Sospecho que nuestra actitud con el dinero dice mucho (pero mucho mucho) sobre cómo somos realmente. Tal vez más incluso que nuestra intimidad sexual, un tema que en general no andamos contando a todo el que se nos cruza por el camino.
Será por eso tal vez que entre amigos de mucha confianza es frecuente que nos tropecemos con confesiones de todo tipo -sí, sexuales también- y de mucha profundidad sobre cada uno… pero que no sepamos realmente sobre “ese uno” cuánto gana por mes o cuánto gasta por semana. En las parejas, no es extraño tampoco ver cómo entre ellos se ocultan información sobre el destino del dinero del que dispone cada cónyuge individualmente, e incluso del que se comparte entre ambos. Y hay muchos que hacen la vista gorda sobre procederes bien desordenados de su pareja con respecto al dinero, como si se tratara de un tema tabú. Parece ser peor que preguntar: “Me fuiste infiel alguna vez?”
Y tal vez el manejo del dinero sea realmente un tema tabú, por eso hay tantos escrúpulos para abordar sus frecuentes sinsabores. “Lo que ganas es lo que vales”, parece susurrar ese recibo de sueldo o ese talonario de facturas. Por eso nunca les decimos a los otros -y no hablo de esos otros que parecen posibles malhechores, sino de amigos de toda la vida-: “todos los meses recibo cinco mil”, sino simplemente “gano lo suficiente para vivir dignamente” (sin decir cuánto es digno para vivir según cada quién), o lanzar un escueto “gano bien” (puede que ese “bien” sea algo envidiable entre los oyentes, pero de eso tampoco podemos estar seguros).
Escondemos a los demás nuestra forma de administrar el dinero, lo que -es mi humilde opinión- hace que, entre otras cosas, los números se nos enrevesen más de una vez. Porque al fin de cuentas no hay nadie a quién contarle nuestros pecadillos. Así que veo que es muy poca, poquísima la gente con lucidez e inteligencia para manejarse racional y austeramente con el dinero. Hay mucha farándula local que es muy tacaña en pequeñeces, para después dejar fortunas enanas en un shopping un día de descuentos, u otra fauna compulsiva que no dispone de dinero en efectivo el día trece del mes, pero gasta descontroladamente con su tarjeta de crédito.
Pero el tema no termina ahí. El problema es que si no estamos dispuestos a administrar con cierta madurez lo que tenemos y a renunciar a lo superfluo, dicen los que saben que no podremos ahorrar algo hoy y ver el beneficio más adelante. Más allá de esos clichés al estilo “ahorrar en este país tan inestable no sirve para nada”, lo cierto es que la actitud de saber decir “no” responsablemente a aquellos productos que a lo mejor hoy podamos comprar pero que no tienen valor más allá de la gratificación inmediata, nos hace más sanos en todo sentido. O por lo menos, eso pareciera cuando vas a una casa llena de chirimbolos de último diseño, cuyos propietarios viven a los saltos tapando agujeros -más o menos discretamente- sin que nadie sepa ya ni cómo ni cuando fueron perforados en sus economías hogareñas.
No es fácil, en este mundo todo está en oferta para ser consumido hasta la quiebra o la obesidad (cuánta comida chatarra disponible!). A veces pienso que si existiera únicamente el trueque como forma de pago y todavía tuviésemos que salir a cazar para lograr nuestro sustento -vale decir, si viéramos el esfuerzo contante y sonante ante cada decisión de entregar bienes y recibir otros a cambio- seríamos más pobres y elementales en muchos sentidos, pero más saludables también. Y tendríamos una cabeza más despejada y madura.
Un mantra, una pregunta de filtro ante cada tentación momentánea: “Es ésto lo suficientemente bueno para mí? Es tan útil o hermoso como para que yo sacrifique mi energía por tenerlo?”.
El dinero es energía. Pero yo me olvido, tú te olvidas, él se olvida… porque al fin y al cabo, todo se abona en tres cuotas con tarjeta.



me gustaria no ser tu amiga, para ver si aun asi lo que escribis me sigue gustando tanto.- Pero como tampoco soy/fui a amiga de marai, wilde, auster, lessing, saramago y una interminable lista de etc y aun asi amo lo que escriben/escribieron, no tendria sentido intentarlo con vos: me encanta lo que y como lo escribis, no hay remedio!!!
Y sobre este tema, hace ya unos cuantos, cuantos pero cuantos meses tome una decision que mantengo a rajatabla: solo compro lo que ME ENCANTA, y si no ME ENCANTA no lo compro.- Asi, logre no comprar montones de cosas que en el contexto del momento me gustan, pero que a la semana siguiente, al mirar lo superfluamente comprado, me pregunto: y esto, por que cuernos lo compre??
En un mundo duro como el que nos toca, el despilfarro deberia generar, al menos, un sentimiento de vergüenza.-
Qué la tarjeta despues hay que pagarla?
Ay, mi alter ego tiene la fantasia que pagar con crédito o con débito tiene un efecto similar a los billetes de El Estanciero o del Monopoly. Es como que pago pero de “mentirita”.
ME acabo de enterar entonces por este post que no solamente vivo despilfarrando energía que tanto me cuesta ganar, sino que además Visa, MAster, Maestro, Amex & Co. y todo el mundo en mis manos, me han mentido impunemente.
Y yo que vivia tan feliz en mi nube gaseosa…..
Molina,es tarde y se me acaba de borrar un comentario extenso y lindo….snif y la verdad no me da el cansancio para re escribirlo…te lo debo.
Buenas noches y que descansen.
Verónica, la reincidente en escritura inteligente.
E’ vero, la relación que tenemos con la guita es bizarra. Solemos pronunciar frases (de merda), como aquella de “el vil metal”, y luego nos arrastramos por unos mangos. Contradicciones de nuestro ser profundo.
A mi me gusta la guita, y qué? Con ella puedo comprar los discos que adoro, ir a morfar a Notorius, o escaparme un finde a cualquier lugar. Pero rara vez, ando con mas de $45 en la billetera ..
No soy adicto a los paseos de compras (vulgo “chopings”). Y considero que el tema monetario no debe ser el centro de nuestras vidas, aunque reconozco tiene un lugar mas importante que tantos otros, como la alegría, el buen humor, el mejor amor y el pronóstico diario de sonrisas.
Soy un mal administrador de las monedas, pero bueno para otras cosas (que no son tan plásticas ..)
Carpe diem!
POR SUERTE EL DINERO NUNCA FUE UN TABU EN MI ENTORNO, DESDE EL PRIMER DIA QUE ME FUI A CONVIVIR CON MI ACTUAL PAREJA,SIN IMPORTAR CUANTO GANABA CADA UNO TODO SE PONIA EN UNA LATITA Y DE AHI SALIA PARA COMIDA, MAQUILLAJE, LIBROS ,IMPUESTOS,CD ETC……..EL TIEMPO PASO NOS CASAMOS,NACIO NUESTRO HIJO, LOS GASTOS SE INCREMENTARON POR SUERTE EN PROPORCION CON EL INGRESO Y LA FORMA DE MANEJARNOS SIGUE SIENDO LA MISMA………ALGUNOS MESES MAS AHORCADOS , OTROS MENOS EL TEMA ES ADMINISTRARSE CON RESPONSABILIDAD, DE SOLTERO FUI UN COMPRADOR COMPULSIVO, ANTE CUALQUIER BAJON O DECEPCION AMOROSA SALIA A CAMINAR POR STA FE PARA EXPRIMIR HASTA LA ULTIMA GOTA DE MI TARJETA DE CREDITO, HOY YA NO USO TARJETA, GASTO LO QUE TENGO LO QUE NO, TENDRA QUE ESPERAR.
EN DEFINITIVA LO QUE ESPERO DEL DINERO ES QUE CUBRA LAS NECESIDADES BASICAS DE MI FAMILIA, QUE ME PUEDA DAR UNAS MERECIDAS VACACIONES EN EL AÑO Y SI SE PUEDE ALGUN LUJITO EXTRA BIENVENIDO……MUCHO O POCO TRATO DE DISFRUTARLO Y NO SUFRIRLO…….AHORRAR IMPOSIBLEEEEE!!!!!!
Adry, gracias por tu comentario! Yo también trato de filtrar aquello en lo que gasto el dinero. Antes era muy impulsiva con la administración del dinero (como con todo lo demás, por eso creo que el dinero es una buena metáfora de nosotros mismos). Ahora analizo antes de comprar. Hace años el análisis también llegaba, pero después, y por eso me sentía algo tonta muchas veces, porque había comprado cosas innecesarias (a veces, esquivándole el bulto a otras que sí eran importantes). Cariños.
Marcelo, viste que uno cree que lo que es virtual es como el humo? gastar virtualmente dinero que también ganamos virtualmente… parece casi metafísico. Los que visualizan el dinero bien material y concretamente – en general, la gente más grande que desconfía de las tarjetas de crédito, débito y demases- suelen gastarlo con menos liberalidad.
Gaby, eso da bronca. A mí a veces me pasa y creo que ahí la mejor solución es apagar la PC y esperar un momento más propicio para volcar la neurona en la pantalla. Tal cual. =)
Quique, en una época yo frecuentaba mucho Notorius, nos tenemos que haber tropezado por esos antros alguna vez! A mí los shoppings me aburren, cuando voy es para comprar regalos. Pero reconozco que las librerías me pueden. Y los viajes. Y los cursos de lo que se me venga en gana. Ahí tengo que frenarme bastante para no hacer estragos en la economía familiar… a veces lo logro, a veces no. =( Por eso escribí el post, vio? Bien eso de no tener más de $45 en la billetera, así no se te van tan rápido. Es un buen monto: el equivalente a un café y un CD en Notorius… ja! Genial!
Javi, eso que decís da mucha, mucha paz mental. Gastar lo que uno tiene y lo que no, no se puede y ya, a pesar de que siempre existan Avenidas Santa Fe aptas para derrapar. Como dice una vieja que conozco (filósofa del arrabal): “no hay que cagar más alto que lo que nos da el culo”. Me sigue pareciendo el mejor consejo sobre administración financiera que recibí jamás.
Bueno, si se trata de aportar desde lo objetivo no cabe duda que el mundo actual (y probablemente siempre haya sido así) le da un valor primordial al poder. Y el dinero se asocia al poder. Es lamentable, pero casi inevitable, la confusión entre el “ser” y el “tener”. Por eso, tiene sentido evaluar si caemos en esa misma confusión, tanto en primera persona como a la hora de valorar a los demás. Tal vez nos sorprendamos al ver que tenemos muchos de los prejuicios que criticamos. La fama, el éxito y el dinero son formas e imágenes del poder. Desde otro plano, podemos preguntarnos con Vero cómo manejamos nuestro dinero/energía. Aquí los modos y las prioridades serán muy variables, seguramente, aunque en cualquier caso vale que reflexionemos las nuestras.
En lo subjetivo-personal debo decir que no tengo idea ni de lo que gano, ni de lo que gasto ni de lo que tengo en el bolsillo, aunque cueste creer cuando alguno me hace alguna pregunta (”¿cuánto gastás de celular?”, “¿cuánto sale el colegio de los chicos?”, etc), en general imprudente. No es un buen método, seguramente. Tal vez por eso tampoco me crean cuando me ven en mi Peugeot 95´. Eso sí, gracias a Dios, puedo darme el lujo de viajar de tanto en tanto, de comer bien, de tomar el vino que quiero (si, está bien, a veces un whisky también) y sobre todo de poder sostener la educación que quiero para mis hijos.
Suelen haber muchas fantasías en lo que puede lograrse con el dinero y el poder, sin embargo, estoy seguro que cuando se alcanza lo deseado en ese sentido, solo se descubre un gran vacío y unas ansias aún mayores. En fin…
PD: gracias a Vero casi ni escribo en mi blog por no perderme uno de sus posteos ni los comentarios de sus habituales seguidores y dejar alguna línea. Y creo que esta bien.
pasar por graves momentos de crisis economicas (personales, no a las del pais) ayudan muchisimo a ordenarse y aprender a poner las cosas en su lugar…. y despues, por lo menos en mi caso, quedó el hábito, aunque reconozco que nunca fui gastadora compulsiva de nada.
Y por suerte , lo pude transmitir a mis hijos, lo mejor que hay es ver chicos conscientes y responsables, que disfrutan mas del ser que del tener… y eso da muchisima tranquilidad, porque los sabes preparados para momentos dificiles.
llego tarde a comentar…dias muy complicados por acá!
un beso y buen finde
JMB: bueno, podemos jugar picadas! Porque vos a nosotros no nos viste en nuestro Gol 97! Para muchos es inexplicable que todavía usemos ese auto. Pero yo sostengo que si mi marido no lo cambia por uno último modelo, por lógica tampoco cambiará a su esposa por una más joven, así que adhiero a sus preferencias por los clásicos…
Y gracias por comentar acá, sé que tenés otros lugares para escribir. Valoro mucho que te tomes el tiempo de dejarnos unas palabras en este blog.
Ana, es verdad, las crisis económicas personales ayudan a entender. O cuando estás por comprar una casa, o estás por casarte… o por divorciarte! Son momentos en donde se sacuden las finanzas y te ponés en orden sí o sí. Qué importante que tus hijos ya sepan cómo. Saber estas cosas de bien chicos te ahorra mucho mareo mental.
Otra cosa: lleguen tarde o temprano y en cualquier blog, tus comentarios siempre agregan algo valioso, así que si no te leemos acá, te leemos en “Nada se pierde” o en otros pagos blogueros. No nos quedamos sin leer cosas escritas por vos, eh?
Estoy asombrado con tanta sensatez, no solo de esta entrada, porque leí varias de un tirón.
Tu Gol 97 es un cero al lado del mío y sigo con él, porque cumple a las mil maravillas su función. Me refiero a una de ellas, que es llevarnos a toda la familia a donde queramos con comodidad y seguridad. Es cierto que patina en su otra función, la de ostentar.
En eso resumo gran parte del problema actual de la humanidad que consume recursos sólo para saciar su sed de consumo.
Saludos desde muy lejos.
si, total, uno es como gasta, y el dinero es energia, yo creo en que lo que va vuelve y propineo y me la gasto en mesas de lugares que me gustan cheers.
Gamar: qué bueno, otro candidato para correr picadas! Nos falta el auto de Cupido Motorizado y estamos todos! PD: estuve hurgueteando tu blog… buenísimo! Ya andaremos participando por ahí…
Docampo querido: lo que pasa es que usted es un dandy post ochentoso. Bien por usted y sus good manners. Y sí, le volverá todo el propinerío generoso: lo bueno que uno hace siempre tiene la vuelta bonificada. Como los remises en provincia.
Muy bueno el post, y me hizo pensar en el tema.
El sueldo sería la medida de cuánto te hiciste valer; si uno cree que debe ganar más, se va a otro lado. Si se queda, digamos que algo se está resignando.
Cuidadosa con el dinero como soy (vulgo amarreta), las tentaciones de tipo monetario nunca fueron un problema para mí. Siempre tengo presente lo mucho que me cuesta ganarme el peso, de tal modo que recién hace unos años empecé a ‘premiarme’ con objetos a mi alcance. El corralito tuvo mucho que ver en eso, imagino; después de un tiempo guardando y guardando, fue el ‘castigo’ por no haberlo gastado en algo…
Elizabeth: es muy interesante analizar por qué a veces una se queda en un trabajo que “no la merece”, que es como tener un esposo medio flojo para el matrimonio… ja! Tal vez haya cierta sincronicidad entre las relaciones afectivas y las laborales, no? Porque hay veces -momentos, situaciones, capítulos del libro- en los que en algún punto puede que demos más que lo que nos están dando. No es que siempre tenga que dar saldo cero el ida y vuelta, pero a la larga tiene que haber un equilibrio. No debemos olvidar eso en las propuestas laborales que aceptamos, es verdad lo que contás.
El corralito nos dio a todos esa sensación de: “por cuatro días locos que vamos a vivir…” y más de uno salimos por un rato a tirar la chancleta. Y el ejemplo cundió y se desparramó entre los que ahorraban, modificando en parte esa cultura de la familia inmigrante que guardaba hasta la última moneda. Otra vez, el equilibrio viene al rescate.
Por lo que contás, no sólo no sos una persona de andar haciendo zafarranchos financieros, sino que además el corralito te sirvió para aprender algo… Hay un buen cerebro dentro de esa cabeza, che!