Adoro la comida picante. Bien picante. Me parece exquisito ese sabor que brota a quemarropa por las fosas nasales. Y como me gusta cocinar, siempre tengo en mi despensa algunos chiles jalapeños, clavo de olor, pimentón, pimientas variadas y un puñado de ajíes picantes que son como bombas ardientes, rojas y microscópicas (también apodados “misiles gastrointestinales”, ya sé).
A Cucurullo le gusta la comida picante también, pero no llega a los niveles de “picor” que me enloquecen a mí: lo suyo es más bien moderado tirando a moderadísimo, mientras que yo soy la reencarnación sin escalas de un mariachi criado en Teotihuacán a pura “torta de chiles en vinagre”.
Tampoco ayuda el hecho de que a Cucurullo el picante lo pone -la expresión es suya, y literal- en “estado de mierditación”. No, no me equivoqué al tipear: un plato de mi guiso en salsa picante “al uso nostro” lo hace salir disparado al baño para quedarse ahí sentado en el trono, “pensando”, un rato largo.
Así que tengo que moderarme un poco, porque a los dos el asunto del picor no nos gusta de la misma manera. De todos modos a veces se me va un poquitín la mano, porque el inconsciente es poderoso y repite espasmódicamente & sin querer, una y otra vez, el gesto de echar puñados de pimientos en la cazuela, y entonces (acá va un secreto culinario archisabido por todas las abuelas) hay que equilibrar el posible desastre con algún otro ingrediente dulce (no, mis queridos, NO rebajen el picante con agua, o con crema o caldo, porque no van a lograr nada: equilibren el sabor con otra cosa dulce como azúcar, miel, una fruta picada, lo que fuere).
El tradicional mole mexicano (que hemos preparado con singular éxito acá en casa) lleva unos cuantos ajíes peligrosos, y también bananas, chocolate y almendras dulces (todo bien triturado) para que el escozor del picante no salga disparado al primer bocado hacia el paladar de los comensales. El mérito del cocinero está en que la experiencia les deje un leve ardor dulzón, nomás… porque todos los elementos que se introdujeron en la olla se fueron equilibrando y amalgamando durante horas hasta transformarse en algo distinto, armónico y sutil. Con Cucurullo aprendimos a compartir y a saborear juntos este plato.
Y es que con Cucurullo hay mucho que tenemos en común y que surge espontáneamente, sin esfuerzo: la música que nos gusta, los autores que leemos, esos viajes a no sé dónde, algunos sueños, el placer de estar despiertos hasta tarde, la modorra imposible de la mañana hasta la llegada del primer café y el primer beso, el humor y el amor.
Y algunas orillas hay que acercarlas, tendiendo la mano y el cuerpo para llegar hasta donde están las puntas de los dedos del otro: el gusto (excesivo o moderadísimo) por el picante podría ser una de ellas. Así que ya saben: aportar a la causa algo dulce a veces ayuda, para compensar.



Si es algo dulce, alla voy!
Prepará el mole con mucho mexican style que la marquisse de chocolate la llevo yo.
Eso si, con Capucchino con mucha espuma.
Muero por lo dulllllllllllcccceeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!
Marce, vos sabés que yo ahora, a los CasiCuarenta, también me he vuelto dulcera? Antes moría por los quesos y las pastas, pero por lo menos pasaba del postre sin que se me moviera un pelo. Ahora, en cambio, no le hago asco a ninguna página del menú… Mondo cane! Es el piorr de los mundos! (por las calorías, digo).
Besos gigantes, Marce!
Si de picantes hablamos Vero,yo no voy mas allá de los ajíes morrones, bien comunes, rojo verde y algun amarillo dulzón, lo mas extremo de “picantez” en mi vida.
y para mi es como una tapa a los demás gustos que acompañan, no te parece?.
Si, ya sé, soy asquerosamente moderada.
Es que Vero…lo muy picante que te quema la lengua….no tiene nada de equilibrado,
En casa pasa lo mismo,según el paladar de Stef la salsa tabasco combina hasta con las frutillas con crema y uno de los placeres de su vida es zarandear esa mini botellita y hecharle, hecharle y hecharle hasta que MI salsa se volvió un volcán en erupción…..
(muy en mi fondo admito Vero que me encanta verme tan diferente a mi marido en estas banalidades de la vida!)
Cariños
Yo era FANÁTICA de la salsa Tabasco, pero la tengo un poco prohibida acá en casa porque dicen las malas lenguas que me entusiasmo mucho, hago “ándale y ándale y ándale” con el frasco (viste que parece que no saliera nada, pero resulta que sale UN MONTON de salsa toda junta), y después Cucurullo se anda quejando por los rincones… Finalmente, él me hizo entender que eso de comer con la boca abierta para que salgan los vapores, ya es un poco mucho… Así que modero la cantidad de picante, quéseleva’ser. Sobre todo, cuando lo echo arriba de las frutillas con crema.
Besos gigantes. Cuidate mucho.
Me parece que Vera y Cucurullo han logrado el punto justo de encuentro, que bueno!!! disfrutenlónnnnnnnn. En los tiempos que corren saber eso hace bien!.
Pregunto, para mi puede ser el mole sin banana??? como yo soy especial en hacer recetas sin el ingrediente que no me gusta, si le saco la banana y le agrego pera, por ejemplo, sería igual???
Me parece que me voy a comer con Marcelo, también muero por lo dulce!
un beso
Ana, yo te apuesto un café a que si probás la receta original, con todos los ingredientes, NI TE DAS CUENTA de que tiene bananas y barritas de chocolate enteras… jaaa!
Yo nunca cuento lo que lleva el mole hasta que el último comensal terminó de comerse su porción, por las dudas: yo sé que la lista de ingredientes es sospechosa dicha así, de sopetón… pero bué, vos viste, en el blog estamos entre amigos y nos contamos estos secretitos…
Marcelo y vos tienen los mismos gustos gastronómicos, es verdad!
Besos gigantes.
Yo no la voy con lo muuuuy picante… Un toque, sí, pero no demasiado porque me siento un lanzallamas y me pongo roja como un tomate… Además, viste que yo soy de la onda del sámbuche de salame y queso…
Acá cada uno tiene su menú “de batalla”, no? A mí dame unos quesos (si encima son picantes, me vuelvo buena buenísima de sopetón: siempre me pasa cuando saboreo algo que me encanta), unos buenos chocolatitos y ya estoy hecha…
Besos gigantes, Mile!
lo picante y yo… no funcionamos
lo mio es comida chatarra nomás
mejor me tomo un capuccino con caffe
Daaaaaaaaaaaaaaaale. Aguante el Capuchino, pero mira que soy muuuuy obse. Tiene que venir con una buena espuma, sino… no te lo tomo igual, pero desapasionadamente, vio?
Vir, lo bueno de la comida chatarra es que no hay que dar muchas vueltas para prepararla.
Che, todos se van con Caffe! Me dejan sola en este blog! Midió… voy a tener que cambiar el menú URGENTE.
Besos gigantes.
A mi me en -can-ta la comida mexican!!! aca en casa hacemos los burritos, tacos y los supernachos con guacamole, es una fiesta!
Me re anoto con el mole con banana o lucky y con el picante…
También me como la maquise de Marcelo y me tomo el capuccino ( de avellana por favorrr)
Un secretito: Lancelote y yo somos Avestruces…… nos gusta todo!!!
Besosssssss
Ahhhh! Uno de los secretos peor guardados de las parejas que vive en armonía: que a los dos les gusten más o menos las mismas cosas, ya sean los picantes, los dulces, la comida mexicana o el capuccino.
Y RECORDAR que se tiene todo eso en común con el otro. Y REVIVIR esas buenas experiencias todo lo más que se pueda, también.
Besos gigantes.
LLegué medio tarde hoy…. A mi me encantan los picantes, los dulces me gustan pero no desespero… prefiero salado. Ahora un capuccino no lo desprecio jamás!!!!
Y un capuccino con sal? Nunca te pasó? A mí me pasó en uno de esos almuerzos paquetísimos con gente del laburo: había unos platitos muy mononos con azúcar y edulcorante, y otro -del otro lado de la mesa- con sobrecitos de sal y pimienta y no sé qué.
Bueeno, tomé el sobrecito equivocado. Y como era MUY joven y tonta, de puro orgullosa nomás me tomé el café entero así como estaba: BIEN SALADO!
Hace como quince años de esta anécdota y todavía me acuerdo de ese sabor tan desagradable, como de café filtrado con agua de mar, ponele… espantoso!
Besos gigantes.
La verdad que capuccino con sal no se me ocurrió, pero como confío en vos no lo voy a probar! jajajaj Bsote Vero!
Yo no soporto los picantes. Ni siquiera me gusta la comida muy salada o con pimienta. Todo en la medida justa.
Eso sí, los dulces pueden conmigo más que cualquier otra cosa. Te lo puedo asegurar.
Besitos y buen finde.
Hola, Fabiana! “Todo en su medida justa… siempre y cuando no sea algo duce: ahí derrapamos y le damos con todo!”. Bueno, pero es que… ¿quién no tiene su costado un poquittto débil?
Si nos fuese posible renunciar sin sacrificios a los pecados del “nomenclador”, no seríamos humanos, no?
Besos gigantes.
Por los comentarios parece casi una encuesta sobre los picantes. En ese sentido voto por los picantes fuertes. Como un principio más general voto por los sabores fuertes en casi todo, el café, el mate, el vino, el whisky. También creo que hay que aprender a disfrutar el sabor de cada cosa, por eso uso menos sal, menos o nada de azúcar, menos queso rallado. Sin embargo ya aquí aparece una contradicción, ya que debo admitir que el picante fuerte tapa los otros gustos. Tendré entonces que aprender a disminuirlo para disfrutar de esos gustos. Es que todo no se puede…ni siquiera en estos asuntos…
Jaaa! Terminó siendo una charla entre amigos sobre picantes, dulces y otros sabores… Mi idea original era hablar sobre los acercamientos que hacemos a veces entre dos personas para compartir algunas cosas más (como la mesa, por ejemplo), sobre todo cuando tenemos distintos gustos, no? Para llegar a un término medio hace falta la renuncia a algunos extremos, así se trate de uno tan elemental como saborear en casa un plato con picantes fuertes.
Pero bueno, cuando los ejemplos son culinarios, me dejo llevar y, tal como sucede en la cocina de MI propia casa, terminamos hablando más de la comida en sí que de las metáforas en cuestión. Pasa en cada mesa argentina, supongo: aún comiendo, hablamos de otras comidas, no?
Besos gigantes.
PIcante nooooooooooooooooooooo!!!
Ok, esa es TODA una declaración de principios! Mi hija de 5 años se manifiesta en el mismo tono con repecto a las verduras crudas, condimentos en general, frutas que le suenan a tropicales (mango, maracuyá, etc.) y repollo / coliflor.
Con esa firmeza que manifestás vos, tal cual… y ya sé que cuesta MUCHÍSIMO cambiar esa mentalidát. Con mi hija & su escasa preferencia por las verduras debo hacerlo, lamentablemente, pero a vos y tu relación conflictiva con los picantes pienso respetarlas… sé que hay un límite infranqueable ahí.
Besos gigantes.
Verito:
Puedo comer cualquier cosa, nada me hace mal y muero por los picantesssss, las salsas por ejemplo, de lo contrario para mi paladar carece de sabor.
Pero en tu caso, todo es más sabroso porque utlizás el mejor de los condimentos, lo hacés con mucho amor!
besos
Gracias, Milady! Trato de hacerlo, le pongo voluntad a la cocina… también es cierto que la cena, durante la semana, es nuestro momento de encuentro en familia. De hecho, suelo hacer dos platos cuando preparo algo que Mile no puede o no va a comer (picantes, por ejemplo). Pero sí, le pongo ganas. Además, yo no sé si conquisté a Cucurullo entrando por su estómago (creo que no, HUBO una época en la que yo no sabía cocinar) pero sí intuyo que hoy puede ser un motivo para que él siga volviendo a casa todas las noches… jaaaa!
Besos gigantes.