Hay situaciones que te declaran descaradamente y a quemarropa que el tiempo pasa (te guste o no): tu cumpleaños de quince, el día en que sacaste el registro de conductor, cuando te dieron un diploma en una salón lleno de gente o fuiste la novia o el padrino de una boda. Nació un hijo, un nieto, o hubo un funeral y todavía no podés asimilar que estuviste ahí presenciándolo todo.
Pero hay otros pequeños momentos muy sutiles, con un encanto agridulce particular -como ciertos platos de Oriente-, que no son medibles en hitos biológicos de los que caben en esos formularios presentables en la ventanilla tres; no tienen nada que ver con las carátulas sociales que te transforman de niño en adolescente, de adulto en anciano ni ninguna edad en particular, pero son reveladores -a su modo- de que el tiempo se desliza suavemente y sin ostentar a lo grande: va en discretas oleadas, como el mar sobre la playa. Y que somos -si queremos serlo, la naturaleza no nos obliga- los testigos impensables de ese cambio de matices.
Porque el transcurso del tiempo no tiene ademanes de nuevo rico. Su rostro se hace visible -para el que puede medirlo- en esas partículas microscópicas que caen en un reloj de arena; y uno lo puede ver moverse, bailando despacio y más vivo que nunca, en la cadencia graciosa con que se deslizan esos puñados de momentos.
Y así sucede que la primera vez que alguien te dice “señora” en lugar del tradicional “señorita” te sorprendés un poco, pero sin inquietarte: hace ya años que recorrés con paso firme los caminitos de este mundo, por qué no congraciarte con la idea de que los demás también se dan cuenta y que ya no es un secreto. O cuando cambiás de estilo de ropa y por eso tu vestidito floreado, ese que era tu favorito, ya no te hace sentir espléndida porque ahora te parece más apto para tapiz de un sillón de campo que para tu cuerpo; cuando desayunar en el mejor café del barrio con el diario oliendo a nuevo te parece preferible a bailar arriba del parlante; cuando no entendés cada nuevo adelanto tecnológico si no te lo explica pacientemente tu hermano menor (casi quince años menor), o cuando ves a tu hija (tan chiquita ayer) más grande que nunca (¿cuándo le crecieron esas piernas tan largas?), empezando un nuevo año en el colegio, copiándote los ademanes cuando se recoge el cabello para colgarse la mochila al hombro, saludándote con autosuficiencia (ayer nomás se abrazaba a tu pollera, llorando a mares porque ella se quedaba en el colegio y vos te ibas) y diciéndote con dulzura: “ya estoy más grande, mami, vos no me extrañes, que yo ya sé que después nos vemos.”



que me digan señora me sigue pareciendo bastante trágico.
me encantó lo de tomar el café en lugar de bailar arriba del parlante, aunque tengo que confesar que a veces, solamente a veces, extraño cada minuto de esos 10 años infernales entre mis 12 y mis 22…
un tiempo para cada cosa, dicen
pero aunque sea una vez por año, una debería bailar arriba del parlante.
Jaaa! El primer “señora” es bien raro, no? Y pensar que el o la pobre que nos dedica ese apelativo ni sabe el desconcierto que nos causa! Pero con el tiempo una termina por acostumbrarse,Casi. Como a todo (que no es lo mismo que “casi como a todo”, no?).
Parlante: una vez al año todavía podría soportarlo… pero no quisiera mentirte, Casi: no creo que mis huesos resistan más que esa proporción exacta de 1 cada 365 días.
Hoy que Joaco empezó primer grado me acordé que aprece ayer cuando se apuraron a sacarlo porque era prematuro.
Todo pasa tan rápido y algunos cambios son tan imperceptibles que está buenísimo que el post de Vero nos haga detener y paladear un poco de estas cosas que de tan efímeras pasan muchas veces completamente desapercibidas…
Además, como siempre, está brillantemente escrito, Vero.
Chapeau !!!!
Qué loco, tu hijo va a primer grado y vos recordando la ansiedad de ese momento en el que salía chiquito de la panza, y que parece ayer, pero no. Pasa el tiempo y de pronto el padre prematuro sos vos, que ahora entraste a raudales a la primaria de Joaco sin todavía entender cómo, no? Como los personajes de Lost, ahora estás del otro lado de la historia y tenés que acomodarte a la situación.
PD: gracias por el piropo bloggero.
Creo que es asi como lo contás… las demás cosas marcan tendencia… nos estamos poniendo mas grandes, pero con los chicos, marcan el inexorable paso del tiempo. Y un dia te das cuentas que ya no son chicos con los que solo hablás de juguetes, deberes, cumpleaños, el ultimo muñeco de la tv o el juguete de turno, y te salen con un planteo personal, independiente, totalmente razonado y ubicado.
Mientras, no te olvides de disfrutar cada uno de estos momentos, porque pasan demasiado pronto… aunque lo que viene después es rebueno, también.
Ya sé que después nos vemos!!! increible!.
un beso
Me alegra que esté bueno lo otro que vendrá después, porque no será taaaanto tiempo después, por lo que puedo ver: sucederá vertiginosamente… mañana o pasado mañana!
Yo creo que el “después nos vemos” es una copia de lo que yo le debo haber dicho en ocasiones similares. Imagino, no sé. Y que tal vez estaba a punto de decirle hoy, pero ya no fue necesario: las mismas palabras me fueron “dedicadas” a mí. El famoso efecto boomerang, mirá vos.
Me fui encontrando en cada línea que escribiste Vero….. debe ser como dicen:”generacional”… será?
El hecho es que uno constata que el tiempo va pasando, a veces con un susto, como me pasó hace poco tiempo al sorprenderme mirando a Melissa en su cama durmiendo…. 1,70m. de mujer de laaaaaaargas piernas y rulos hasta la cintura (de solo 14 años), mi shock fue tal que llamé a Sergio para que contemplara la escena conmigo! jajaja….
Pero todo tiene su faceta interesante, hoy por ejemplo entramos juntas en una de esas librerías enooooormes y compartimos el silencio de recorrer juntas los estantes buscando un nuevo ejemplar, que dentro de poco tiempo seguramente, porque Melissa no lee…. devora libros, querrá comentar conmigo y con su papá también queriéndo hacernos cómplices del tiempo que también va pasando para ella ….
Voy dejando esto por aqui nomás….en el intento de “degustar” cada minuto que pasa, con todo lo que traiga y sin ponerme nostálgica por lo que ya pasó sino de estar feliz porque haya sucedido y haya contribuído a sumar algo (mínimo o grandioso) en mi vida.
Besos mil!
Ay, pero qué lindo lo que contás y cómo lo contás. Maravilloso el retrato de Melissa: 1,70, rulos Y LEE!!! Ustedes dos no pueden ser menos que unos padres babosos, eh? La naturaleza no los deja!
Besos. Un placer leerte, Gabi, como siempre.
Que lindo post vero, justito ayer valen empezo 1º grado y tal cual le paso a Marcelo se me vino a la cabeza el momento que nacio y me parece que fue ayer, que rapido pasa todo, el nudo en la panza sigue siendo el mismo que cuando lo deje por primera vez en el jardin pero el ya lo toma distinto no te despide con carita de angustia lo hace con una gran sonrisa y con la seguridad de que despues nos vemos……
Y estos momentos te van avisando que los años pasan y que no hay que perderse nada hay que disfrutar cada momento y cada instante, que en definitiva es lo mas lindo que nos vamos a llevar.
Es así, Javi! Ahora se da vuelta la taba y el que se queda mirando con cara de haber perdido algo es uno, no? Los chicos aceleran el proceso de aprendizaje cada vez más, y se toman con mucha naturalidad lo que ayer era un poco traumático para ellos. Y uno en el medio, sin seguirles el tranco así de fácil. Mondo cane…
ja! se me corto internet cuando subi el primero y pense que no habia pasado y volvi a escribir lo mismo pero diferente….ja!
Te borré el primero para que no andes siendo la copia de vos mismo, jaaa! Cariños.
Cuestiones del paso del tiempo. Que en el laburo, los nuevos te traten de Vd.
Pero, como alternativa, uno no se pone tan loco con cuestiones triviales, tales como la pérdida del bondy. Otrora la diatriba era de cajón, ahora aprovecho pa’ leer el librejo que me llevo, escuchar la música del fono móvil, u otros.
Solo en medio
de la actividad desearás vivir cien años.
Y el teclado me juega malas pasadas.
Síntoma inequívoco del aumento de mi condición de barbicano ..
jaaa! El barbicanismo es una evidente muestra del paso del tiempo, tanto como el “usted”, hay que sumarlos al inventario imprescindible de pistas gigantes que hemos hecho. Beso gigante, Quique.
PD: recién termino de postear algo ahí arriba, justamente, sobre eso de ponernos tan locos sobre cosas triviales. Andamos en sintonía, che.
¡Qué momentos! el tiempo pasa, y ya que estoy, comento ahora tu último post (ese, en el que hablás de cómo uno se amarga la vida a veces). Estas son las cosas que hay que tener en cuenta en esos momentos en que parece que todo se nos va a caer encima (y mirá quién lo dice, ya verás mi último post…): un hijo que crece, la vida, que no es tan terrible aunque el tsunami parezca estar encima de nuestras cabezotas. Ay dió, qué de momentos lindos y yo medio amargoria…
¡Besos y gracias!
Jaaa! Es así, Milenius. Un blog es una colección de momentos y emociones y pensamientos y vaya a saber cuántas cosas más que ni sabemos que están ahí.
Algunos de esos momentos son memorables y otros para tirar al tacho, a todos nos pasa lo mismo. Vi tu último post en tu blog (con el tsunami cayendo en tu casa desde en Obelisco lejano y que no está en escala -pero el que avisa no traiciona-): amargarse por un tsunami concreto es natural, por lo menos por un rato, pero por al posibilidá del tsunami, el rollo por el rollo mismo -el famoso “metete el gato en el culo” del chiste genial- no vale la pena, Milenius. Pero yo a veces caigo en la tentación, ya vio lo débil que es una.
Y los momentos memorables para ver con microscopio, como el que cuento en este post, son los que me hace dar cuenta de cuántas veces pierdo el tiempo amargándome por pelotudeces (perdón por el término “amargándome”, que es tan feo, yo sé…)
Besos.
El tiempo es tan subjetivo! Fue ayer nomás que mi hijo mayor me sorprendió mirándome parado desde la cuna, pero fue en otra vida que yo era residente ese mismo año. Hace algunos meses lanzamos nuevos proyectos en la Fundación. Parece que fue hace muchos años, aunque veo a los primeros pasantes desarrollando ya su vida profesional en plenitud y me cuesta creerlo.
Mirar hacia atrás un rato, ser agradecidos con cada momento vivido y luego girar la cabeza y mirar hacia adelante. Hay tanto por vivir! Cada uno y un poquito de la vida de nuestros seres queridos. Y sobre todo, empezar por hoy, por ahora mismo. Sigo actualizándome con los posteos. En este instante es lo mejor que puedo hacer. Y no es poco. Gracias! JM
El tiempo es MUY subjetivo, es cierto. Eso de “son 365 días al año” es un dato que no dice nada cuando estás dispuesto a vivir con calidad cada momento. Un hijo parado en la cuna siempre “parece que fue ayer”, jaaa! Es un recuerdo tan intenso que trasciende el tiempo, el espacio, y al número 365 también! Cariños y gracias a vos por pasar y tomarte el trabajo de leer y participar.
Qué delicia de post, me has dejado ese sabor a agridulce que me gusta tanto en los chinos, ¡de los buenos! También me has recordado la primera vez que me llamaron “señora”, me chocó porque aún era bastante joven, pero creo que influyó que ese día iba bien mudada. XD
Jaaa! Es cierto! Ir bien vestida, muy maquillada o peinada de peluquería, nos agrega edad!! Pero no hay solución feliz al enigma: o parecés una chica muy joven aunque algo desgreñada (”si esa chica se arreglara un poquito… pero, qué desperdicio!”) o una mujer muy mona pero de cierta edad (”en su juventud debe haber sido hermosísima al natural!”). Al final, a la gente no hay nada que le venga bien!!!