La gente se divide en dos: la que hace y la que deshace.
La que hace es la que ejerce su opción y su derecho a andar por este mundo, aunque a veces ese andar se suceda por un camino algo torcido. De todos modos, a esa gente el tema de que el camino sea derecho o torcido le importa menos que la cuadratura del círculo, por lo que podemos ver.
Va un ejemplo: resulta que él el programador de sistemas. Tiene el título? No, no todavía. Pero sabe programar, así que ejerce, incluso en el mientras tanto. Hace. Trabaja de. Le gusta.Va aprendiendo. Y se prepara para “ser” también: el diploma que reciba dirá que él sabe hacer lo que ya hace, le pondrá el broche de cierre, en algún momento, a aquello que hoy ya se viene demostrando.
También está esa gente que “es, pero que no ejerce”. Y ahí me detengo, porque también ahí hay algo detenido desde antes de que esa persona me dijera esa frase. Qué es eso de ser y no ejercer? Es estar capacitado para hacer algo que no se materializa: ella es profesora, es contadora, es depiladora, es enfermera, es médica nuclear, es generala del ejército de dados, yo no sé. “Pero no ejerce.”
Puede ser ese “no ejercer” un paso más en nuestra evolución como individuos? Yo supongo que sí, si ese primer escalón que hoy no se ejerce nos ha servido para subir a otros más altos, para otros haceres y otros ejerceres.
Los casos que me dan tristeza son los que evidencian nuestros detenimientos sin causa aparente, los que no tienen una razón actual, como esos pacientes internos del hospital de la película “Despertares”, con Robert De Niro, se acuerdan? Están detenidos en algún lugar del tiempo y hoy ya no se sabe por qué.
Son ésos los casos de las mujeres que no trabajaban porque sus hijos eran chicos y demandaban toda su energía. Pero los chicos han crecido y se han vuelto grandes, y ellas siguen amparándose en una gran turba de otros haceres y quehaceres y por alguna razón no pueden volver a dedicarse a lo que saben. Y desperdician así parte de su identidad. La vuelven nebulosa en medio de una ensalada de recuerdos del pasado. Y hoy no ejercen su opción, ésa para la que se capacitaron, ni tampoco ejercen ninguna otra alternativa que ocupe ese lugar que quedó vacante con la profesión o el oficio vacío.
Cómo nos estimula para salir de ese parate la gente que se actualiza, que se prepara, que se entrena. Porque le gusta su trabajo, por sencillo o complejo que sea. Se ejercita para llegar, para sobrepasar incluso las metas que se había propuesto al principio. Esta actitud nos proporciona a los demás una visión de la evolución casi postdarwiniana, diría yo. Y admiración.
Son los que nos impulsan, con su ejemplo, a seguir por nuestro propio camino, aunque tengamos que desandar un trecho o transitar por otro un poco torcido.
Es un lindo verbo ése, “ejercer”. Porque, no sé si estarán de acuerdo conmigo, pero pareciera ser que a este mundo vinimos a ejercer nuestros dones. Y todos, detenidos o no, en algún momento tendremos que desandar caminos conocidos para desafiarnos en otros nuevos. Habrá que sacudir la mente y las piernas para que se pongan a explorar esos paisajes a estrenar a su ritmo tan personal.
“El movimiento se demuestra andando. Pues andemos.”
Un poema evolutivo (?) que intenta develar por qué las mujeres constituyen uno de los dos sexos fuertes que conozco desde el mismísimo instante de nacer, y destacando solamente aquello que hace pura y exclusivamente a este sexo fuerte y no al otro (bueno, casi exclusivamente, estadísticamente hablando):
Para los que todavía no lo saben, les informo que debo haberme gastado una buena parte de mis ingresos y unos cuantos años de mi vida tomando café con amigos, de los presentes y de los ausentes (leo mucho en los bares: la ventaja de esos amigos lejanos que me hablan a través de la palabra escrita es que puedo cerrar el libro y terminar la conversación en cualquier momento sin que el otro se sienta agraviado).
Chicas, ustedes qué dicen? Entre una noche de pasión y una tableta de Cadbury’s, con qué se quedan? Los hombres no respondan si no tienen ganas de tipear, total, tengo clarísima la respuesta.
Acá estoy con mi hermano menor, Pato. Es una foto de hace un año y monedas. Ya les explico por qué posteo esto acá. No es por “exhibicionismo familiar” (?), sino porque detrás de esta foto hay una historia. Nuestra historia.
Que la historia de Cenicienta es puro cuento, mis queridos, se cae de maduro. Y, sobre todo, es un cuento que no se adapta a nuestros tiempos.
Mi mamá se abrió una cuenta en Facebook. Mi mamá, entienden? Cuando ella tenía 9 años se hizo la luz del televisor por primera vez en Buenos Aires. Siempre creí que mi mamá había sido testigo ocasional de unos cuantos génesis tecnológicos de los que hoy nos parecen imprescindibles.
Confirmado: una persona egoísta no quiere a nadie. Solamente siente un amor apoteótico por su ombligo, que dicho sea de paso, en general es bastante antiestético (no conozco ombligos hermosísimos, que una se caiga de espaldas al verlos).
Todo llega. La Prima Vera también. Generalmente su arribo a estas tierras es bastante desprolijo: en ese día puede aparecer alguna lluvia, o presentarse algún atardecer un tanto destemplado. Rarísimo que sea un día de sol iridiscente, como hoy.
Ser una blogger muy cruel no es para cualquiera. Lo peor que te puede pasar cuando tenés prisionero a un pato de goma para pedir de rescate más comentarios en tu blog, es que el pato se te escape de la bañera. Y del baño. Y de tu blog.

