¿Qué entendemos por lealtad? ¿Nuestro sentido de la lealtad trasciende la muerte, la pena, el sufrimiento, las dudas sobre “lo que pudo haber sido”?
¿Qué es la fidelidad? ¿Es una manifestación de amor, es una manera de honrar los compromisos asumidos más allá de las circunstancias…?
Va una historia verdadera:
Hachiko es un perro de raza Akita nacido en Japón. Su dueño, un profesor universitario que residía muy cerca de la estación de Shibuya, lo tuvo viviendo consigo desde que era muy cachorrito. Hachiko se había acostumbrado tanto a la vida con su amo que de alguna manera aprendió a detectar en qué horario aproximado volvía el hombre de trabajar, así que todas las tardes se iba solo desde la casa hasta la estación de tren y lo esperaba frente a la multitud que se cruzaba en la recepción entrando y saliendo. Estaba atento, porque sabía perfectamente que antes o después, él aparecería entre los otros pasajeros que dejaba el andén y se irían andando juntos a su casa.
Un día el profesor sufre un paro cardíaco en su trabajo, y muere allí mismo. Evidentemente, ya no regresará nunca más a la estación ni a la vida de Hachiko.
Y Hachiko lo sigue esperando, fiel y constante, apostado en la plazoleta que está al frente de la salida de la estación, su lugar habitual. Es un buen vigía, así que tiene la mirada atenta cuando la gente se arremolina en la salida del andén: sabe que en algún momento su amo aparecerá en medio de todos esos otros pasajeros.
Pero el hombre no aparece. Ni ese día, ni el siguiente, ni el otro que viene después. La familia de su antiguo dueño se lleva al perro de vuelta a la casa en varias ocasiones, pero él se escapa y vuelve a la estación. Y así pasan los años.
Diez años.
Hachiko ya es viejo, y toda la gente que transita por ahí sabe de su historia y de su fidelidad. Los lugareños conocían al profesor y están al tanto de su repentina muerte, pero no pueden convencer al perro para que deje de esperarlo, o bien que abandone su puesto. Así que lo cuidan, lo miman, y hasta recolectan dinero para rendirle un homenaje a esa historia de amor viviente: entre todos contratan a un escultor que confecciona una estatua como testimonio de su presencia en la plazoleta.
Y Hachiko sigue esperando al frente de la estación, porque no importa que su dueño no venga hoy: mañana sí aparecerá.
Y así muere Hachiko, mirando el andén. Porque ni un solo día en esos diez años se olvidó de esperar la vuelta de la persona amada al caer el sol.
Sé lo que me van a decir: Hachiko no entendía lo que era la muerte, el paso del tiempo ni las situaciones irrevocables. Y es cierto. Pero me encantaría que hubiese muchos seres humanos que tuviésemos su sentido de la lealtad, una verdadera fidelidad hacia los afectos, esa disposición hacia el otro que fuese más allá del frío “en función de lo que me diste, yo te doy”. Hachiko nunca hizo ese cálculo, no? Por supuesto, no sabía hacerlo tampoco. Pero lo concreto es que él vivió dos años con el profesor… y lo esperó durante otros diez.
Algunos no saben unas cosas, y otros no saben otras. Y yo no sé con qué quedarme. Soy más clara: hay mucha gente que te empapela la pared con sus diplomas pero que lo miden todo, así que con ellas las relaciones son “hasta ahí”, más superficiales que un corcho que flota. Y no importa todo lo que ostenten: nunca ofrendarán “eso que son” a los demás.
Y sin embargo, andan también por este mundo los “Hachikos”: seres sencillos, nobles y con una capacidad de entrega que provoca asombro. O admiración.
Habrá que saber elegir, aunque nos sobren algunos dedos de la mano en todo este asunto. O nos falten patas.



Llámame Hachiko…
Genial, Santiago! No conozco un cumplido mejor.
Besos gigantes.
Hermosas palabras, en el momento justo.
Mi amigo, en el día del amigo, me cuenta que se está separando. Y yo estoy muy enojado, con ella que también era amiga. Hace quince años que somos amigos.
Pero, un buen día, se cansó de la familia, se cansó de ser leal, y mandó todo al carajo.
“Y sin embargo… andan también por este mundo los “Hachikos”: seres sencillos, nobles y con capacidad de entrega que provoca asombro”.
Esa es la clave: la nobleza y la sencillez van de la mano.
Yo me pregunto si tener esta noción finísima del tiempo, si medirlo tanto, si saber perfectamente lo que son quince años o dos o un día, no nos juega en contra a las personas de a pie. Me refiero a que la nobleza y la lealtad deberían ser naipes que se juegan “en este día”, sin plantearnos futuros que pueden sonar inconcebiblemente largos, imposibles, insalvables.
Es “sólo por hoy”, no? Un “sólo por hoy” que nos aligera la carga: ya no estamos abrumados por el tiempo, sino enfocados en la calidad de la relación que estamos construyendo, ya sea con la pareja, los amigos o la familia.
¿Se podrá? ¿O es una utopía, che? Tal vez estoy soñando en colores, nomás…
Besos, Agustín.
Uy Vero…. qué temita!!!! Obviamente es mejor andar en la vida lleno de “Hachikos” alrededor, también te diría que de cierta forma, además de mejor facilitaría nuestra vida bastante, no?
Mientras leía tu post me acordé de un libro que leí hace un buen tiempo, tal vez me falle un poquito la memoria, creo que el título era “She”. En este libro hablaba de suegras y nueras (otro temita) pero lo que me quedó grabado, y a esta altura no se si seré fiel al libro o si mi cabeza sacó sus própias conclusiones,es que las suegras “menos amigables” digamos, son las que en realidad te hacen crecer. Bueno, pena que no tengo el libro a mano, para ser más precisa…
Pero a partir de ahi, quedé con esa idea dando vueltas, suena medio masoquista talvez, pero lo cierto es que a partir de esas experiencias uno aprende y no se olvida. Tomando la lealtad, descubrir que en el otro no existe es una situación dolorosa diría yo, jodida, difícil de digerir….puede ser. Me parece que lo mejor es focalizarnos en los Hachikos, como cuando vemos la mitad del vaso lleno. Los otros, los “no Hachikos” siempre van a estar, son inherentes a la vida, pero no dejemos que nos amarguen el día… que la experiencia nos sirva pero sigamos adelante, no?
Beso grande!
Gabi, yo recuerdo a una psicóloga que siempre me decía: “aquellos que nos hacen la vida imposible, son nuestros grandes maestros”.
Y creo que tenés razón: el que existan seres humanos “tirando a” (?) calculadores o egoístas, hace que podamos valorar a los Hachikos como corresponde, no?
Besos.
temón!!!
no tengo respuestas para tus dos primeras preguntas
lo que sí tengo claro es que tenés razón en algo… nos sobran dedos y nos faltan patas…
PD:
la película la vi y me lloré todo ante los ojos espantados de mis hijastros y mi marido que se aburrieron como locos y no entendían el por que de mi llanto.
Yo la vi hace poco y, si bien conocía “de lejos” la historia, me impactó muchísimo. También lloré como una marrana, más que nada porque sabía que era una historia real.
Es que es increíble (y muy misteriosa) la entrega de los Hachikos, no?
Besos gigantes.
Por estos días me pasa que me enojo con algunas cosas mías que en general me parecen buenas (es por un caso puntual, pero está muy relacionado con lo que decís). Una de ellas es esta: la lealtad. Me cuesta no pensar en “los no Hachikos” , como dice Gabi (o “el no Hachiko”, que en realidad, “se achica” a la primera de cambio). Me da bronca cuando no me responden de la misma manera. Para ponerlo en otras palabras: en realidad, lo que creo que está mal (de mí) es “esperar”. El otro no tiene por qué ser como es uno, no tiene por qué tener los mismos valores ni expectativas ni nada. Si yo soy leal, el otro tiene otra virtud que yo no tengo, y esperará a su vez, o no, que yo responda de acuerdo con sus valores. Y esperará al pedo… o no.
¡Pero no debería enojarme por ser una mina leal, caracho!
Bah, no sé…
Besos confundidos.
Mile: no debes enojarte por tener virtudes! de hecho son las cosas buenas de cada uno, lo malo es esperar que nos paguen con la misma moneda, yo lo veo asi ( hoy te lo digo y mañana cuando me toca a mi me re- caliento y enojo igual que vos) pero cuando lo pienso …soy racional, es asi: uno elije utilizar sus virtudes y regalarlas para favorecer a los otros o ayudarlos o hacerlos sentir bien, sólo con esto debería bastarnos, por que? porque fue nuestra elección y podemos elegir si queremos no ayudar, no ser fiel etc, tambien podemos elegir dar lo mejor de nosotros, dosificarlos y si se nos canta quitarlo, sólo depende de uno, por eso si me lo devuelven o no depende del otro…..
Besoss
Es que después de darle vueltas y más vueltas al asunto, termino enojándome con eso, justamente: con esperar del otro. Pero sí, antes paso por el nunca bien ponderado “soy más boluda que la gaviota”. (y además, ver la respuesta a Vero)
Besos
Es BUENISIMO eso que decís, porque es tal cual lo que me pasa a mí (puedo hacer un copy & paste de tu comentario y ponerle MI nombre? mandarme un plagio, bah).
Y es que en el fondo se da una paradoja: cuando quiero pegarle una patada en el tujes al amigo no Hachiko porque él es medio egoísta, ponele… no estoy siendo yo como él? No es que me estoy fijando en lo que NO me da, para recriminárselo, o alejarme, o andar calculando qué va y qué viene?
Ayer fue el día del amigo, y la historia de Hachiko sirvió de estímulo para pensar en esas relaciones que tengo por ahí. Algunos amigos no son como quiero que sean en este sentido… y qué? Tengo derecho a exigirles algo? Pareciera que no.
Pero también es cierto que, justamente por eso, cuando me encuentro con mis Hachikos los valoro con una lucidez nueva.
Besos gigantes.
Podés, podés plagiar. Al fin y al cabo, siempre pensé que si tengo una idea y me la plagian, tan mala no habrá sido…
El tema es: ¿será que a veces busco quejarme? En una relación en la que hay mucha entrega, si sabés que el otro NO ES así o asá, ¿de qué sirve “esperar”? ¿Esperar es esperar que el otro cambie? ¿que nos valoren de otra manera para después sentirnos frustradas y volver a dar y volver a sentir…? No lo sé… Esperar a ganarse el cielo, tal vez.
Besos.
Es verdad… ¿será que buscamos quejarnos? ¿sentirnos mejores que los demás?
Yo ya sé que el cielo no me lo gano, Milenius… voy a tener que bajar un poco las pretensiones, mire. En fin, yo quiero, pero mis demonios no me dejan…
Besos gigantes.
Que tema!!! La historia es impresionante, muy real en relaciones entre personas y sus mascotas, se conocen muchos casos parecidos, y tanta lealtad y fidelidad conmueve.
No sé si pasa con las personas, capaz las relaciones siempre terminan siendo puestas en una balanza que mide esa cosa de ida y vuelta, y en general los buenos samaritanos un dia se cansan de dar mucho y recibir nada. Capaz en relaciones que no son de pareja se tolera mucho, como en las relaciones de padres/hijos, o hermanos, o amigos.
Pero en la pareja, el ser buen samaritano no tiene buena prensa y tiene fecha de vencimiento, y no será que también termina habiendo una relación de abuso y sometimiento en nombre del amor? Yo me abuso del otro porque sé que me ama, y yo me dejo abusar porque lo amo. Que amor resiste esto y cuanto tiempo se soporta?
La diferencia debe ser que las personas somos racionales,(en teoría al menos) y los animales no, no vienen con una regla incorporada.
Es todo un tema. En general se habla mucho pero llegado el momento, la lealtad y la fidelidad terminan siendo solo palabras, vacías de contenido
Que pena!
un beso
Ana, yo creo que en las relaciones de pareja el asunto puede volverse más complejo, es cierto. Pero también me pregunto: con el paso del tiempo, muuucho tieeeempo, los cónyuges no se vuelven como amigos? Cuando la pareja ya pasa la edad de la pasión, de la multiplicación de los panes y los peces, de los hijos y la cuota escolar, cuando ya se peinan puras canas… ¿no se simplifican un poco las cosas? ¿No se vuelve, casi, una relación de amistad, una especie de “presente continuo”? A veces me pregunto si no concebimos la pareja como un asunto de noviazgo permanente o en situación de “just married”… como pasa con las revistas femeninas, que son consumidas por mujeres de cuarenta o cincuenta años que se identifican con modelos que aparentan tener no más de treinta en su portada.
Me viene a la mente Siddharta (ya no me acuerdo si se escribe así), el librito de Herman Hesse: el personaje nace siendo un príncipe con todas las pompas y circunstancias, y termina convertido un simple pescador que se ríe de todo en una humilde barcaza en mitad del mar.
Somos seres extraordinariamente complejos… no deberíamos volvernos más simples, más amigos, más leales con el paso del tiempo? Hacer el camino en reversa, ponele.
Besos gigantes.
Vero:que historia mas triste! es muy emotiva , pero es triste…
Es como dice Gaby si en nuestro camino hubiera mas Hachikos todo sería mas fácil, lo que pasa es que el animal no tiene esa mala picardía que tenemos los hombres y mujeres, esa cosa de medir y ver cuanto damos en relación a cuanto recibimos, esos reparos para no quedar mal parados ante una situación de amor ya sea romántico o amistoso,ese cuidado para que no se piense que somos unos boludos complacientes, creo que sólo se trata de miedo, siendo niños quien no experimentó un momento en que dando todo nos dejaron mirando???, creo que es eso lo que nos va endureciendo o poniendo mas alerta.
Nuestra mascota nos ama sin reparos y por eso recibimos esa
sensación de fidelidad infinita, tristemente uno tiene que tener un radar para saber con quien puede darse a manos llenas y con quien no…..
Sí, es eso, no? Es como dice Ana más arriba, también: somos seres racionales y por lo tanto, más complejos que el adorable perrito de la historia. De todos modos, a veces me pregunto si no estaremos calculando y midiendo demasiado, si no estaremos como muy “alertas” a no ser serviles con gente que no nos merezca… lo digo como autocrítica, eh?
¿No pondremos mucho más empeño en reclamar lo que se nos debe que en dar generosamente al otro?
¿No estaremos más preocupados en evitar caer en el papel del tonto de la película, que en vivir una película de calidad?
No sé, no tengo buenas respuestas en esto, sin un millón de preguntas nuevas.
Besos, Vesper…
Yo tambien me hago esas preguntas, y tambien siento que muchas veces estoy con la balancita pesando ….pero es que quedarse pagando es feo feo o sentir que mientras vos dabas el otro sólo agarraba tambíén es feo…. y bue! uno tiene su coranzoncito y trata de preservarse….
Otras veces me pasa como le decía a Mile , si me quedé mirando me consuelo diciendo yo dí lo que me parecía si el otro no da que la vida se encargue de él, ahora corto el suministro y a otra cosa…….
Es tan dificil la vida…..
Uyyyyy….Sabía la historia, mi huja lloró las dos horas que duró la película…
Yo me siento muchas veces como este perrito, y comparto a full el intercambio que se dio con Milenius.
Es que creo que los seres humanos no somos tan desprendidos como estos seres caninos que jamás esperarán recompensa, en el fondo nos da tristeza no recibir aunque lo que hagamos no lo hagamos con ese objetivo.
Hace tiempo ya que decidí no festejar el día del amigo…porque llegué a la conclusión que la Amistad tal como ya la entiendo y la practico en realidad no existe (Salvo para Hachiko), entonces opté por dar lo que sienta y recibir lo que el otro pueda darme….Si me siento feliz???No. en realidad no, pero al menos no tan infeliz como antes…
Bueno, Gla, pareciera que todo el asunto es como querer jugar al ajedrez, pero sabiendo que uno tiene en su equipo (y jugando) la mitad de las piezas blancas y la mitad de las negras, y el oponente otro tanto. Porque a veces es confuso saber qué hay en juego en las relaciones: no es tan fácil amar sin esperar nada a cambio (se supone que es la única forma de querer, no? los sentimientos no se razonan, se sienten).
La aceptación a veces es resignación, mondo cane…
Somos bichos complicados. Nos faltan dos patas!
Besos.
En realidad es una historia de amor. Hachiko era fiel por reconocimiento, y por amor al ser que le daba la vida todos los días.
Copio algo de lo respondido por Vero para no plagiar…:
“No pondremos mucho más empeño en reclamar lo que se nos debe que en dar generosamente al otro?
¿No estaremos más preocupados en evitar caer en el papel del tonto de la película, que en vivir una película de calidad?”
La lealtad es cuestión de valores. Uno es leal, o no está con el otro y la lealtad es también tener los ovarios para ser honesto consigo y el otro.
Un cuento dice, que un príncipe anunció que se casaría, y que recibiría a las mujeres que quisieran casarse con él.
Muchas fueron; también una mujer jover muy, muy pobre, que le dijo:
- Mi señor: Estaré cuarenta días con sus noches, sentada en esta columna, sin comer ni bajar, para demostrarte mi amor y mi lealtad a ti.
Efectivamente, pasaron días y noches , y la mujer, sentada, no hablaba, no comía. La gente se maravillaba.El príncipe, miraba asombrado y la saludaba, haciendo gestos de aliento. Estaba sorprendido.
Faltaba una hora para que se cumpliera el plazo. La mujer suspiró largo y profundo; y se bajó de la columna.
Su padre, sorprendido, se preguntó:
- Hija, te hubieras casado con el príncipe..
- Padre: Yo le demostré lo que era capaz de hacer por él. El no fue capaz de hacer nada para aliviar el sufrimiento de las noches de lluvia, el frío y el viento. Si no ha sido capaz de detener mi estadía allí, de ahorrarme una hora de ese padecer, no me merece.
¿No les encanta? Yo pienso así!
Jaaaa! Este cuento es GENIAL!! Yo no lo conocía… En este post estamos todos decididos al plagio, copy & paste o lo que fuere, así que ya te voy avisando que este cuentito de acá aparecerá en alguna entrada de este blog antes o después.
Sí, yo también creo que la lealtad es una cuestión de valores. Y de aceptación del otro como venga (ay, midió, porqué es taaan difícil que el chancho vuele…)
Besos gigantes, Muñe!
Que hermosa la historia de hoy veronica. Si los seres humanos tuviesemos la entrega y lealtad que tiene un perro que lindo seria, el problema es que nosotros pensamos y ahi todo se va al carajo porque aparece nuestro egoismo como personas y siempre ponemos nuestras cosas a los demas.
Te cuento una historia pequeña. Cuando estaba casado tenia dos perros y el cachorrito que tenia dos años cuando llegaba a mi me saltaba y se subia a upa de mi y me lamia todo, y el estaba refeliz porque yo lo tenia ahi, mi ex mujer me repochaba que yo le daba mas bola al perro cuando llegaba, y yo en forma de chiste le decia viste con la alegria que me recibe el batuque, vos ni te acercas a eso ja ja ja.
Uno muchas veces esta rodeado de muchos amigos, pero sinceramente los hachikos en mi caso me sobran dos dedos de una mano, pero para que mas si con eso alcanza y sobra. Eso es lealtad y amistad
Me dejaste pensando: es cierto que la entrega de los amigos Hachiko es increíble. Entonces, ¿podríamos soportar que fueran MUCHOS y que nos quisieran TANTO TODO el tiempo? Suena a paraíso.
Como dice Dalmiro Saenz cuando critica su propia infancia, llena de amor y felicidad: “Me faltó la cuota de odio”.
Besos gigantes.
Sniffffffffffffffff!!!! Un pañuelo por aquí!


Lealtad…fidelidad, HOY …las siento muy lejanas.
Che, me gustó y comparto el cuento de Muñe.
Se necesitan más HACHIKOS Verito!!!
Besos para vos
Milady, se necesitan Hachikos con urgencia, de cualquier grupo y factor… claro que sí.
Compartiendo la mayor cantidad de tiempo y espacio con ellos, la vida es otra cosa, no?
Besos gigantes.
PD: el cuento de La Muñe es genial.
Que temazo Dra. Molina!
Realmente creo que hay de todo en la viña del Señor. Lo que me sorprende es que haya tanta gente “esperando del otro” y a pesar de haber tenido todos vivencias fuertes que nos han marcado y nos hace ver que es completamente nocivo seguir esperando de todo el mundo…
Esperar que todo el mundo tenga nuestra misma mirada y devuelva exactamente lo que queremos.
Cuando reflexionamos nos parece infantil, nos parece increible seguirle pidiendo peras al olmo, pero apenas nos quedamos solos, intimamente, digo….. nos acurrucamos en el olmo a ver si en algun momento como la manzana de Newton nos cae una pera en la cabeza.
Y aun sabiendo que esperamos un imposible, esperamos y nos frustramos.
Geniales los comentarios, me hicieron pensar mucho. Creo que necesitamos muchas fidelidades, pero que definitivamente son los actos de las personas no tan fieles los que nos sacuden al cambio, a ver que uno no puede ser igual con todo el mundo, que tiene que merituar sus dones y darle sinceramente a cada uno lo que le corresponde.
Se entiende o me complique la vida?
No, no te complicaste la vida, es cierto lo que decís: gracias a que en la vida no todos son Hachiko, hay que usar la cabeza en nuestras relaciones. No somos seres tan perfectos, tan buenos, tan leales. Y tampoco unos canallas sin remedio. La mayoría de nosotros tenemos un poco de todo, y como le comentaba a Gla más arriba, pareciera que cada jugador juega al ajedrez con la mitad de las piezas de cada color…
Así las cosas, desgraciadamente nuestro mundo no es Utopía ni el Paraíso: hay que remarla con lo que hay, dentro de uno y de los demás.
Y esa “mezcolanza” que somos nos hace adorar a nuestros Hachikos, que son pura lealtad y compromiso, no?
Besos gigantes.
yo no le pido peras al olmo.
Pido peras al horno, que no es lo mismo.
está buena la reflexión sobre la lealtad
pero lo del perro no es lealtad…el perro esperaba a la persona que le daba de comer. el perro no siente afecto, es un perro.
perdón pero no puedo explicar cómo me saca de quicio la glorificación del perro. perro es perro, no tiene sentimientos, tiene reflejos.
besou!
Casi, yo a veces me pongo muy racional y sostengo lo mismo: un perro es un animal, y no tiene sentimientos!!
Y sin embargo, pareciera que el bicho busca algo más que comida, también: en este caso, la familia del profesor le daba de comer al perro, lo tenía en su casa… pero él iba en busca de “el objeto de su afecto”, que era la persona que se había muerto.
Hay casos conmovedores de perros que se han negado a comer después de que sus amos fallecieran: de pura tristeza estos animales tan fieles se dejan morir. Y si estar triste por extrañar a alguien que se quiere no es un sentimiento de lo más elaborado, entonces no sé qué es.
Otra alternativa: también puede pensarse que yo soy una sentimental sin remedio, Casi…
Besos gigantes!
mmmmm, yo tuve perros, y no sé si tienen sentimientos o no, porque no hay manera de saberlo, pero sé que tienen “algo” que va mas alla de “apego” al que le da de comer.
Es cierto que la gente los humaniza y les da características que no tienen, pero hay mucho mas en un perro que un simple animal. No sé con otros animales, no me pasó con el canario, ni el cobayo, ni los gatos ni con la tortuga… pero si se crea un vínculo especial con un perro.
Volviendo al otro tema, y leyendo todos los comentarios (que buenos!), es cierto que a veces esperamos algo que no llega y eso no quiere decir que el otro no quiera o no pueda darlo, sino que está en su naturaleza ser como es y hacer lo que él hace y no lo que nosotros haríamos en la misma situación. La clave está en reconocer eso y saber diferenciar.. y con el tiempo uno va aprendiendo donde dar sin medida y donde se cae en la tontería.
un beso
Ay, Ana, ahí me tiraste una cosita para agregar al “listao” de “tres – deseos – tres” que se vienen con el soplido de velitas cuarentonas (que me falta poco): aprender a diferenciar entre dar sin medida y no caer en la tontería.
Mucho colegio salesiano, mucha universidad jesuíta… la educación laica & libre (de culpas y obligaciones, sobre todo) llegó un poquito tarde a mi vida. Pero ahora ahí ando, tratando de recuperar el tiempo perdido. Y en buena compañía “bloggera”, además.
Besos, Ana!
Me mato la sinceridad de Casi Adulta!
Se nos fue el monumento al rrope a la misma mismisima Katmchatka!
El perro es perro y punto!
Seguro que el de la pelicula era un muñecardo.
El perro entonces vendria a ser solamente fiel al balanceado. Por plata baila el mono y por Dogui espera Hachiko.
Un hachito de Dogui para Hachiko.
Jaaaaaaaaaaaaaaaa! Marce, no sé si el perro era un héroe sentimental o un simple bicho, pero segurísimo que no era fiel al alimento balanceado… yo a Carola le hice probar todos, pero nada iguala el huesito con carne del asado!
Besos gigantes!
PD: Un hachito para Hachiko… jaaa! Midió…
Muy cierto lo que dice Ana. El otro a veces, hace cosas, no “nos” las hace; simplemente, no puede hacer lo que le pedimos.
Me toca de cerca! Es muy difícil discriminar qué es lo “pedible” y qué no. Parece claro y simple; mas no lo es.
Posdata. También soy de la gentuza que no tolera que se humanicen a los perros. Qué va´cer!!!
Muñe, es verdad, hay cosas que los demás no nos las hacen personalmente, ellos son así con toda la humanidát, “es su naturaleza”, no? Habrá que acordarse de ese detalle de vez en cuando.
Humanizar a los perros… creo que eso demuestra que estamos muy solos a veces, no? La gente que hace eso me da un poco de pena. Nosotros tenemos un caso cercano, un matrimonio de nuestra edad, sin chicos… muy triste. Es energía que hay que poner en otro lado, me parece.
Besos gigantes.
La lealtad, la generosidad, el amor se disfrutan mucho cuando se dan en relaciones más o menos simétricas. Cuando no es así casi siempre terminan en frustración, bronca, reclamos, peleas. En las relaciones “naturalmente” asimétricas, como la relación filial, lo sano es dar sin esperar nada. El pobre Hachicko nos da un lindo ejemplo en la bella metáfora que plantea Verónica. Y sirve mucho para reflexionar no en o que esperamos sino en lo que damos.
Sí, creo que uno se cuestiona lo que da y lo que recibe en las relaciones cuando las asimetrías se vuelven más evidentes, no? Hasta ese momento nuestros vínculos parecen todos como “irrompibles”. Por otro lado, atravesar esos momentos es muy enriquecedor, creo, porque son experiencias que nos enseñan a valorar más y mejor a los Hachikos, y a valorar, cuidar y agradecer a la gente que queremos.
Besos gigantes.
Real , sencilla y muy de lo que me toca de cerca …. Me identifico con HACHIKO desde el lugar que me toca cuando entablezco una relacion , cuidandola y haciendole sentir al otro que estoy ahi , pero a veces la espera se hace larga , y yo si me doy cuenta de la falta de interes ….triste pero real…Me gusto la historia ( O en realidad no se si es una pelicula ,bueh en fin….) agradable y para reflexionar .Gracias!!
Ay, Yamila, a veces la realidad es tantas cosas distintas… la historia de Hachiko fue real, una película y un monumento también. Muchas cosas que reflejan lo mismo: a veces uno quiere con ganas y se entrega en serio… más allá de lo que pase después & del otro lado del mostrador.
Besos gigantes.