Un nuevo comienzo (parte 2 de 3)

caretasQué es lo primero que hace una mujer que sufre por amor? Facilísimo de responder: llora, baja tres kilos en setentaidóshoras, llama por teléfono doscientas veces por semana al hombre por el que suspira noche y día y se lee de cabo a rabo “mujeres que aman demasiado” o “los hombres son de marte, las mujeres de miércole a vierne”, o cualquiera de esos libros de autoayuda que a lo único que la ayudan es a estar ocupada un rato entre llamada y llamada al hombre en cuestión. También se dedica a torturar a sus amigos contándole al detalle las conversaciones telefónicas con el susodicho y reciente “ex” –en las que el “ex” dijo, en general: “sí”, “no” o “me tengo que ir”-, justamente hasta que llega el momento en que esos amigos también se saturan de ella o se tienen que ir.
Bueno, yo por un tiempo (unos cuantos meses) hice todas esas cosas. Y me autocompadecí bastante por mi vida tan perra, también.
Pero llegó un momento en el que me cansé de ser una víctima de mi debilidad, como dice la canción de “Los auténticos decadentes”. Y necesité hacer algo más por mí misma. Dejé de mirarme el ombligo y me fijé en todo lo que había alrededor y que tan bien me hacía si yo dejaba de boicotear ese pasaje hacia la estabilidad emocional: excelentes amigos, un ambiente ameno de trabajo, la familia, toneladas de libros (a la mierda con “las mujeres que aman demasiado”), tiempo para dedicarle a otros… y mucho, mucho por aprender en este mundo tan ancho y ajeno.
Un día me encontré paseando serenamente por la ciudad, comprometida en algo que no implicaba ese respirar entrecortado y nervioso de la mujer que está en mil cosas y ninguna al mismo tiempo, ni corriendo, trabajando, estudiando u ordenando el departamento a las apuradas: me encontré disfrutando de mi tiempo SOLA, por primera vez, después de tanto Noviazgo con Papeles y jornadas agotadoras de trabajo o de estudio vividas entre aeropuerto y aeropuerto y, después, Apasionantes Encontronazos con el Amor de mi Vida.
Y me gustó lo que veía en mí. Con el corazón roto o no, de todos modos había mucho para ser feliz. Parece un contrasentido, pero no lo es: la felicidad es un momento vivido a pleno, celebrando cualquier verbo en presente, y eso lo podés hacer aunque tengas el corazón roto y aunque la responsabilidad de la rotura haya sido casi toda tuya. Sentirse feliz es de lo más democrático que hay, lo puede hacer cualquiera si se olvida un poco de ser un “personaje melodramático” por un rato, y deja de bloquear la entrada a lo bueno que anda dando vueltas.
Paradojas que se producen a veces: cuando dejé de sentirme una víctima desgraciada, dejé de ser, también, un elefante en un bazar en relación con el Amor de mi Vida. Me refiero a la relación entre su teléfono y el mío, claro, porque él y yo no nos veíamos cara a cara desde hacía meses. Y me refiero a que dejé de arruinarlo todo porque, sencillamente, dejé de llamarlo: había pasado tantas cosas entre nosotros, y habíamos hablado tanto uno con el otro, que ya lo único que cabía en ese espacio vacío era el silencio.
Así fue, también, que un día cualquiera en medio de un curso de no sé qué –teníamos que “hacer número” entre los asistentes, porque uno de los instructores era el novio de una buena amiga mía- conocí a No Me Acuerdo Quién.
No Me Acuerdo Quién tenía –o creo que tenía, porque honestamente No Me Acuerdo, recuerden- el physique du rol de un Presidente de Banco Central. Esa clase de hombres con pinta de muy prolijos que, como decía un amigo mío, nunca harían pis en la bañera mientras se dan una ducha. Muy rubio, también. Lo de ser muy rubio es de una flojera estética importante para mí (detalle subjetivo si lo hay, caramba): los hombres siempre me parecieron mucho más interesantes en su versión “morochos”, no sé por qué siempre me sentí rara frente a un candidato mucho más rubio que yo, es como que me faltaba un contraste bien necesario. Rodri, un amigo gay que comparte mis cánones estéticos, lo resumió en una frase brillante: “Es que el lesbianismo, no, no va, nena”.
Pero No Me acuerdo Quién me invitó a cenar una noche de sábado y, honestamente, fue tan elegante en su forma de invitarme que yo hubiese quedado como una grosera rechazándolo. Así que… dije que sí. Y me llevó a cenar a un lugar paquetísimo. Y el punto es que No Me Acuerdo Quién fue tan correcto y formal que me aburrí como una ostra. No dijo ni una palabra inconveniente, porque todo lo que dijo en esa cena resultó una colección de clichés, y el acartonamiento progresivo me dejó toda contracturada. Media hora después de haberme pasado a buscar por casa –muy puntual- hubiera dado lo que fuera por encontrarme sola de nuevo en mi minúsculo departamento, recostada en el sofá, los pies en alto, comiendo helado del tarro y viendo “Sleepless en Seattle” en video por décima vez. Tenía ventisiete años y ya miraba con simpatía la vida de cualquier solterona. Ya solamente me faltaba comprarme dos gatos y bautizarlos con nombres en sánscrito para tener una vida solitaria y perfecta.
Con No Me Acuerdo Quién no hubo segunda cita: en esa cena yo me aburrí soberanamente y creo que -sólo por pasar el rato- durante el café llegué a plantearle que estaba considerando dejar de depilarme para siempre, como las francesas (eso de que las francesas no se depilan es mentira, pero suena genial para remontar un concurso de bostezos, no es cierto?). Nunca más nos hablamos y supongo que por ahí seguirá, bancocentraleando.
Pero es que entonces lo tuve clarísimo de una vez: ya conocía al Amor de mi Vida, no necesitaba andar buscándolo en otros. Podría superarlo y vivir sin él? Seguramente que sí, podría hacerlo. Me refiero al hecho incontrastable de que yo seguiría por acá, en el mundo de los vivos: no iba a tener un paro cardíaco y morirme al día siguiente. Pero él continuaría siendo el Amor de mi Vida aunque lo negara tres veces y siguiera adelante viviendo la vida de otra. Y también pudiera ser que con el tiempo reconstruyera mi vida en pareja con otro hombre, quién sabe. En ese momento, sin embargo, no tenía ganas de salir a escena travestida de otra mujer superada y perfecta. Era feliz algunas veces, ya les conté, pero también amaba, “sin prisa pero sin pausa”, a alguien con quien no podía estar como yo quería estar, y eso no lo cambiaba con cualquier actitud negadora de superación personal en diez pasos, o en menos de diez neuronas.

(y hablando de números: ya van casi mil doscientas palabras en este post, mis queridos, así que la seguimos la próxima).

24 Responses to “Un nuevo comienzo (parte 2 de 3)”


  • muy buena segunda parte.

    lo mejor es aprender a estar solo consigo mismo para despues poder estar bien con los demas !

  • no me gustò eso que puse “consigo mismo”, lo cambio por “aprender a estar bien con uno mismo!”

  • Celebro no haya optado por los gatos sánscritos. La canción sería distinta ..
    Dejar de: 1) mirarse el ombligo, 2) boicotearse.
    Estos ceses permitieron muchas cosas, entre otras darse cuenta e’ lo que pasaba, y tomar medidas concretas pa’ salir del fandango.

    Y (sometimes) personajes como No se Acuerda Quien, permiten que uno fortalezca/registre al Amor de su Vida.

    El Amor, comedia en tres actos con infinitos personajes. Un clásico, porque perdura a través del tiempo (y no es virtual).

    • Bueno, estos personajes son los mínimos requeridos para que una historia de amor se afinque en la vida de una y hasta se aprenda algo en el camino, no? Hasta los No Me Acuerdo Quién son necesarios, definitivamente. Si nada de esto funcionara, la única opción en pie seguirían siendo los gatos, Quique (que, como habrás visto, no la descarté del todo en algún momento de todo este asunto, ja!)

  • Bueno, aunque me propuse solo escribir algo al final de la tercera parte (si es que tenía algo para decir)no me resisto a unas mÍnimas líneas para felicitar el estilo, el buen gusto y la gracia de este posteo. Imperdibles las pequeños comentarios entremezclados en el relato. Brillante! Aguardo la tercera parte con ansiedad creciente…

    • JMB, por tu profesión debés recibir muchos “posteos en vivo y en directo” de este tipo, así que no sabés lo que agradezco que todavía tengas la buena voluntad de pegarle una leída a esta historia. Hay comentarios de amigos que son la cereza de cualquier postre, por eso me gusta recordarlos… mucho más que detalles de vital importancia (?) en la historia como el nombre de No Me Acuerdo Quién, ponéle! jaaaa! ;-)

  • gabriela tomassini

    La verdad es que no tengo la mas minima facilidad para escribir como es el caso de Bulacio por ejemplo asi que te digo.Manda la ultima parte Molina!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    • Gaby, estás hecha una lectora insaciable de blogs! Esto es un camino de ida: empezás a leer los blogs de tus amigos y al rato terminás teniendo el tuyo! Andá reservando la página “gabrielatomassini.com”, vas a ver cómo te enganchás escribiendo! ;-)

  • gabriela tomassini

    Puede ser que a veces lea otros blogs,pero Milina usted es mi preferida ehhh!!!!

  • gabriela tomassini

    Molina quise decir…te dije que no tenia facilidad pa’escribir. jaja

  • milina = “milena + molina”

    • Bueno, ya que estamos te cuento, Mago, que ahora en esta casa tenemos un problema doméstico: Mile -5 años- ya me preguntó varias veces cuánto tiene que esperar para poder tener su propio blog… (?)

  • Patricia de Torres

    Vero…me atrapás (y eso que sé que estan juntos!!) pero tu forma de escribir atrapa tanto como para salir de casa con retraso! ;)
    Se que terminan juntos, (fabuloso) pero no se como llegaron a este presente dichoso y tan merecido!! Esperaré a mañana!!! Otra vez: GRACIAS

    • Ay, Patri, me hiciste acordar a esa canción mexicana, “El rey”: “No hay que llegar primero, sino hay que saber llegar”… jaaa! Llegamos, tarde pero seguro! ;-) Mañana te cuento.

  • decile a mile que cuando sea alta como papa podrà tener su pagina………

    no me gusta exponer tanto a alguien tan chico

    somos bajo perfil los del vieytes

    • No va a tener blog hasta que no tenga registro de conducir. No es de caprichosa: yo hice lo mismo… jaa! Hace poco que tengo el registro, Mago, peeero mucho menos que tengo el blog, así que… es la jurisprudencia de la casa. ;-)

  • Querdia Veronica del Boca:
    Como dice tu lectora Patricia, atrapante, sin desperdicios!
    Aunque podrias tener un poquito de consideracion por mis 5 horas de diferencia y postear 5 horas mas temprano que la mañana de BA asi yo leo el capítulo final realmente por la mañana!!!
    Porque aunque conozco el final, los detalles son lo realmente “sabrosón”.
    Mirá, con que te levantes de la cama despacito y en puntitas de pie a las 2 de la madrugada de BA y hagas un copy-paste es suficiente, Vero! Hasta lo podes hacer con los ojos cerrados, juaaaaaaaaaa
    Cucurullo va a estar roncando seguro y si no, te va a entender y en una de esas hasta lo toma como un piropo!!!que nosotras tus seguidoras estemos esperando a leer por adelantado tu post con el de protagonista!.
    Cariños

    • Pobre Cucurullo, él es realmente MUY bajo perfil, JAMAS podría entender que nosotras hagamos esas triquiñuelas horarias para estar más on line sobre nuestra historia (de final anunciado, además, no?).

      Pero más allá de todo eso, quiero que tengamos la experiencia de un “desayuno juntas” aunque estés en Bélgica, mi querida, así que voy a ver cómo hago, pero te prometo que con el primer café de TU mañana de mañana este blog estará actualizado para que puedas leer el nuevo post. Cariños.

  • Ja, está bueno reconocerse en otras personas de cuando en vez. Yo también salí con un bancocentralero (o algo así, digamos que da el tipo, auqneu no sea bancocentralero de endeveras), y salí con un No me Acuerdo Quién (porque olvidé su nombre, sólo recuerdo que su apodo, que le pusimos con unas amigas, fue “Pesadilla”. Así que imagínese.
    Y también me reconozco en eso de mirarme de golpe y ver que una (una, tan una, tan “eso que no se sabe qué es” hasta que UNA se encuentra solita) puede ser montones de cosas, además del amor de la vida de alguien.
    ¿Será que finalmente todos pasamos por quilombetes parecidos? ¿Será que al final somos todos demasiado iguales y nos la pasamos dando vueltas por la vida creyéndonos más originales que modelo de Versace?
    Le dejo la inquietú.
    Besos. Espero el final, mordiéndome las uñas (bah, obviamente, no soy nada original con eso, y además, me como las uñas desde que era así de chiquita).

    • Yo creo que como decís tan bien, todos pasamos por quilombetes parecidos. La diferencia está en qué es lo que aprendemos de ellos, y nada más. Si tenemos la cabeza para algo más que para portar rulos, seguramente nos llevaremos algo bueno de todo el asunto, por muy jodido que sea de atravesar. Y sinó… bué, sinó nos quedaremos desenredando la madeja un rato largo!

      Besos, Milenius!

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