Archive for the 'Posts brevísimos (para lectores ansiosos)' Category

Soñando bajo la tormenta (que no es lo mismo que “Cantando bajo la lluvia”)

el arte Sé que a algunos de ustedes el clima tormentoso no los atormenta, pero a otros sí. Yo estoy dentro del segundo grupo. :-D

Me refiero a que la lluvia no sólo me roza el cabello, conviriéndolo en una madeja – que – no – se – deja: también se me mete dentro de la piel y el fenómeno atmosférico se transforma en algo más que un suceso aislado, me provoca algo así como un estado de sensibilidad especial.

Cuando Buenos Aires se empecina en llover, yo me empecino en seguirle el tranco a la ciudad en un tono más bajo y profundo: me visto de negro o gris (o también de negro Y gris, la variedad es infinita), escucho blues y tomo capuccinos espumosos. La melancolía me vuelve artista por un rato y entonces me aparece el tiempo que nunca tengo para leer párrafos sueltos de “Rayuela” y transportarme a los idílicos sesentas sin escalas, o buscar el novelón sentimental de Elizabeth Bennet en el cable y creérmelo todo mientras preparo brownies para el té.

Cuando llueve me gusta retroceder el reloj, comprarme tiempo a precio de remate y hacer de la vida otras vidas posibles, más sutiles, con una belleza distinta y plagada de viejos (¿renovados?) ideales.

Ayer se me quebró el paraguas cuando caminaba por la calle luchando contra el viento y la lluvia. Una cosita de nada que sucede desde los siglos de los siglos cuando la naturaleza se pone brava, pero la repetición de un suceso físico tan elemental contra mi persona me pareció un gesto de incivilizada crudeza, como de caverna antigua mordida en piedra, incongruente en esta ciudad llena de shoppings y edificios y estaciones de subte… y también, un hecho pasmosamente real y auténtico. Como no me gusta hacerle frente a las tormentas, ahí mismo me puse a resguardo, enfundé mi arma quebrada en un paragüero y me interné en las profundidades de esa caja de resonancia en que se convierte -para mí- un antiguo techo de tejas bajo el repiqueteo de las gotas de agua.

Y entonces consideré la posibilidad de escribir una novela.

A veces necesitamos un día simple

al fin, che Por ejemplo, un viernes pre – fin – de – semana – largo merece tener ese estilo.
Que puede incluir un almuerzo sencillo y frugal,
o un abrazo sin vueltas con gente querida,
a lo mejor, también, unas tranquilas horas de labor sin distracciones,
o incluso una conversación amable anque directa y familiar, al mejor estilo “al pan, pan, y a vino, vino”.

Y un post breve y simple, por qué no. ;-)

Buen fin de semana largo. Disfruten mucho, muchísimo.

Billetera mata galán: ¿qué “paga” más?

thinkings- La chica que es linda y rellenita (”proporcionada”, para ser más exactos), o la “ni”, pero delgadísima & con siliconas?

- El inteligente aunque introvertido, o el tarado extroverrrtido que te vende hasta un buzón?

- El virtuoso que tiene talento, o el que grazna cada nota pero “es que no sabés, no le tiene miedo al ridículo: lo escuchás y te morís de risa”?

- El que madruga esperando la ayuda de Dios, o el chico listo que madruga a todos a pura picardía criolla?

- Un día bien vivido, o un vivo que vive al día?

- La cordura o el caradura?

- Uno para todos, o “fútbol para todos”?

- Con gloria morir, o “Gloria, moríte”?

Entiendo y comparto ese mensaje tan general & de autoayuda que promueve el desarrollo de la “inteligencia emocional”, por supuesto, pero hay personas que lo llevan hasta el límite del absurdo (o de la impunidad?), convirtiéndolo en una excusa para ejercitar una especie de cinismo hacia lo que es naturalmente valioso. Se ha transformado en un concepto vendible a cualquier postor (ni siquiera al mejor) que tiene como “misión y visión” llevarles agua para su molino a los oportunistas de siempre, a ésos a los que el mundo les resbala con una facilidát comodísima de asumir, como si él (el mundo, el mismísimo mundo) estuviese en liquidación por cierre y entonces todo ahí adentro diese lo mismo (lo mismísimo).

Feliz día de la Independencia en este 9 de Julio bien argento, mis queridos todos. De la independencia de pensamiento, también. ;-)

Viajar al microcentro: post de protesta

distances – Ir en auto es caro y poco eficiente: hay que pagar estacionamiento, conducir con paciencia y aceptar las demoras y los embotellamientos con resignación. Lo único positivo es que tenés lugar donde depositar cosas: la notebook, carpetas y papeles, el bolso del gimnasio, las camperas que se sacaron tus hijos al llegar al colegio y que “no piensan volver a ponerse en todo el día” (¿Los chicos de ahora vienen con calefacción central incorporada? Ninguno “tiene frío”).

- Utilizar trenes o subtes: salen y llegan abarrotados, así que con suerte vas parado, sinó vas incrustado, colgando de los travesaños o flameando como bandera nacional en palco mundialista. “Llegar” llegás rápido, pero el desafío es llegar… sano, salvo, vivo.

- Morir en un colectivo: es el más triste de los finales. Como si te trasladaras en una lata de sardinas, con el ritmo cansino del “arrancamos – frenamos” cada dos cuadras (el chofer no sabe lo que es la “velocidad crucero”) y la constante invasión del espacio público & privado como única norma de inconvivencia… durante un rato larguísimo: más del doble de tiempo de lo que demorás en llegar con el tren o el subte.

- Taxi: caros, sucios y malos. Y los taxistas que te charlan son, en general, unos “esssageraos irredimibles”; en el mejor de los casos hacen silencio un rato para poder escuchar por la radio (en volumen furioso) los goles de Chechenia en el Mundial del ‘54. Mi fantasía es que algún día me toque un taxi como el de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, la película de Almodóvar: con asientos tapizados en animal print y colirio para los ojos. Pero todavía no me ha sucedido…

Entonces, cómo hacemos para transportarnos al microcentro? La única alternativa que nos queda es abandonarlo todo e irnos a vivir al campo, para sobrevivir de lo que saquemos de la huerta orgánica de tomates y calabacines?

Mondo cane…

El mundo es redondo… como una pelota de fútbol

Africa Ok, empieza el Mundial, santodió. Yo entiendo que el asunto es así: un mes cada cuatro años el mundo se torna carnavalesco. Entonces, como escribe magistralmente Serrat en su canción, el barrio y el planeta son como una Fiesta de San Juan, donde ya nada es lo que parece:

“Apurad
que allí os espero si queréis venir
pues cae la noche y ya se van
nuestras miserias a dormir.

Vamos subiendo la cuesta
que arriba mi calle
se vistió de fiesta.

Hoy el noble y el villano,
el prohombre y el gusano
bailan y se dan la mano
sin importarles la facha….”

Cuando termine este mes tan futbolero “se despertarán el bien y el mal” otra vez, cuenta la canción también. Las fiestas alocadas son así, no tienen ni pies ni cabeza mientras duran (aunque en este mes usan botines, condición sine qua non para desplegarse sobre la gran cancha humana). Y aunque algunos pretendan que dure eternamente para no tener que pensar en los verdaderos temas de fondo & de siempre, la fiesta tiene principio y tiene fin.

Este país, tan apasionado por el fútbol, suele tomar estos acontecimientos con la desesperación del antiguo “pan y circo”, y eso es lo único que me desagrada de toda la movida del Mundial. Me molesta toda la basura que se va a esconder abajo de la alfombra mientras el equipo argentino siga en carrera, pero no por eso me voy a dedicar a cascotear la alfombra.

No hay con qué parar la emotividad masiva: arranca la maquinaria mundialista y nos invaden con el Waka Waka y hasta con los temas musicales de corte africano de la película Madagascar (juro que escuché alguno como cortina musical en el noticiero) y antes o después haremos todo lo que dijimos que nunca más íbamos a hacer: adecuar nuestros compromisos en función de los partidos en los que juega la selección, emocionarnos o desesperarnos frente a la pantalla, leer y escuchar una sarta gigante de idioteces sobre el tema. Y sobre todo, saturarnos de celeste y blanco en pleno invierno.

Las cosas son así cuando celebramos la Fiesta de San Juan.

Un poco de amor francés

salto y beso Ok, las historias de amor (las de verdát, no esas tibiecitas que comienzan con un “vamos a tomar un café y después vemos”, yo me refiero a las auténticas, las que tienen valor, las carteras falsas de Louis Vuitton no concursan acá ;-) ), las verdaderas historias de amor, decía, se inician con una pasión así como arrolladora a las que no hace falta darles ningún envión: a veces, ni siquiera podés seguirles el ritmo.

Pero cuando ya llevás un tiempo, unos años, unas décadas, media vida compartiendo el dormitorio y el cuarto de baño con ese señor o esa señora que a veces es tu media cereza del postre y otras veces tu medio limón, la relación puede volverse más vieja que vos y que él / ella. El tiempo desgasta hasta a las piedras, más aún a los seres humanos (sobre todo si nos quedamos inmóviles, como las piedras: somos mucho más blandos que ellas, así que somos más susceptibles a los daños de la erosión).

También somos más flexibles que las piedras, podemos movernos a voluntad, o casi (a veces, no podemos hacer virar nuevamente una relación hacia la luz, pero tenemos un gran margen de maniobra).

“Renovar la pasión” en una pareja, es posible? O es más maduro y realista aceptar la nueva realidad que nos transforma en parejas que transitan, naturalmente, por otra etapa diferente de la relación?

Charla de café con amigas, y ahora también, con los amigos del blog: ¿qué opinan ustedes?

Trampas de la mente

actitud- El lunes empiezo.

- Una vez que tenés hijos, ya no podés (hacer dieta, trabajar, estudiar un idioma).

- A brillar, mi amor: todo lo que reluce es oro.

- Los OTROS son egoístas, los OTROS son envidiosos, yo soy como Heidi. Por eso uso una cintita roja en la muñeca para evitar las malas ondas a mi genial buena onda de siempre.

- Creo en el amor, totalmente! Si a mí me encanta que me quieran…

- Yo no me equivoco, lo que pasa es que soy perfeccionista con una realidát que deja mucho que desear.

- Los caprichos de la moda son dogma de fe: el mal gusto consensuado es casi como el buen gusto. Por eso es mejor comprar todo en tiendas de marca, para no hacer papelones a la hora de mostrar quién es uno.

- En este negocio tienen tarjeta de crédito? Qué alivio! Porque comprar con tarjeta es gratis, no?

- Si una no consigue estar junto a la persona que quiere estar: “Él se lo pierde: el pobre tiene tanto que cambiar! No es como yo, que vengo evolucionando a full desde mis vidas pasadas, viste?”.

Cambio Obelisco por Cristo Redentor: tratar aquí

Cristo en Rio Gente querida, parto hacia la Tierra de las Capirinhas: a poquitas horas de escribir este brevísimo post estaré subiendo al avión que me depositará en el rincón mais carioca do mundo.

Primero de Mayo: Día del Trabajador. Festejo internacional. Espero que el personal del Aeropuerto no se lo tome muy a pecho y el Comandante haga gala de su profesionalismo como si fuese cualquier otro día… :-D

Ojalá que todos ustedes sí puedan disfrutar a pleno de esta fecha y descansar panza arriba, si ése es su deseo. Cae sábado, ok, pero como en todo, ya sabemos que pasarlo de la hostia tiene que ver con otras cosas, no es cierto? Yo, por lo menos, no me acabo de enterar: los años me lo vienen demostrando sin que les ande preguntando nada.

Cariños gigantes y los veo / leo después, en el Área de Arribos de este blog.

Soltar todo y largarse

why not Querer es poder. Donde sea, como sea, con las posibilidades que tengamos… algunos con mejores cartas para jugar, otros con “cero por toda la cantidad, cero”. Pero qué más dá, cada vez estoy más convencida de que la actitud y la buena leche que le pongamos a las cosas es más importante que el espaldarazo inicial de un momento de suerte (aunque tampoco vamos a despreciar esos momentos, por supuesto, todo lo bueno que aporte a la causa es bienvenido al juego).

A nadie le vienen todos los naipes servidos: hasta en la palma de la mano del Rey Más Poderoso (o del Tahúr Más Exitoso) la línea se interrumpe en el momento fatal en el que titilan las palabras “game over”. Entonces, lo mejor será que nos dediquemos a disfrutar el juego y, más que nada, a tomar conciencia de que estamos jugando. “Soltar todo y largarse”, como dice Silvio Rodríguez por ahí. Ah, qué lindo suena eso: “soltar todo y largarnos”. Largar la tensión del cerebro aprisionado en su mundo de detalles, ver todo lo remanidamente visto tantas veces pero desde otra perspectiva: desde más arriba, desde bien abajo, con los ojos del otro, con los ojos cerrados.

Les cuento todo esto porque voy por mi segundo café y ya tengo la cabeza atiborrada con los compromisos del día. Mi mente parece un animal temeroso, como un okupa viviendo en los redaños del futuro, que por supuesto no son habitables por quien sólo puede disponer del presente. Qué bicho raro la mente.

La invito a que se venga para acá: se escabulle en un rincón, piensa que la voy a traer de los pelos si es necesario… pero no, nena, no es para tanto: tomátelo con humor, acompañame a saborear este café y disfrutemos del día.

Volvamos a empezar.

Avísenme cuando me ponga así de obsesiva

essagerao Los días nublados y con amenaza de lluvia me ponen pensativa y sentimental (a alguno no le pasa?). Mi mente se queda un rato remoloneando en pijama y yo daría un hemisferio entero (de la sesera o del mundo, lo mismo da) por poder quedarme en la cama mirando películas de Meg Ryan o escuchando blues en un eterno cuarto intermedio, ponele.

Días como hoy tomo capuccinos humeantes junto a la ventana. Y se me da por releer fragmentos de libros buenos y viejos y rescatar fotos del olvido (si son en blanco y negro, mejor).

Es que tengo mis rituales. Los días grises no me gusta correr riesgos innecasarios, no sé por qué. Si además son martes 13, menos.

Pero si me pongo paranoica, si ustedes ven que llego a todos lados suspirando y poniendo cara de “hoy el horno no está para bollos, así que por favor vuelen bajito”, párenme el carro.

No es para tanto. Hoy no me caso ni me embarco y solamente sucede en la ciudad que se vino un día gris, tan gris como cualquiera de los otros días grises. Entonces, qué necesidad tengo de andar con este humor de perros?

Attenti al lupo, ando buscando una ocasión, una excusa cualquiera o hasta un mal presagio para sentirme melancólica a mis anchas.