ahorros bajo el colchón que habilitarán a nuestros hijos a vivir cual jeques petroleros durante sus varias reencarnaciones. La pregunta del millón (valga la redundancia) es entonces: ¿para qué seguir trabajando en incrementar nuestras ganancias? En ese momento de abultados bolsillos y una duda tan flaca, ¿suponemos que pararíamos la rat race y nos bajaríamos satisfechos, diciendo “bueno, y ahora ya está”, o iríamos por más, todavía?

Pareciera que el ser humano, una vez que alcanza el objetivo buscado, se acostumbra rápidamente a lo que tiene y al poco rato ya quiere algo más. La euforia por haber llegado a donde quería llegar no le permite detenerse. El logro de sus expectativas es un escalón que se sube, pero la escalera es infinita.

De ahí se explica la existencia de tantos productos suntuarios con precios extravagantes que los consumidores muy adinerados -que ya tienen satisfechas sus necesidades de gustos comunes- quieren alcanzar para sentirse presuntamente felices. Porque existen áreas del cerebro asociadas al placer que se activan cuando conocemos el valor (¿o el precio?) de algo. El saborear un buen vino tiene consecuencias en las papilas gustativas, pero el saber que la botella cuesta cien dólares activa también otras áreas del cerebro que reconocen estos datos y los valoran de algún modo (sí, pareciera que nuestra parte racional es bastante snob en su sibaritismo más elemental). ;-) Entonces, resulta que el sólo hecho de conocer la existencia de esos bienes ofrecidos en el mercado nos proporciona ya de por sí algún tipo (?) de anhelo por demandarlos en cuanto se ponen a nuestro alcance… o apenitas más allá. ;-)

Según el psicólogo evolutivo David Buss, existen en nuestra psiquis mecanismos que nos han servido a los humanos para abrirnos paso en la Edad de Piedra, pero que en la actualidad nos dejan un pelín fuera de foco con el entorno: son los que posibilitan que nos comparemos con los demás, compitamos con ellos y nos sintamos reconocidos (o no) por los resultados.

Es que en aquellos dorados tiempos precámbricos (?), nuestros antepasados vivían en comunidades pequeñas donde era seguramente más fácil sentirse reconocido por alguna cualidad en la que sobresalieran: era posible destacarse en la caza, la pesca, por ser un buen corredor o tener los mejores atributos sexuales. En algo, seguramente, se podían distinguir, sentirse reconocidos y hasta felices.

En nuestras sociedades urbanas, masivas y casi anónimas, en cambio, la autoestima así concebida tiene muy pocas chances de realizarse: mirar para el costado nunca te hace sentir totalmente pleno, porque siempre habrá una persona que corra mejor, que baile con más gracia, que sea más inteligente, más lindo o que coleccione mejor que uno aparatos de cualquier especie. :-D

Leo y transcribo: “El ser humano se encuentra de alguna manera programado para angustiarse cuando pierde espacio en la jerarquía social, cuando se siente traicionado o solo, cuando hablan mal de él o no se siente reconocido. En otras épocas esa angustia jugaba un rol de alerta para revertir la situación. Hoy, al convivir en sociedades inmensas y con una masiva injerencia en los medios de comunicación, la angustia y la depresión empiezan a ser una luz de advertencia que se prende permanentemente, como las luces testigo del auto cuando hay una falla. [...] Esto de mirar siempre el jardín del vecino no parece muy sano. Efectivamente, hace que mecanismos ancestrales nos jueguen malas pasadas. La envidia también puede entenderse como un mecanismo evolutivo: en la carrera por la supervivencia no sólo es preciso hacer las cosas bien, sino llevarlas a cabo mejor que el prójimo. Como decía Discépolo: ‘Lo importante no es ganar, sino ver al otro perder’. Y esto es tan natural que en alemán hasta existe una palabra para describir el placer que deriva de la desgracia ajena: schadenfreude .Pero en el mundo actual la competencia en pie de igualdad es imposible: hay demasiados ‘competidores’ para usar como vara y siempre habrá varios que nos superen. Así, la envidia que en el pasado podía ser puntual (de individuo a individuo) y ayudarnos a progresar, pasó a ser semipermanente.” (Martín Lousteau, “Economía 3D”)

Así las cosas, creo que los multimillonarios seguirán sufriendo sus costosísimas penas a bordo de la rat race.

15 Responses to “Quejas de bandoneón súper top (costosísimo bandoneón de oro, con incrustaciones en brillantes)”


  • Qué tema eh! A medida que voy pasando por la vida me doy cuenta de éso. Mis espectativas hace una decena nomás de años atrás, difieren de las de ahora. Está bien que se supone que vamos evolucionando y querramos mejorar la calidad de vida pero muchas veces nos confundimos entre lo que queremos y lo que necesitamos. El tema es que SIEMPRE podemos un poco mas. Y, por lo menos en mi caso, no se trata de competir con otro, sino conmigo misma “Ok, llegué hasta acá, bueno, un par de pasos mas puedo avanzar”. Y está bueno siempre y cuando disfrutes la carrera y valores cada logro, cada meta.
    Y a veces algunos golpes de la vida hacen que nos demos cuenta que tenemos muchísimo mas de lo que realmente necesitamos.
    El otro día ví una película donde un hombre le pregunta a una mujer que se estaba por casar: “si estás sola en tu casa y se empieza a incendiar y sólo tenés 60 segundos para rescatar algo, qué sería”? La verdad es que lo primero que pensé fueron los documentos, y después dije, que boluda, éso se puede recuperar (y ahora mucho mas rápido según Randazo ja), no, definitivamente agarraría la mayor cantidad de fotos que pueda, y de paso la filmadora que todavía no bajé nada a la PC!
    PD: En la peli, la mujer prende la alarma de fuego del depto que se acababa de comprar con su prometido. El novio empezó a agarrar la computadora y le decía a ella que agarre las notebooks. Termina que ella lo deja y regresa a buscar al irlandés que le habia hecho la pregunta, solo por si te habías quedado con la intriga, ja Besos!

    • Ajajajaj! Me parece que yo vi esa peli… es la del año bisiesto o algo así, ¿no? Ahí el asunto es que una chica un poco obse va a pedirle casorio a su novio un 29 de febrero en Irlanda, donde la tradición permite ese tipo de enroques con los hombres “en ese día”. ;-) Y, por supuesto, el “guía” de la chica es diez veces más piola que el aparato del novio. Esas cosas pasan, vos viste (me refiero a lo del chico piola que no es el novio de la fémina en cuestión, no lo del paseíto por Irlanda para proponerle casorio a alguno, que es un detalle un pelín más extravagante). :-D

      Yo también quisiera las fotos, ahora que me lo decís. Pero -te confieso, no se lo digas a nadie- Cucurullo, con lo divino que es para muchas cosas, TAMBIEN tendría el impulso de pedirme que agarre las notebooks!!! :-(

      Beso grande, nena!

      • Si! Es esa película. Obvio, el novio un tarado y el irlandés divino.
        Y vos qué te pensás que agarraría Tomas?? La notebook obvio!
        Besos!

        • Jaaaaa! Bueno, darling, menos mal que a nosotras dos no se nos ocurrió viajar por Irlanda en año bisiesto, entonces! ;-)

          Beso grande, che. Te aviso cuando estrenen la última de Meg Ryan, así la vamos a ver juntas. :-D

          • jajaja Si, la verdad. Bueno, no tengo idea la pelicula de la que hablás, pero cuando quieras. Besos!

  • Varias de estas preguntas me las hago cada tanto. La primera es: cuando es momento de descansar y considerar que tengo todo lo que quiero, y la segunda : que necesita uno cuando es rico , la verdad me encantaria poder experimentar la segunda y ser una pobre niña rica que tiene tristeza, ja aja !
    En serio , es muy dificil determinar cuando la carrera termino, yo creoq ue a veces lo dice el cuerpo, a veces la salud, a veces una toma de cnciencia masiva por algun suceso que pegó fuerte , pero indudablemente no es el dinero, es muy loco , creo que todos queremos tener el dinero suficiente, pero nunca es suficiente ….
    Me encanto la palabra en aleman!!! y su significado

    Besos >Verito!!!

    • Sí, yo creo que nunca es suficiente. Ni para el rico, ni para el muy rico, ni para el que para el caso ni se pregunta “cuál es su nivel socieconómico”, porque total, cada vez tiene más necesidades insatisfechas (a pesar de todos sus logros). Supongo que ese límite nunca es visible sin un gran trabajo interior de autoconocimiento, no? ;-)

      Beso grande, Vesper!

  • Ah, bueno, Lousteau además piensa! Con razón se lo disputan varias! El tema del que tiene y quiere más, recuerdo que yo era chica y una señora vino a contarle a mi mamá que la prima se había hecho colocar grifería de oro en los baños de su recién estrenada casa. Eso me perturbó por mucho tiempo, no podía entender cómo se podía hacer una cosa así.

    • Aymidió, eso de la grifería de oro es el collllmo, ¿no? Porque es simplemente para que los otros vean semejante despilfarro, sinó no se explica… no hay una razón estética válida para tomar una decisión así. :-(

      De todos modos hay mucha gente que vive mostrándose en una situación acomodada, que muchas veces no sabemos si es tal: viste esa gente que no tiene un peso pero igual veranea en Punta del Este, no? Gente”s” que no existen, pero que las hay, las hay… ;-)

      Beso grande, María Cristina!

      PD: Lousteau es un candidato MUY disputado por las féminas. Lástima que no se me emprolija esos pelos, pordiósss.

  • Muy de acuerdo con el post y las respuestas a los comentarios anteriores! Tal vez, en el plano interior una de las cosas más importantes sea como manejamos el tema de nuestra insatisfacciòn. Es inevitable sentirla, pero, ¿qué hacemos con ella?
    Beso grande; Vero!

    • Es inevitable sentirla, tal cual, y entonces… ¿qué hacemos? ;-)

      ¡Qué hacemos, pero quééééé???!!!! Yo también me lo pregunto muchas veces, por eso no me quedó más remedio que repasar el asunto con ustedes en este blog. :-D

      Me pregunto si una punta del ovillo no será empezar a buscar experiencias que tengan que ver con nosotros, más que perpetuarnos en el mundo de las “cosas”. Yo soy, como todos ustedes, una incansable buscadora. Y en esa búsqueda me di cuenta que antes o después (mejor antes, si puede ser), conviene explorar el mundo en busca de algo más que una promo en Frávega o en Christian Lacroix, tratando de encontrar experiencias -personales y comunitarias- más profundas, que valgan la pena. Y entonces dedicarnos a todo aquello que puede proporcionarnos el tiempo (su buen uso, su uso consciente) y que tiene más chances de hacernos felices. Por lo menos, la satisfacción de ciertos momentos compartidos perdura más que el de la mera compra de tal o cual cosa elegida así, un poco caprichosamente. Lo sé con conocimiento de causa, Doc. :-D

      Beso grande.

  • Es cierto, más tengo… más quiero. Muchas veces el placer no está tanto en tener algo, sino en lo que eso significa frente a la mirada de los demás … como si el éxito se midiera en función de la valoración de los otros: Si los demás no lo reconocen, mi éxito sigue teniendo el mismo valor? Parte de la vida es deseo y otra parte insatisfacción…cuando será el momento de disfrutar lo que se logró y ser felices con lo que tenemos? Se podra?

    beso

    • Ay, qué cosa, parece que nadie la tiene tan atada con eso de ser feliz con lo que se tiene y shá. ¡El límite entre la ambición y el disfrute es tan personal! Yo conozco personas que “están de vuelta” y son de lo más sencillas que hay, porque ya se pudieron dar el lujo de complicarse y descomplicarse a su debido tiempo. ;-) Y hay otros que todavía no han madurado… aunque en cualquier momento comienzan a oler a podrido, mirá. :-D

      Beso grande, Ana.

  • Este posteo quedó un par de días rondando mi azotea.
    Quizá por lo insólito y genial de esta potente melange: Davicito Buss (1 y 2). Tincho Lousteau y los teutones con su schadenfreude.
    Arranquemos por la palabreja. Arturito Schopenhauer afirmaba
    - Neid zu fühlen ist menschlich, Schadenfreude zu genießen teuflisch (sentir envidia es humano, gozar de la schadenfreude es diabólico).
    Me parece que gran parte del bolonki que padecemos tiene que ver con el anonimato que bien describe usté con este posteo que suena con un (costoso/precioso) fuelle de dofon. Uno se siente bien al ir a comprar al almacén del rrioba, en vez de ir al multi-mega-supermercado, o le encanta establecer relaciones humanas en una escala idem, en vez de la fría e irredenta cuestión global.
    Cómo resistirse a la idea de no mirar el entorno y resignificar el término progreso: mira, cambió el auto, entonces le irá bien.
    Y dudo (cada vez mas) que así sea.
    Creo en las personas que cada vez disfrutan mas, con menos.
    Una nueva adhesión a la máxima del constructor Ludwig Mies van der Rohe “less is more”.
    De allí la pregunta que me carcome: con el paso del tiempo, evolucionamos, o simplemente nos incomunicamos por creernos el centro del mundo?
    Mejor que nos iluminen West y Antonio Carlos ..

    • Como ya es tradición, te respondo con tu link de música de fondo (me encanta eso). Esta versión de Insensatez es insuperable, Quique! L I N D Í S I M A !!!! Mil gracias por traerla acá.

      Yo te confieso una cosa con respecto a las compras de almacén vs. HiperMegaMercado: yo sé que Pancho, mi almacenero amigo de acá enfrente, me cobra un poco más caro el Casancrem y el pan lactal que el MegaSuperMercado con sus ofertas medio inteligibles, pero también es cierto que en el MegaSuper compro un montón de MegaSuper boludeces totalmente prescindibles (perdón por la palabra “prescindibles”, pero te aseguro que no hay otra más certera). :-D

      Entonces resulta que cuando voy a lo de Pancho compro sólo lo que necesito, y en el importe total… gasto menos que si fuera al Super. Actitudinalmente menos. Y ya que estoy, cuando cruzo hasta lo de Pancho me camino una cuadrita más y paso por la verdulería, y entonces traigo bananas y manzanas a casa, que se comen en reemplazo de los cinco paquetes de galletitas que NO compré, porque claro, fui a lo de Pancho a buscar dos cositas, no al Super donde se compran -en demasía- toooodas esas cosas cuasialimenticias.

      Así que yo creo que hay que volver a los almacenes. Y a las carnicerías y verdulerías. Y al bizcochuelo fatto in casa, con cafecito humeante y amigos, que nos podemos reunir en el tiempo que ahorramos no yendo a esas extenuantes excursiones hipershoppinescas. :-)

      Creo que involucionamos si no ponemos cabeza, tiene usted razón. En alemán, en castellano o swahili, en cualquier idioma, Quique… tiene usted razón.

      Beso grande.

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