Errare humanum est (parte 2 de 2)

en otraCoordinator frenó el auto en seco. Recuerdo haber levantado la cabeza y haber visto de frente un revuelto de espanto y de asco en sus ojos.

- Coordinator, decíme por favor que esto es una pesadilla y que no está pasando realmente -supliqué.

- Verito, ¿cuándo comiste todo esto, pordiós? ¿En tu fiesta de quince? Huele horrible.

- Es vómito, Coordinator, qué querés, que huela a rosas?

Duro de Roer, en el ínterin, había salido eyectado del auto. Abrió la puerta de mi lado y miró frente a frente a Toda Esa Asquerosidad Bien Profunda, tratando de calcular rápidamente los daños. Se arremangó la camisa y me ofreció su pañuelo perfectamente planchado para que me limpiara… algo de todo lo que había para limpiar arriba mío. Porque, por supuesto, yo estaba hecha un despojo maloliente.

Y ahí mismo pasó algo extrañísimo. El Trabajólico que no toleraba demoras ni le interesaban los asuntos personales de cada quien y que necesitaba saber urgentemente cómo estaban conformados esos ocho millones, en pocos minutos se transformó -por obra y gracia del vómito infeliz- en un perfectamente identificable ser humano de carne y hueso.

- Tengo un hijo de tres años, así que no creas que no convivo con estas situaciones de vez en cuando.

Con el diario que había comprado a primera hora y algún trapo que encontró en la guantera, Duro de Roer limpió el desastre lo mejor que pudo. Mientras tanto, un atildadísimo Coordinator y una avergonzadísima yo nos quedábamos congelados de estupor. Después, Duro de Roer condujo el auto hasta la próxima estación de servicio, lo hizo lavar rápidamente y volvió a empezar el viaje poniendo música y contando chistes como si fuéramos Thelma y Louise en nuestro viaje al fin del mundo.

Por supuesto que hasta que llegamos a Mar del Plata el olor a vómito nos persiguió y nos alcanzó muchas veces. Los tres asaltamos nuestras habitaciones del hotel antes de ir a la empresa para bañarnos y estar más presentables, pero el aire rancio y nauseabundo se nos quedó pegado a las fosas nasales hasta unas cuantas horas después.

La anécdota se desparramó por la oficina de Buenos Aires como reguero de pólvora y al cabo de unas horas me transformé en una justiciera muy popular dentro del estudio. Había cumplido con la fantasía de más de un Novato, un Sobreviviente y un Coordinator trasnochados: lanzarle un vómito gigante y escandaloso a Duro de Roer.

Pero yo no me sentía orgullosa de mi “hazaña“, porque había comprendido que un individuo que hasta ese momento me inspiraba terror, se podía transformar en un ser humano como cualquier otro si una situación bien personal y ridícula se colaba en el medio. Sobre todo si en esa situación me ofrecía su ayuda. Por eso, desde ese día (y aunque yo ya estuviera trabajando también con otros Managers de estilo “Caudillo Sudamericano“), los gritos espasmódicos que salían de la oficina de Duro de Roer a las nueve de la noche llamando a alguno de nosotros -y sabiendo que ese “alguno” tenía que andar por allí plantificado trabajando a esas horas, sin excusas- ya no me parecieron tan amenazantes. Esa era sólo una característica personal de un jefe obsesivo y un poco cabrón, pero que ya había perdido para mí el aura de ogro intimidante que tanto me había asustado antes.

Tiempo después cambié de trabajo. En uno de esos últimos días en el estudio me llamó a su oficina -con un grito lanzado al aire más bien tarde que temprano, por supuesto-. Como todos mis compañeros a esa hora, Duro de Roer ya estaba fastidiado, a punto de enloquecer de cansancio o de mal humor. En fin, la moneda corriente de casi todas las noches ahí adentro.

- Radio Pasillo dice que te vas. ¿Es cierto eso? ¿Por qué?

Como con lo de los ocho millones, se me exigía una respuesta urgente y concreta (con él era conveniente no usar más de veinte palabras, pero yo siempre me excedía un poco).

- Bueno, ya sabemos que el estudio demanda mucho de su gente. Es genial trabajar acá, pero necesito bajar un poco el ritmo. Me voy a casar en poco tiempo y todavía no encuentro la forma de clonarme para vivir a tiempo completo cada cosa. Me parece mejor cambiar de trabajo ahora y no esperar “el estallido“.

Duro de Roer no entendía nada, me miró como si le hubiera hablado en mandarín.

- ¿Y eso del matrimonio qué tiene que ver? Casáte si tenés ganas, pero no me vengas con que vas a ser una esposa de esas que sueñan con llegar temprano a su casa para tejer bufandas. Nadie acá adentro se va a tragar ese cuento.

- No, no, no, yo no voy a tejer bufandas: conseguí un trabajo en Tal Empresa, en el puesto Equis, así que voy a hacer lo que realmente me gusta. Y además trabajar ahí me va a permitir tener una vida más ordenada y encarar otros proyectos personales. El cambio es muy positivo para mí en este momento.

Duro de Roer se pasó las manos por la cara, para despejar el cansancio o el aburrimiento.

- Pero ahora que sobreviviste a lo peor acá, que podés hacer algo de carrera… renunciar así…

Me miró con pena porque “truncaba demasiado pronto mi proyección en el estudio“, pero yo también sentía lástima por él: intuía que él sacrificaba mucho de su vida personal y familiar trabajando de esa manera. Seguramente le gustaba hacer lo que hacía, le ponía mucha energía a cada proyecto, pero estaba siempre con cara de agotado y representaba más edad de la que tenía. ¿Era esa realmente la vida que yo querría vivir? En ese momento no tenía la respuesta a esa pregunta, pero me parecía que no podría aguantar ese ritmo insostenible para tratar de descubrirla: yo ya sabía que no era tan Dura de Roer.

Se puso de pie y yo también. La conversación llegaba a su fin.

- No me parece una buena decisión -dijo-. Llamáme si cambiás de opinión.

Yo miré estúpidamente el teléfono que estaba sobre su escritorio, como si esperara que sonara inmediatamente. Es que con Duro de Roer todo era más bien inmediato.

- Si te arrepentís y querés volver, dejáme un mensaje en mi interno – me aclaró en tono paciente, como si yo otra vez le pareciera un chico de tres años-. Un trabajo como Equis lo podés conseguir en cualquier momento, ahora te parece la panacea porque estás cansada del estudio, pero después vas a ver que Tal Empresa tampoco es el paraíso. Por otro lado, me parece que te estás organizando demasiado en función del matrimonio. Y te sobra tiempo para hacer esos sacrificios – sonrió-. Y por favor, no hagas enchastres nauseabundos en tu nuevo trabajo: no nos hagas quedar mal.

Nota mental: así son las cosas, si vomitás en el auto ante un Supremo se produce una alteración química en el ida y vuelta que arroja, como devolución final, un análisis agudo de tu exacto grado de desgaste laboral y un franco cuestionamiento a tu modus vivendi personal.

Por causas o azares, Duro de Roer no se equivocó en algunos de sus vaticinios: el nuevo puesto en la nueva empresa también fue muy demandante y no pude “organizarme“ tan rápidamente como yo esperaba, otra vez viajé muchísimo y trabajé de sol a sol. Y sin que esa situación determinara el curso de mi matrimonio, me divorcié tiempo después. Pero nunca me dieron ganas de volver al estudio, así que ni pensé en comunicarme con su interno: él no era un hombre de utilizar los internos, al fin y al cabo. Y además creo que de algunos jefes, increíblemente, sólo sacás lo mejor a fuerza de vómitos espontáneos.

21 Responses to “Errare humanum est (parte 2 de 2)”


  • Espectacular! En sus idas y venidas. Nadie es tan bueno ni nadie tan malo. Aunque nos parezca increíble, ni siquiera nosotros somos así! Y vómitos hay de muchos tipos, también positivos y negativos. Y giros inesperados de la vida, también. A vivir entonces, tratando de hacerlo de la mejor manera posible, más allá de todas las alternativas! Vero: excelente nota, divertida y muy instructiva. Un beso grande! JM

    • Gracias, Juan Manuel. Sí, yo creo también en eso de que a medida que vamos creciendo y madurando, los blancos y negros son más difíciles de encontrar. Y uno se siente menos intimidado por los otros, también. Pero bueno, para llegar a eso debemos exponernos al mundo ancho y ajeno… y saber que vamos a vomitar de vez en cuando, no? ;-)

  • Hola Verito!!
    Qué relato!
    Debió haber sido tremendo encontrarse en una situación así, vomitada, junto a una persona intimidante que encima es tu jefe!!
    Pero lo manejaste muy bien, lamentablemente el ogro mostró un poco de humanidad tarde.
    Por qué será que hay personas que se sobreexigen laboralmente y les gusta generar, en sus empleados, esa sensación de temor?

    Besos y muchas gracias por tu comentario!! :)

    • Neuronas queridas, yo creo que la gente que es muy autoexigente termina midiendo con la misma vara a los demás. Y a veces los demás no estamos a su altura (o no podemos o no elegimos estarlo). Creo que lo importante es no llegar permanentemente al límite con ese tipo de personas porque genera mucha frustración. Y sobre todo, hay que ser francos con uno mismo: no todo camino es para todo caminante. Ese no era el mío, por ejemplo. Y no puedo pretender que los demás cambien, tampoco. En esos casos, no es mejor irse a tiempo? A mí me pareció que sí. :-)

  • Me encantó también la 2da.parte. La verdad es que el Sr. no era tan patético como parecía, hasta resultó humano.
    Saludos. Silvina.

    • Viste? Duro de Roer no era tan terrible. Un poco de miedo me daba, también, porque yo no tenía experiencia con ese tipo de jefes. Después de trabajar en el estudio estuve trabajando a las órdenes de unos cuantos pichones de Stalin como Directores de diferentes empresas, y te puedo asegurar que Duro de Roer me pareció un nene de pecho… ja! Cariños.

  • Me hizo reir el relato… vos trabajaste con Ricardo??? lo describiste tal cual!!! Cuando empezamos a salir, no entendia como sus empleados y la gente en gral le temian y le tenian tanto respeto!!! como podia ser?? si era “mi” novio y el tipo mas tierno que conocia!!!??? Con el tiempo me di cuenta que esta clase de hombres se ponen un disfraz en el umbral de la puerta de casa, la frase de cabecera es ” el mundo afuera es duro… voy a ordenar lo que me toca!!! Consejo para los que tengan jefes asi… si le siguen temiendo, nunca lograran su respeto, hay que descolocarlos, sorprenderlos, Vero lo logro con un vomito en el momento justo, ( no es lo recomendable, pero funciono!!!). Muy bueno Vero!!!

    • Noooo… no es lo recomendable! Qué viaje largo y asqueroso, pordió. :-( Pero sí creo que es bueno perderles el miedo a esos jefes y generar una relación de respeto de ida y vuelta, no? Con el tiempo (y los años) vas aprendiendo. O bueno sería, al menos… ;-) Cariños, Marce.

  • Muy buena la segunda parte también Vero!
    Parece que es asi nomás que las cosas funcionan… todos tenemos nuestras máscaras para transitar la vida…. e inevitablemente en algún momento caen.
    SLds!
    PD: Sérgio tambien te lee, y aprovecho para mandarte sus elogios a la forma de “escribir-describir” tus relatos. Bso!

    • Gracias, Gabi! Sí, creo en eso que decís: antes o después las máscaras caen, las expectativas se aclaran (se cumplen o no, pero no te quedás con la duda, jaaaa!) y los recuerdos suavizan las asperezas de las experiencias de cada momento. Porque también aprendemos a ver con cariño el pasado: las cosas que sucedieron, cómo éramos nosotras entonces… y a diferenciar los grises, porque como decía Juan Manuel más arriba: nadie es totalmente bueno ni totalmente malo, ni siquiera nosotros mismos. Beso grande y un saludo muy especial a Sérgio también, de quien tengo un lindísimo recuerdo. :-)

  • las mascaras nunca se caen pues no existen, lo que existe es el arte de la impostura ….
    y como diria el tenaz replicante de don Miguel de Unamuno, podriamos por empezar por fingir que no fingimos …..

    • A ver si entiendo: pareciera que hay distintos roles y conductas que uno asume en diferentes contextos. Y yo tampoco creo que se deba hablar de “máscara” como estrategia que usa la gente falsa para esconderse, más bien pareciera que hay protocolos que se respetan en el trabajo y en los que a veces nos escudamos para no ir más allá, independientemente de cómo seamos en otros entornos.

      Por otro lado, cuando trabajás en esos lugares híper demandantes que te llevan “la vida entera” (essageremos un poco) la relación tiende a ser más espontánea o “humanoide”, así como “fingiendo que no fingimos”… ja! Bueno, con “Duro de Roer” no parecía ser el caso, Fer. O yo no lo supe ver… casi hasta el final, ponéle. ;-)

      • gotcha! es mas simple a efectos de joie de vivre
        Para todos nos es mas simple etiquetar el sinsentido que entender al otro en toda su problematica, pues te va a volver dificil canalizar tu ira contra el sistema.
        Si me preguntas yo creo que quienes trabajan en lugares hiperdemandantes necesitan ser hiperdemandados, y no se entiendo esto como un apologia de la workaholic disease.

        • Bueno, es como un Síndrome de Estocolmo, no? El hiperdemandante necesita a otro que deje todo por él, para poder hacer contacto. Sin embago, yo tampoco estoy totalmente en contra de que exista ese estilo de trabajo, Fer, para nada: es que creo que hay caminos y formas de vida para cada cual. Y como el seres humanos tan complejos que somos, muchas veces más de uno nos habrá visto – a vos y a mí- aporrear relojes hasta cualquier hora para terminar alguna presentación en tiempo de descuento, muchos años después de esta anécdota que cuento. Sin embargo, no es la vida que me gusta vivir permanentemente, eh? Yo en algún momento necesito laburar con un poco de paz alrededor. ;-)

  • Dudo que él entendiera porque te ibas, por mas que lo pensara desde cualquier punto de vista menos el de él.
    Pero muy buena onda en ofrecerte la vuelta , si era lo que querías. Estará esperandote todavía?

    Terrible salir de Guatemala para meterse en guatepeor!

    un beso

    • Yo creo que él veía la opción de trabajar en el estudio como la más potable de todas, contrapuesta con cualquiera que fuese. Porque a él realmente le funcionaba formar parte de ese sistema, no?

      Ofrecimiento: noooo… no creo que haya esperado tanto. También podríamos creer que fue solamente una estrategia de retención standard con una expectativa de vida bastante breve. Cinco minutos, ponéle… ja! Pero hoy no tenemos cómo saberlo.

      Los Guate son así, Ana… una tómbola!

  • Buena decisión, a pesar de los vaticinios confirmados…Cada experiencia es un aprendizaje y en la diversidad está la riqueza…
    Bien hecho, Verito….me queda una duda…frente a un jefe malhumorado y excesivamente estricto, vos decís que el vómito es la pócima mágica que realiza el milagro de humanizarlo?

    • Jaaa! Yo creo que Duro de Roer es, seguramente, un ser humano como cualquier otro, por lo menos en forma intermitente, pero yo sólo pude ver esa humanidad bajo los efluvios del vómito fresco y en esa charla del final. También es cierto -tenés razón en tu conclusión- que con la “estrategia” del vómito de alguna manera me saqué la duda acerca de cómo actuaba Duro de Roer ante un caso de catástrofe extrema, no? :-)

  • ME GUSTO MUCHO LA HISTORIA!, EN DEFINITIVA SE LO TOMO COMO SE LO TENIA QUE TOMAR CUALQUIER PERSONA UBICADA…..A PESAR DE SER UNA SITUACION QUE REALMENTE TE DESUIBICA…..PERO EN DEFINITIVA CREO QUE ES UNA PERSONA TAN HUMANA COMO CUALQUIERA DE NOSOTROS, LO QUE PASA ES QUE EN EL TABAJO POCA GENTE LLEGA A VER ESE LADO, (PORQUE NO LE INTERESA MOSTRARLO) ES ALGO QUE NO LO SACA EN ESE AMBITO ( A NO SER QUE SEA NECESARIO), LO DEJA PARA LOS AMIGOS , FAMILIA , ETC…….Y TENGO QUE RECONOCER QUE EN EL TRABAJO YO FUI UN POCO ASI……..AHORA TAMBIEN, PERO MENOS, A VECES SI NO MANTENES CIERTAS DISTANCIAS O POSTURAS , LAS COSAS SE CONFUNDEN….O LAS MAL INTERPRETAN…..
    SEGURAMENTE POR TU CAPACIDAD, HUBICACION Y RESPONSABILIDAD EN EL TRABAJO ES QUE DURO DE ROER NO TE QUERIA DEJAR IR……VERIA EN VOS UNA DURA DE ROER A FUTURO????…..JA!

    • Vengo del post “mujeres relajadas”… y veo que tus comentarios están bastante relacionados -como está este post con ese, también, no?- creo que en el trabajo podemos ser más inaccesibles y fríos que en otros ámbitos. Y si además se es un poquito témpano y muy trabajólico, ya tenemos a un Duro de Roer hecho y derecho.

      No es que Duro de Roer no me quisiera dejar ir, creo que él tenía puesta la camiseta del estudio y creía que para cualquiera en mi situación era mejor quedarse un año o dos más, y después buscar un puesto más alto en otra empresa, para hacer valer afuera una buena carrera en el estudio. Es el modelo a seguir. Pero el estudio es muy desgastante y por eso la mayoría de la gente se va antes. En defitiva, él me dio un consejo bien intencionado -desde su forma de ser-aunque no estuviera en mí seguir trabajando ahí: yo no soy muy Dura de Roer, me parece. ;-)

Leave a Reply