Desde el 30 de junio del 2009 (fecha de inicio de este blog) este espacio acumuló 257 entradas publicadas y 3.970 comentarios escritos entre tutti cuanti. ¿Cómo puede ser? ¿De qué hablamos TANTO, me cuentan? Yo no lo sé exactamente, no podría explicarlo.
Como las mejores cosas que me han sucedido en la vida, este blog fue algo que inicié con más dudas que certezas, por causas que nada parecían tener que ver conmigo, y que sin embargo sostuve en el día a día con más voluntad que paciencia.
He inventado nociones de tiempo de lo más inverosímiles para dedicarle a este blog un rato diario, a pesar de… de todo lo otro que es la vida. Pero de éso (del tiempo, “todo lo otro que es la vida”) hemos hablado también en este espacio que contiene muchos tópicos hilados unos con otros en forma bastante caprichosa, como sucede, todos sabemos, en cualquier charla de café amable y cotidiana con amigos.
Cada vez que publico una entrada nueva me digo: “y bueno, listo, ahora no tengo nada más que decir”. Y ese “no tengo nada más” es un cero absoluto, termino de escribir y me siento vacía, como si este blog fuese un gigantesco Pensadero (palabra robadísima a Harry Potter) en el que deposito cualquier idea capturada por la sesera bajo el riguroso método del azar, tal como se atrapa un insecto que anda dando vueltas en pleno verano. Y entonces, una vez apresado el minúsculo bichito y depositado aquí adentro, me quedo sin nada, ni una sola idea para “más adelante”.
Y sin embargo, los temas -entre ustedes y yo- siguen apareciendo. Y así es como, sin promesas de eternidát, nos seguimos tomando frecuentes cafecitos virtuales por éste y otros blogs.
Por consideración a los comentarios -escritos con generosidad, franqueza y absoluto sentido común- desde hace un tiempo he espaciado la publicación de entradas nuevas (día por medio, en vez de todos los días): no tiene sentido postear continuamente y que todos los comentarios que ustedes han dejado el día anterior no tengan oportunidad de leerse, no? Eso es tirar margaritas a los chanchos y no, no se hace: en mi familia si se enteran, me matan… en cuestiones como éstas, tengo por bien aprendido lo aprendido.
A los que leen, a los que comentan, a los que siguen a los que comentan (por charlas de café “en el mundo real” me entero de que los comentaristas habituales tienen sus “hinchadas”, también, aunque espero fervientemente que desistan del uso de las vuvuzelas para alentarlos), a todos mil gracias por andar por acá, así sea con frecuencia o sólo de vez en cuando. Nadie tiene tiempo que perder, así que el hecho de que pasen y lean, vuelvan y participen, es un honor misterioso y sobre todo, un gesto de parte de ustedes que me emociona un poco.
Este blog es como un hijo sorprendente que viene de uno pero va más allá de uno (bueno, como todos los hijos, no?).
Resulta que Vos Estás en Pareja hace Mil años, o Dos mil, ponéle: nació Cristo y vos te casaste de blanco ese mismo día (hubo gente que no supo con qué acontecimiento social cumplir primero: si darse una vueltita por el Pesebre a dejarle a María el regalito comprado en el shopping -con descuento- para el Sacro Baby, o pasar por tu Boda y desearte felicitudes). Así que por esa época andaban los tres (Cristo, Tu Marido y Vos), recibiendo bendiciones, confites y regalos por doquier.
- No sabés, el sábado conocí a El Hombre Ideal, y estamos Tan Bien, como nunca me imaginé que podía estar Con Alguien! Somos Dos Almas Gemelas, hay una Química entre nosotros que… me parece que fuimos Pareja en Vidas Pasadas, también, porque vamos creciendo en Nuestro Vínculo como a Pasos Agigantados! Y te digo Todo Esto porque cuando estamos Los Dos Juntos -el Hombre Ideal y Yo-, siento que somos tan, tan parecidos a Vos y Tu Pareja! Idénnnticos! Por eso prefiero contarte todo esto a Vos Primero, y no a Mengana ni a Perengana, Mentendés? Porque Vos te vas a dar cuenta Como Nadie de lo Que Sentimos Él y Yo, Éllas Nidddea tienen. Y ya que estamos, ¿qué te parece si el Viernes Que Viene vamos a Cenar Los Cuatro? Vas a Ver que Ellos Dos Tienen Tanto en Común!!
Me pregunto si sé aprovechar todo lo bueno que me viene como “de regalo” en la vida, y también todo aquello otro que me costó conseguir (mucho me costó, en algún caso) hasta que finalmente se me dio: no importa si fue más suerte que cabeza, o más cabeza que culo, lo importante es que todo eso vino a mi vida y está ahí, a disposición de ser disfrutado. ¿Le doy el valor que se sigue mereciendo a Todo Lo Conseguido, ahora que “tengo por bien vivido lo vivido”? ¿Lo saboreo al cien por ciento?
Esta semana han sucedido muchas cosas alrededor mío. Amigos que yo creía que estaban bien, viviendo vidas “soñadas” muy parecidas a cuentos de hadas -por categorizarlas de algún modo & sin entrar en detalles- me han confesado sus pesares, y son pesares de los gordos: historias que hay que respirar profundo para continuarlas día tras día con una sonrisa, porque implican algunas incertidumbres jodidas de administrar. Y así y todo lo hacen (lo de sonreír), y se inventan tiempo para compartirlas conmigo (sus historias y sus sonrisas). Conmigo, que sigo contando los cinco centavos que me faltan con precisión de relojero suizo. Y, seamos realistas, tal vez por poner tanto empeño en ese detalle podría suceder que se me escurran por el otro costado una parte de los noventa y cinco centavos acumulados, no es cierto?
– Ir en auto es caro y poco eficiente: hay que pagar estacionamiento, conducir con paciencia y aceptar las demoras y los embotellamientos con resignación. Lo único positivo es que tenés lugar donde depositar cosas: la notebook, carpetas y papeles, el bolso del gimnasio, las camperas que se sacaron tus hijos al llegar al colegio y que “no piensan volver a ponerse en todo el día” (¿Los chicos de ahora vienen con calefacción central incorporada? Ninguno “tiene frío”).
“Nunca discutan sobre política, fútbol o religión”, escuché en mi familia desde que yo era un chichón del piso. No digo que el mensaje estuviese mal, porque el objetivo era evitar que uno se agarrara de las mechas con la familia y los amigos en pleno asado dominguero, pero creo que acá vamos a estar de acuerdo en que lo fundamental es aprender a dialogar sobre cualquier tema hablando y escuchando con serenidad, comentando y dejando espacio al otro para que cuente lo que opina, también. Porque ya habrán visto que en este mundo hay más diferencias que coincidencias.
Ayer leía ” De qué hablo cuando hablo de correr”, de Haruki Murakami. Y me encontré con lo siguiente que viene a cuento, más o menos: “… sea en la vida cotidiana, sea en el ámbito laboral, competir con los demás no es mi ideal de vida. Tal vez sea una perogrullada, pero el mundo es lo que es porque en él hay gente de todo tipo. Los demás tienen sus valores y llevan una vida conforme a esos valores. Yo también tengo los míos y vivo conforme a ellos. Las diferencias generan pequeños roces cotidianos y, a veces, la combinación de varios de esos roces se transforma en un gran malentendido. Como consecuencia de ello, se reciben a veces críticas infundadas. Y es evidente que no es agradable que te malinterpreten o que te critiquen. Te puedes sentir profundamente herido. Es una experiencia muy dura.
El problema de pensar en la autorrealización personal como un objetivo en sí mismo es que siempre terminamos hablando de nuestro propio ombligo. Y es que el cordón umbilical empieza y termina en el mismo lugar: el Ego. Y no tiene nada de malo que hablemos del Ego, solamente que sospecho que a veces el tema se torna monotemático. Y aburrido (el Ego no tiene sentido del humor, ése es su principal talón de Aquiles).
“La igualdad de género” es un tema que me confunde un poco: ¿se tratará del cashmere y el cashmilon, que como empiezan ambos con “cashm” marean a más de uno poco atento a las cuestiones textiles?
Ok, empieza el Mundial, santodió. Yo entiendo que el asunto es así: un mes cada cuatro años el mundo se torna carnavalesco. Entonces, como escribe magistralmente Serrat en su canción, el barrio y el planeta son como una Fiesta de San Juan, donde ya nada es lo que parece:

