No les pasa a veces? Mucho tiempo “en el afuera”, exponiéndonos sin demasiadas ganas, mucho café de máquina de oficina (o de bar) para paliar esos deseos repentinos de dormir la siesta, mucho sudor como souvenir de calle pegajosa e incandescente, y al instante temperatura ambiente de aire acondicionado (alguno, acondicionado como para dar una vuelta por las afueras del polo). Entrar y volver a salir: verbos para pensarlos bien. Para los que nos quedamos en la ciudad en el verano, seguir el ritmo de siempre se hace bastante duro con estas temperaturas agobiantes.
La gente va llegando de sus vacaciones (ya? no se quedaban quince días? que ya pasaron las dos semanas? ay, mirá vos cómo pasa el tiempo!), y nos acumulamos en un ir y venir, de acá para allá, ahora en plan familiar o con amigos, otra vez. El sabor del reencuentro: Off y protector solar.
Y el verano que se deja caer, aplastante y aplastado, sobre la rutina de una ciudad que no quiere abrir los ojos todavía. Habrá que seguir esperando, en el dolce far niente -si se puede, y todo lo que podamos- a que decida volverse, remoloneando y aún en sueños, para despertarla y sonreírle apenas. No sabe -nunca sabrá- de todas las ocasiones en que en estos meses pensamos en abandonarla para siempre.



¡Cómo son de cambiantes nuestras emociones y cuánto nos pesan a veces las cosas! Añoramos lo que decidimos dejar, soñamos lo que no tenemos e ignoramos lo que lo que sí. Pero, a no desesperar, ¡Así somos! Si tan solo pudiéramos recordar, si pudiésemos comprender que muchas de nuestras emociones son transitorias… Sólo con un poco de distancia podemos ver el extraño conjunto de nuestro interior y sus contradicciones.
Verónica nos muestra diariamente y con lucidez y valentía algunos de esos raros caminos humanos, ondulantes y vacilantes. Y siempre deja ver detrás de ellos, la luz de lo diferente y de la esperanza. En mi modesta opinión, leerla de corrido, como a veces tengo que hacer cuando no puedo seguirle el ritmo, nos muestra mucho de nuestra humanidad y de las enormes posibilidades de enriquecer nuestras vidas a pesar de nuestras contradicciones. Nuestra esencia nos los permite. Gracias Vero!
Gracias, Juan Manuel! Y sí, mi “fresco de un verano muy poco fresco” es parte de ese tirar la toalla emocional que nos invade de a ratos. Pero que no nos coloniza la cabeza del todo, es cierto eso, y a pesar de los impulsos impensables -por lo de ser impulsos, nomás- se sobrevive al fastidio y a la pesadez, renaciendo al poco (o mucho) rato. Como el Ave Fénix.
Cariños!
ESTOS DIAS ME TIENEN A MAL TRAER, MUCHAS COSAS QUE POR LO GENERAL NO ME DAN LO MISMO EN ESTOS MOMENTOS SI, MUY POCAS GANAS DE ESFORZARME POR…….LO QUE SEA, PERO NO SE SI ES EL CALOR U OTRA COSA,PERO QUE ESTE CLIMA AYUDA PARA EL BAJON SEGURO, PARA ESTA EPOCA DEL AÑO Y DESPUES DE LAS VACACIONES SIEMPRE ME QUEDO COMO EN STAND BY……
CREO QUE A PARTIR DE ACA EMPIESA VERDADERAMENTE EL NUEVO AÑO.
PERO COMO DICE JMB NUESTRAS EMOCIONES SON MUY CAMBIANTES, YA CAMBIARAN LOS ANIMOS!!!
Es éso, como vos decís: en stand by. Esa es la sensación del verano a finales de enero en la ciudad. Besos, Javi! Ya cambiarán los ánimos, y un buen día cambiarán tanto que hasta puede que no te gusten más los mojitos… jaaaa! Cariños.
Creo que estoy como varios aca…. en stand by, con el peso del calor encima..,aunque le eche la culpa al calor, sé que no es eso…pero se me hace como un transucrrir solamente, sin ganas de nada!
el calor me aplasta… la vida, a veces tambien.
pero, ya va a pasar!
un beso
Lo bueno, Ana, es que con la excusa de “es el calor” no tenés que dar explicaciones de nada. Enero en Buenos Aires es el mejor momento para estar soportando una crisis sin que los demás molesten con sus preguntas o interferencias… qué buen sentido de la oportunidad, nena! Vas a ver que para cuando todos se aviven y se despierten del letargo, vos ya estás mejor también. Cariños.
Volviendo de Vacaciones!
Volviendo a tu blog que extrañé tanto (una de las pocas cosas que me hacían falta junto al cafe supercontinentallibresirvasetodoloquequiera)!
Volviendo!
Volviendo, veo, del lugar donde uno nunca se va…
deja el cartelito de “enseguida vuelvo” por un ratito, porque todo es tan fugaz…. Vuelvo enseguida, en serio.
Todo se pasa volando… por eso, este año quiero conjugar mucho mas el verbo disfrutar.
Y Shhhhhhhhhhhhhh que la ciudad todavia no se despierte demasiado, así un poquito de dolce-far-niente a media máquina hago por unos dias mas.
Besos!
Te digo (susurrando, para que la ciudad no se despierte): bien-ve-ni-doooo! Sé que te derretiste en Cataratas, pero don’t worry, acá no hubieras extrañado ni un poquito los calores de Iguazú: estuvo igual de “veraniego” que allá, pero sin el paisaje verde de fondo.
Y sí, conjugue, mi querido M.C., conjuguemos lo más que podamos esto de disfrutar y no dejar pasar el tiempo sin haber escrito y descubierto y dicho y exprimido todos los tiempos verbales de esa palabra. Shhhh..
Hasta la ciudad sofocante y el aire tórrido cobran belleza cuando las describes con tus palabras. ¡Me encanta!
Gracias, Zilniya! Es una queja morosa pero en el fondo enamorada de esta ciudad, también, no? Una mezcla de melancolía (el calor, la baja presión, tú sabes) y esa sensación tan extraña que te va quedando en el cuerpo cuando intuyes que ésto, el sofocón de hoy, también pasará assssí de rápido. Besos gigantes!
El verano porteño es duro. Un poco por las pegajosas altas temperaturas, y otro tanto porque pareciera ser un tiempo del “no ser”. Es una época extraña. Parecieramos ingresar en un interregno parlamentario, por mas que no pertenezcamos al poder legislativo, ni al judicial. Se vive algo así como una feria judicial extendida. Y todo aquel que no se toma (y no se va fuera) durante el mes de enero, ha de ser un ET, o lo harán sentir así.
Sin embargo, Félix Falucho Luna (otro grande que nos dejó durante 2009), percibía una Bs.As. distinta en enero, con menos gente, mas transitable, con horas que transcurrían distintas a las del resto del año. Y empecé a mirarlo con esos ojos. La picardía de Falucho residía en que se rajaba los fines de semana a su oasis de Capilla del Señor. Creo se pueden conjugar la belleza de una ciudad igual y a la vez distinta, y arrancar el año a full, laburando, planificando y queriendo incluir en la agenda nuevita, los sueños a concretar.
Quizá esta música te ayude, es el Bud Powell Trio, interpretando a Harry Warren (allá por 1962), con “There will never be another you”.
Bueno, yo casi siempre pasé enero en Baires, y casi siempre, también, vislumbrando al anochecer -cuando baja el sol- cómo se viene todo el resto del año, en charlas ociosas con Cucurullo y Mile (y también pan & queso, infaltables!). Lo que vos decís con tanta belleza, no? aprovechar ese momento de impasse en el que nos da tan bien planificar todo lo que queremos incluir en la agenda nueva, sueños y recontra sueños, también! Voy a por Bud Powell Trío, cariños!