Hace un tiempo estuvimos viviendo en París unos cuantos meses por temas laborales de Cucurullo. Fue un tiempo, también, en el que el afincarse en esa ciudad podía tansformarse en algo cuasi definitivo, por más que no fuera nuestra idea original. Todo estaba por verse, consolidarse o adivinarse en el camino. Con lo que nos encantannn esos acertijos a Cucurullo y a mí! (esta frase fue escrita con tono irónico, así que no crean una sola palabra de ella). La cosa es que por una vez tuvimos que hacer las valijas con esa sensación de andar atravesando un destino incierto y oscuro. Y ahí nos metimos, en la boca del lobo… sin vocación de odontólogos de animales salvajes. En fin, ya muchos de ustedes conocen todos los detalles de esta historia, así que ahora voy a ahorrarles la experiencia de leer el mismo cuento otra vez.
Al mundo entero le queda claro que París es París y andar recorriendo esa ciudad sin apuro turístico estuvo más que muy bien. Pero de lo que quiero hablarles no es de la ciudad, sino de los amigos que uno hace en esas situaciones de desarraigo. Conocí estando allí, entre tanta gente interesante, a una chica argentina más o menos de mi edad, Marina, con un hijo pequeño, como Mile, y un marido latinoamericano, también. Los tres viviendo temporariamente allá por el trabajo de él. La misma situación que nosotros, pero llevaban unos cuantos años más recorriendo el mundo de esta manera.
El repentino interés por compartir las experiencias que teníamos en ese momento hizo que instantáneamente nos hiciéramos amigas. Teníamos en común eso de que todo el mundo en Argentina nos dijera “pero qué bueno, están viviendo en París!” cuando para nosotras estar ahí tenía algunas implicancias muy diferentes, como por ejemplo integrarnos a una cultura que tiene sus complejidades. Nuestras afinidades en cuanto a estilos de vida y a experiencias compartidas –aún con nuestras diferencias lógicas, obviamente- nos volvieron muy cercanas. Y entonces hablamos de muchas otras cosas también, temas personales que nada tenían que ver con ese “estar fuera de Argentina”: confiamos una en la otra y nos transformamos en amigas reales. Hoy Marina vive en Río de Janeiro y sostenemos esta amistad como podemos, a fuerza de largos mails y de idas y venidas que se cruzan dentro de las páginas de este blog.
Y con este ejemplo les lanzo al ciberespacio mi duda existencial:
Qué es concretamente la amistad? Porque gracias al Facebook, por ejemplo, me he vuelto a conectar con gente que he conocido en diferentes situaciones, gente con la que he compartido un aspecto de mi vida, o varios, también: profesional, escolar o universitario, personal, de búsquedas espirituales y demás. Me he reencontrado con varias compañeras del colegio, por contarles un caso. Con mucha de toda esta gente reencontrada puedo seguir compartiendo más cosas que la puntita del iceberg del pasado, porque puedo rescatar también una forma de comunicarnos y de ver la vida, pero con respecto a otros amigos de aquellos viejos tiempos ya no tengo ni idea de quiénes son, y me asombra ver cómo quedamos cada uno de nosotros “empantanados” en la mente del otro, justamente en ese momento en que dejamos de frecuentarnos. Entonces el reencuentro pasa por tratar de evocar a esa persona que para nosotros era así o asá, con pelos y señales, pero que hoy vaya a saber uno cómo es.
Sucede que hacemos cambios cualitativos muy importantes a lo largo de nuestras vidas, y a veces cuesta reencontrarse con el “uno mismo” de antes y con los otros que acompañaban a ese “uno” un poco perdido en la neblina del recuerdo. Por lo menos, parece más difícil ese reencuentro en la vida real que el simple “click” que implica acceder de nuevo a la vida de esos viejos amigos a través del Facebook.
Y esto de internet, los blogs, las redes sociales, también tienen lo suyo en cuanto a las formas en que aceptamos vincularnos con el mundo ancho y ajeno: me considero una amiga bastante presente de gente que no conozco personalmente, pero con la que tengo mucho en común en cuanto a formas de ver la vida, aficiones literarias o simplemente gustos personales. No he compartido nunca un café con ellos -algunos viven tan lejos que sencillamente no es posible hacerlo-, pero sabemos cosas uno del otro que tal vez en una mesa de bar con los conocidos de siempre no se hablan nunca porque en el desorden de la conversación salen a la palestra, frecuentemente, otros temas más cotidianos e intrascendentes.
Entonces concluyo en que la amistad es un tema de cercanías. Cercanías de espíritu, me refiero. Y de calidad del vínculo compartido en cuanto a inquietudes comunes, aficiones y valores, no sé si tallan demasiado en este asunto el tiempo transcurrido “junto con” o el espacio habitado en común (los años en esa oficina, en la mesa de aquel bar, en el aula de tal facultad).
Importa tanto si compartimos el mismo colegio o el mismo trabajo en la misma empresa? Sí importa, pero únicamente como punto de arranque de ese conocimiento que tienen unos sobre los otros. Me encanta sentarme en un restaurante sabiendo que voy a cenar con mis antiguas compañeras de colegio, con quienes persiste el espíritu de camaradería de aquellos viejos tiempos. Pero de ahí en adelante, para rescatar una relación habrá un trecho largo que recorrer, porque tendríamos primero que provocar el renacimiento de aquellas antiguas amistades que, como bien sabemos, sin algunos gestos de voluntad recíprocos no llegarán a madurar nuevamente.
Es muy raro esto de reencontrarse aquí y ahora con los afectos antiguos y volver a reconocernos (mientras vamos al rescate urgente del pasado para traerlo al presente, algo chamuscado pero a salvo), o también eso otro de volverse visible, en algún momento y lugar, para gente que apenas conocemos pero que es muy afín a nosotros en el aquí y ahora virtuales (porque como “punto de arranque” para compartir una amistad, no sólo está el espacio físico y concreto: la virtualidad también existe, o no?). Son las dos antípodas del clásico “ser amigos” desde siempre y para siempre, esos que sin habernos perdido nunca de vista ni de caminar uno al lado del otro, vamos compartiéndolo todo en el tiempo y en el espacio, como somos con nuestros amigos (pocos o muchos) de toda la vida, o como fueron aquellos amigos de mis padres, a los que ellos se referían con tanto orgullo cuando me decían, con la sencillez de las grandes confesiones: “Fulano es mi amigo”.



Vaya tema te elegiste.Amistad es darle la empanada al otro para que haga el repulgue.Paso a contar.Mi Amiga del Alma,Marcela, hace 20 años vive en Sevilla.Tuve las dicha de visitarla luego de 8 años sin verla y cada 4 años ella viene para aca.En el 2008,su ultimo viaje aqui,nuestro reencuentro fue maravilloso,como todos los anteriores,abrazos apretadisimos( como diciendole al otro..guacha ! te necesito),paso siguiente vamos a la cocina,sigo rellenando las empanadas que les estaba preparando,ella a mi lado haciendo el repulgue.Se entiende o es muy loco lo que digo?A veces el tiempo no pasa,hay momentos en que sentimos que el tiempo no paso o si paso no nos jodio.Y en ese momento a mitad del repulgue,ella,Mi amiga del Alma,mirando a su hija le dice-Entendes Juliana,por que somos amigas….
Es buenísimo lo del repulgue, Gaby! Es así, es así, es así tal cual: es compartir con el otro, y poder sentir que el tiempo no pasó, y si pasó no nos jodió. ME ENCANTÓ ESTE COMENTARIO!!!
que bueno!!! creo q es asi, tal cual como lo describis.
El encontrase con viejos amigos es tambien reencontrarse con la persona , joven , niño, que fuiste, y esperar deseosos del q el tiempo no haya pasado,disfrutar nuevamente de la mirada complice de esa amigo/a que hace tiempo no ves.
Me paso hace muy poco con una vieja amiga de la secundaria, el encuentro fue genial, y realmente x mas q el tiempo pasó, las 2 hicimos ese ejercicio donde vinieron a nosotras esos momentos, sin nostalgia, con mucho humor y mucha alegria.
Todo eso no se da sin esa “cercania mística, espiritual”, no con cualquiera pasa, creo yo.
No con cualquiera hacemos el repulgue !!esa imagen fue genial
¿no les pasó alguna vez de querer ver a alguien , idealizar el momento del encuentro y cuando lo ves ,encontras a alguien totalmente desconocido que ni el recuerdo de una rateada del cole, o anedas de la adolescencia pueden evocarlo,y que ni un repulgue lo levanta ??!!
Pero sííí, es cierto, Celia! El tema de la cercanía espiritual no se da con cualquiera. Para todo lo demás, existe Mastercard, pero esto, che, si no se da, no hay caso: queda una amistad de puro cotillón. Es como que no se puede compartir eso de hacer el repulgue de las empanadas, no? Una especie de impotencia pero en vez de sexual, amistosa, ja! A mí me ha pasado, en general, después de una decepción importante con esa persona, y entonces me es difícil de remontar la situación desde menos diez, por más que lo intente.
La amistad, voz devaluada desde el momento que fb o el msn te fabrican un millón de amigos ..
Pero, amistad es la confianza y el afecto desinteresado entre las personas.
Fijate que términos: confianza y desinterés. Ciertamente, demodé.
Por eso, la cosa hoy es distinta. Hay confusiones sobre el valor y las implicancias de la amistad.
Anke, ciertamente, uno puede encontrar gente con intereses afines a lo largo y a lo ancho del mundo (y de la web).
La amistad suele potenciarse cuando uno comparte una pasión, llamala el gusto por cocinar empanadas, cebar mate con peperina, escuchar a los Redondos, ir a los recitales de Sabina, o ver todas las pelis de Wim Wenders.
Ahora, si llegas a tener en común, el gusto por un deporte, la cosa probablemente vaya in crescendo, y hasta pueda persistir, pese a ser canalla uno, y leproso el otro (un vero miracolo).
Sucede también que el reencuentro con antiguas amistades, deje un sabor amargo, porque es algo que ha de regarse con frecuencia.
Una amistad, puede prolongarse a través de la web.
Que nazca desde internet, lo veo poco probable.
Allí podremos dar con personas con muchos intereses comunes, y altos grados de afinidad, y probablemente demos con gente copada. Pero pa’ pasar a hablar de amistad, y ganarse confianza y afecto, hay aún un buen trecho por recorrer.
En fin, esa es mi visión.
Jaa! Es verdad, Facebook habla de “amigos” así de fácil y la cosa puede confundirnos un poco. Pero la tecnología nos permite estar en contacto con toda esa gente que queremos y está lejos, para así continuar frecuentándonos por teléfono, webcam o por el chat, y eso ayuda a sentirnos más cerca. Es más difícil, concuerdo, generar una amistad a través de la red y continuarla en el tiempo, pero no lo veo imposible, eh? Vamos hacia eso, de hecho, con los avances tecnológicos que hay ahora. Tengo la sospecha de que eso de generar relaciones sin estar “en el mismo espacio físico” va a ir creciendo cada vez más. Locas excentricidades del modus vivendi urbano & Hi Tech (pienso en las aulas virtuales, por ejemplo). Va a ser interesante verlo, Quique, puede ser una oportunidad de ampliar nuestro mundo o un desastre infinito que nos aísle más del mundo real. Quién sabe. Todo dependerá de cada uno, no? Como tantas otras cosas…
Todo un tema, Vero… todo un tema.
Pero no sólo el concepto de amistad está devaluado en nuestro mundo posmoderno, sino todas las relaciones humanas, así como los valores. Es como dice Bautman, estamos en una sociedad líquida. Y esa insustancialidad llega a todos lados.
Las nuevas tecnologías tienen sus pros y sus contras. U. Eco mediante, tenemos que ser apocalipticos e integrados. O sea, saber de los riesgos que tienen ellas pero también aprovechar sabiamente las oportunidades que ofrecen.
No podemos ser retrógrados, pero tampoco quiero una socidad como la de la palícula Sugorrates (Identidad sustituta), donde todos salen a la calle con un doble y la gente “real” se queda en sus casas.
¿Es raro, no? En el MSN donde tenemos supuestamente a nuestros amigos, se los llama CONTACTOS y en FB, donde solemos agregar a ilustres desconocidos, se los llama AMIGOS.
El tema de las cercanías creo que es sólo en lo “espiritual”, pq tengo muchas personas cerca (en el trabajo, la facultad, etc) con las que convivo muchas horas al día y no precisamente son mis amigos. Por otro lado, y como bien decís, es posible tener largas charlas y hacer secretas confesiones por internet, a amigos que están lejos. Contactos mediantes, tengo amigos a los que nunca vi en mi vida, que me han contado cosas muy importantes y con los que compartimos cosas en común.
También es cierto que muchas veces los amigos que viven en la misma ciudad (o incluso en el mismo barrio) se contactan por FB o MSN, dado que “no tienen tiempo” para verse.
Con equilibrio, podemos hacer grandes amigos en estos tiempos y por estos medios. Sin descuidar a los que vemos personalmente, desde ya.
PD: Viviste en Paris???!!! Te envidio sanamente…!!! (¿existe la envidia sana? Uh.. tema para otro post jejejej).
La envidia, etimológicamente hablando, es la tristeza o pesar del bien ajeno, y el deseo de algo que no se posee.
Podréis ahondar en el diccionario (http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=envidia).
Pero su raíz, proveniente del latín (invidĭa), da nombre a la diosa de la venganza y de los celos.
Ergo, ¿existirá la sana venganza ..?
Pablo Ale: Es importante recordar frecuentemente eso del equilibrio. Y del sentido común, no? Es un poco lo que nos lleva al primer comentario de Gaby: a la posibilidad de seguir teniendo con nosotros a los amigos con los que completamos repulgues de empanadas. Valiosa gente, valiosos momentos. Buenísimo tu comentario, sin desperdicios!
Corrector: jaaa! Qué interesante tu pregunta! Existirá la sana venganza? Bueno, en esta casa hay dos posturas:
- yo creo que no, y me inclino por la postura del perdón y el cero rencor. Nada de enroscarse con lo que provoca lo peor de nosotros. Postura al mejor estilo “Los miserables”, de Victor Hugo.
- Cucurullo cree que a veces, sí, no hay nada más sano que vengarse de la gente jodida. Y sostiene que esa venganza provoca asepsia mental. Así que adhiere con fanatismo al primer tomo de “El Conde de Montecristo”, de Alejandro Dumas. (Al segundo no, porque sabemos que fue escrito bajo presión. Cucurullo invalida ese “undo” vergonzoso del autor).
El debate en esta casa continúa tras largos años, pero no tenemos un limpio ganador. Sin embargo, los dos estamos de acuerdo en votar a favor de la sinceridad. En el ejemplo, si hay declaración de envidia, honesta y simple, creemos que se puede admitir y trascender… entre amigos, eh? Porque, por lo demás, el asunto de sentir envidia a veces es casi inevitable, Corrector!
Gracias por los aportes Corrector… En mi escala de valores la envidia figura en la lado “malo”, pero por otro lado está en nuestra naturaleza envidiar. Queremos siempre lo que el otro tiene, y a veces cuando lo conseguimos, después ya no lo queresmos… ja!!! Dice un probervio oriental que la mejor venganza en la no venganza… También decían en el film El Padrino que la venganza es un plato que se come frío. Decía allí la etimología que también la diosa en cuestión tenía potestad sobre los celos… ¿exitesn los celos sanos? uh… otro tema… ja…!!!
Son dudas existenciales: ¿cuál es la frontera entre la envidia y la admiración? ¿Y entre el orgullo y la dignidad? ¿Y entre el capricho y la perseverancia? Uh… basta…!!! Me fui de tema…!!! Saludos!!!
Va con apuro, eh? Porque es un tema que me interesa mucho. Espero poder ampliar mi opinión! Por ahora digo que el tiempo de Steve Jobs es maravilloso para la amistad. Para las antiguas que sigan siendo (no todas) y para las nuevas cuando todavía hay lugar en el alma. Disiento en esto con mi gran antiguo amigo Quique. Lo digo claramente, me siento amigo de varias personas que hasta ahora sólo conozco virtualmente. Es más, la publicación de mi próximo libro será, espero, la ocasión de verlos personalmente ya que algunos de ellos tendrán la generosidad de presentarlo. En mi opinión hay que cuidarse de los dos extremos, la de llamar amigos a todos y la contraria, a veces, excesiva también, de no llamar amigos a nadie o limitarlos a los dedos de una mano y otras frases banales.
Va un chisme más, en marzo realizaremos también una reunión de un grupo de fb llamado “locos confederados unidos para un mundo mejor”, que tiene 10 administradores (de los cuales no conozco personalmente a 4 pese a haber “creado” el grupo) convocados y unidos desde los objetivos comunes. Mi amiga Verónica es uno de ellos, como lo es Quique, Ana María y otro frecuente visitante de este blog, Ricardo P). Beso/abrazos. JM
Bueno, la farándula virtual que te rodea tendremos mucho (y bueno) para hacer acompañándote en este mes de marzo, Juan Manuel!
Quique expresa algo muy válido, eso de reivindicar la amistad que todos valoramos, bien “cuerpo a cuerpo”. Creo que tanto cambio tecnológico trae otros cambios en las relaciones a los que todavía no estamos tan acostumbrados (ni Quique ni nosotros!), sobre todo en lo referido a las relaciones entre amigos. Está claro que en las relaciones de pareja la convivencia y la cercanía física es esencial, obviamente, pero yo creo que las relaciones de amistad permiten ciertas flexibilidades en las que la tecnología puede meter una buena cuchara. Y todos nosotros, saborear el contenido!
Y si…vínculos de pareja virtuales serían un poco extraños, no? (pero que los hay, los hay!)
¿Sabés que hace ya varios años no quise formar parte de un proyecto para realizar terapias virtuales? Era el comienzo de algo que luego se extendió mucho, pero creo que en ese campo también se necesita el “cuerpo a cuerpo” (pese a que con pacientes que viajan lejos o en casos muy especiales he tenido algunas experiencias breves). Por otro lado desde la Fundación hicimos unas de las primeras experiencias de e-learning, pero nos adelantamos 5 años! Ahora son comunes, en esa época nos miraban como si estuviéramos locos (por los contenidos interactivos, etc en una época en que todo lo hacíamos a pulmón, no como ahora que hay empresas para eso).
Te agrego a mi comentario, y acercándome un poco a Quique, que creo que lo virtual es una vía inicial, moderna y válida (como decís en tu posteo), pero luego el desarrollo de un vínculo requiere de un contacto más directo. En definitiva, sin excesos, aprovechar los cambios, sin alterar las esencias. En todas las épocas lo nuevo fue resistido, yo creo que lo nuevo hay que encauzarlo y aprovecharlo. Algo más (estoy un tanto desordenado, no?): también con Quique, compañero de muchos años y sobre toda muchas vivencias, la virtualidad nos permite encontrarnos más seguido, aunque nada como esos breves encuentros directos de tanto en tanto, en los que pocas palabras alcanzan.
De paso, la capacidad de encontrar gente afín y/o interesante se amplía notablemente con lo virtual si se sabe buscar. Sorry por mi locuacidad!
Sí, Juan Manuel tiene razón, pero me pregunto entonces cómo hacía la gente para conocerse y contactarse antes de esta revolución virtual… O sea, la gente con intereses afines se encontraba igual (”aves del mismo plumaje se juntan”, dice el refrán). Por otro lado habría que evaluar la calidad y la intensidad de esos encuentros por que a veces uno tiene contactos cara a cara que son totalmente insustanciales y por otro lado tiene encuentros por este medio que te llenan el alma. Eso sí: nada se compara con conversar mirando a los ojos a un amigo y darle un gran abrazo. Saludos!!!
Bueno, yo creo que en toda época estuvo eso que dice Pablo: “aves del mismo plumaje se juntan”. Hoy es más fácil que nunca acceder a esas aves, por lo menos virtualmente, pero también sucede que es más difícil entenderse con las de distinto plumaje, no?
Recuerdo ese pensamiento de Emerson: “La única manera de hacer un amigo es serlo.” La actitud de acercarse al otro, no? Creo que es lo que cuenta, al fin y al cabo.
P.D.: Cuánto aprendo con sus contribuciones a este blog, gente. Qué interesantes sus comentarios! Gracias por escribirlos acá.
Yo creo que si se puede iniciar una amistad de una manera virtual, y mantenerla con la misma fuerza que si fuera cuerpo a cuerpo, y también que una amistad del pasado sea imposible llevarla al presente. No creo que pase por el tipo de vínculo, sino de las personas, y la química y la identidad entre ellas. Podes tener a una persona al lado y sentir un muro, o miles de kilometros y sentir la proximidad.
Una de mis mejores amigas es virtual, la conocí por internet, y hablo mas con ella que con muchas que tengo mas cerca, me apoyó en mis malos momentos y estuvo mas cerca mio que otras personas, y sé que puedo contar con ella.
Creo que todo esto lo determinan las personas y no tanto las circunstancias.
un beso
Bueno, Ana, qué manera de estar de acuerdo, porque a mí me pasa lo mismo. MUY lo mismo, jaaa! Besos.
COMPARTO MUCHISIMAS DE LAS COSAS QUE ESCRIBIERON, SOBRE TODO ESO DE QUE LA COMUNICACION VIRTUAL ES UNA VIA INICIAL MUY BUENA PARA CONOCER GENTE INTERESANTE QUE TAL VEZ DE OTRA FORMA NO LA HUBIERAMOS CONOCIDO, UNO “POR LO GENERAL” NO PARA GENTE EN LA CALLE AL AZAR A VER QUE GUSTOS MUSICALES O LITERARIOS TIENE O A INTERCAMBIAR EXPERIENCIAS, ESO SI , PARA QUE ESTE VINCULO SE DESARROLLE Y PERDURE ES NECESARIO EN ALGUN MOMENTO SALIR DEL MUNDO VIRTUAL,SINO TAMBIEN ES AMISTAD PERO A OTRO NIVEL, EN EL MONITOR TODO SE VE MUY LINDO……..SOBRETODO CON UN 27″…….., PERO LA REALIDAD ES OTRA COSA, EN LAS VIVENCIAS, EN EL COMPARTIR COSAS…….COMO EL REPULGUE DE LAS EMPANADAS…….AHI SE VE DE QUE ESTA HECHA ESA AMISTAD……SINO TODO QUEDA EN UN PLANO MUY SUPERFICIAL.
GABRIELA, LO DEL REPULGUE A ESTAS ALTURAS YA PASA A SER UNA FRASE CELEBRE!!!
Javi, es cierto, la del repulgue es LA frase de este post, eh? Ejemplifica la amistad presente, familiar, sin caretas. Buenísima imagen.
Y la amistad virtual siempre es mejor si desembarca en el mundo real, por eso yo espero llegar un día de estos a Villa Regina, con un tupper con relleno de empanadas bajo el brazo y unos paquetes de tapas en la otra mano, para tocarte el timbre y que nos pongamos a hacer repulgues, Javi, jaaa! Qué te parece?
PERO SIII!!!!!………PRENDO EL HORNO DE BARRO Y NOS TOMAMOS UNOS BUENOS MOJITOS MIENTRAS HACEMOS EL REPULGUE!!!….JA!