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Más de cien motivos (para no cortar de un tajo las venas de este blog)

como te tomo me doy Un día nos decimos “chau, hasta mañana”… pero ese mañana tarda en suceder. O peor todavía, nunca más amanece entre Éste y Aquél.

Pareciera que algo de eso ha pasado en nuestro blog: una vez le dimos la bienvenida al 2012 a estrenar y acto seguido nos despedimos hasta un día de éstos. A casi medio año de aquel post -redondeando- me di cuenta de que me quedé atrapada en los vericuetos del Calendario Maya: es decir, me perdí en medio de un acontecer diario totalmente coyuntural, plagado de detallecitos bien mínimos, y de tanto ver el árbol me tragué el bosque. Entero. Ese bosque por el que paseábamos algunos de los que -por locura o extravío- recalábamos de vez en cuando en este espacio.

Acá estoy. No me morí ni me disolví en la blogósfera, insisto: sólo me extravié un rato. No tengo sentido de la orientación (posta) y por eso me ha costado tiempo y esfuerzo neuronal volver a las fuentes.

No les cuento lo que hice en el mientras tanto porque es muy aburrido. En vez de eso, prefiero contarles algunos de los temas que quise tratar en este blog y que todavía están en el aire. En una de ésas, materializar brevemente estas ideas acá me lleva a desarrollarlas más tarde:

- Vinicius de Moraes dice en una canción que “Detrás de Mandinga hay amor”: ¿es posible que el odio sea la contracara del amor? Algunos dicen que el verdadero desamor es la indiferencia, pero yo no tendría ganas de andar dándole las gracias a algún paspado simplemente porque ostente un gran estilo para malquererme a los porrazos, gente, qué quieren que les diga.

- “Éramos todos amigos hasta que apareció la piñata”: es facilísimo ser amigo del otro cuando no hay intereses en juego, pero si hay que compartir y repartir más que besos y abrazos entre nuestros afectos… ¿cuánto tardará en estallar el lado más miserable y oscuro de nosotros mismos? ¿O acaso el egoísmo es un deporte que sólo se practica entre desconocidos?

- “El poster del cuarto adolescente”: hay quien tenía colgada en su pared a La Mujer Maravilla, mientras que otros ostentamos la foto de aquel Michael Jackson de charreteras doradas, o la de Superman (¿por qué nunca Clark Kent?) o, peor que peor, el fotograma de Top Gun que mostraba a un recio Tom Cruise subido a una moto con una rubia ochentosa atrás de su espalda (sí, yo tuve ese poster, ¿y qué?). El asunto es: ¿Qué podemos decir de nuestros ídolos juveniles? ¿Qué nos gustaba de ellos? ¿Qué nos sigue gustando de ellos aún hoy en día? (y, más interesante todavía: ahora que somos TAN adultos, ¿qué nos parece insufrible de aquellos dioses de pies de barro?). ;-)

- Para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero: la listita inmunda & escrita a las apuradas con todos aquellos temas pendientes que exigen inmediata resolución. ¿Es un potente organizador del día / mes / año / década, una expresión de deseo un pelín inservible, un suave motor energético que nos impulsa a ir siempre un poco más allá o la voz demasiado exigente de una conciencia que nunca se acalla?

- El temita de los límites: “Hasta aquí llegó mi amor”. ¿Cuándo saber si ésta, JUSTO ésta es la gota que rebalsa el vaso o “náh, naddda que ver, no seas TAN exagerada/o, querida/o”?. ¿Existe un mecanismo que mida la sensibilidad de la tolerancia que hay en juego en una Relación Equis, el quantum de paciencia involucrado, la fórmula para expresar que uno/a está ya archipodrido/a de una situación, persona o cosa parecida?

En fin, esta es una pequeña muestra de los temas que me he planteado dejar caer por aquí “un día de éstos”, antes o después de quién sabe qué, pero que por lo visto irán actualizando esta bitácora… más bien después (de hoy, no ya “de quién sabe qué”). ;-)

Intuyo que brotarán por acá o por allá algunas cuantas ideas compartidas con los lectores, otras tantas miles de palabras cruzadas de ida y de vuelta, más de cien motivos para no cortar de un tajo las venas de este blog (la cuenta es inexacta).

Sólo debo rescatar al “Tiempo para Escribir” que se me había quedado prisionero. Ese “Tiempo” me ha curado tantas heridas, que esta vez me toca a mí hacerme cargo de que Él pueda levantarse de sus cenizas. En eso estamos. ;-)

Beso, abrazo y todo lo demás. Nos estamos viendo.

Sobre algo de todo lo sagrado (pero muy de a pie) que acontece bajo el Brillante Signo de Apolo

a través de las aguas Hoy, sábado, amanecí con un Bautismo agendado al Mediodía. En Iglesia Lejana al Hogar, Para Más Datos.

A ver si me explico: de mi familia, yo era la única que “en serio” quería ir al bautismo. Como ante casi cualquier celebración prevista en Iglesia, Templo o Mezquita, yo siento una inclinación espiritual casi ancestral por. Y ni hablar si me invitan personas que “aprecio y esas cosas”. Pero Cucurullo y Mile no tienen mis mismos gustos ni mis mismas inclinaciones, sino las suyas propias. El día amaneció soleado y perfecto y ellos decidieron honrar tal milagro de la naturaleza… en el lago de Palermo. :-D

En otras épocas -hace pocos años- yo hubiese puesto el grito en el cielo, porque en-ese-preciso-momento teníamos planificado un bautismo y sanseacabó. Hoy digo “bien por ellos, que disfrutan del agua purificadora del bautismo, pero con otro rito” y shaestá: cada uno a lo suyo.

Yo asistí al bautismo recoleto y ellos a su mañana en el lago, alimentando patos y paseando en bote.

Al bautismo asistían, también, algunos compañeros de trabajo. No muchos, apenas un puñado. Uno de ellos venía desde el Culo del Mundo, literalmente, y llegó tardísimo. Vino con su familia flameando a los cuatro vientos, todos corriendo por la plaza muy a lo Ingalls para llegar a “Saludar En El Atrio”, al menos.

Terminada la lindísima ceremonia nos abrazamos todos con todos, nos sacamos fotos y nos despedimos. Algunos se iban a almorzar con padres y padrinos, otros seguíamos nuestros destinos por ahí, un poco a la deriva.

Yo caminaba sola por Recoleta, llamando por teléfono a Cucurullo que todavía seguía con Mile dando vueltas al lago, dentro del bote. Me reí de su destino de náufrago porque yo también me sentía un poco de esa manera (me imaginaba como en suspenso dentro del tiempo y del espacio); el sol sobre la cara, los pasos perdidos bajo los árboles; nada de planes ni lugares adonde llegar tarde. Todo el asunto se veía fantástico y yo adivinaba la mirada feliz & una sonrisa radiante detrás / debajo de mis anteojos oscuros.

Quedamos con Cucurullo -casi como en un arrebato, como si fuese una cita a ciegas improvisada- en encontrarnos en el Paseo del Pilar. Él llevaría a una niña hermosa de su mano, y yo… yo lo esperaría vestida de celeste en la Terraza del restaurante “Oasis” (con ese nombre tan promisorio, Cucurullo no podía perderse). ;-) Pero mientras hablábamos los dos por teléfono, todo el tiempo supe que algo se me estaba pasando por alto. Había por ahí un cabo suelto que hacía ruido dentro de mi cerebro. Inmediatamente antes de despedirme de Cucurullo descubrí cuál era: ¡La Familia Ingalls!

Los llamé al celular de Charles y confirmé que la familia entera andaba todavía por el barrio. Quedamos en encontrarnos todos en Ese Lugar de Nombre Promisorio donde nadie podía perderse. ;-)

Cucurullo, Mile, los Ingalls y yo pasamos una tarde muy entretenida, riéndonos mucho y compartiendo mesa a puro sol. Conociéndonos un poco más. Estrenando recuerdos. Pensé entonces que el bautismo pareciera tratarse de renacer a la hora siguiente con una mirada distinta y más bien “crecida”. Literalmente. De comenzar otra vez y descubrirnos en un mundo con perspectivas más anchas que las que acarreamos con nuestras propias creencias archisabidas, casi recitadas de memoria. Y co-creando esas perspectivas con los amigos nuevos, con la familia de siempre, todo bien sencillo y sin tanta vuelta. De una forma casi visceral, intuí que de todo esto se trata vivir “nuestras verdades” con un estilo coherente.

Vivir una vida iluminada por el sol (que para tantos es todavía una metáfora de Dios). Vivirla a pleno. Vivirla con los pies en la tierra y la cabeza en el cielo (y cerca del agua, ya que estamos en esto de andar soñando cómo queremos vivir). ;-)

Esta es mi oración por estas horas en que voy aprendiendo a elegir mis batallas. Y a las personas con las que quiero compartirlas, también.

Amén.

La Experiencia Panchística del Trío Los Panchos (el post viene con data fast food bien gourmet)

Trío Los Panchos Grandes Exitos Viste que trabajás en una oficina y todos los días picás algo al mediodía. O, mejor aún, algún que otro día almorzás opíparamente (porque no es que SIEMPRE almuerces opíparamente, convengamos, sino que de vez en cuando se te da por animarte a más). ;-)

Entre idas y venidas, te conocés muchos de los lugarcitos que pululan por la zona en la que andás tantas horas de lunes a viernes.

O por ahí no, por ahí no te conocés muchos.

Es que, queriendo o sin querer, puede que siempre busques el mismo tipo de lugares para almorzar. Porque tenés un estilo. Una forma de. Y el que busca, encuentra. Encuentra siempre. Y siempre lo mismo. :-D

Un día de aquél año que pasó (sí, creo que fue el 2010), CGC (Compañerito del Grupo Comando) se apersonó por las oficinas portando un dato que a todas luces parecía bastante impresentable: “un lugar buenísimo para comer era aquél local de panchos” (sí, leyeron bien, p-a-n-c-h-o-s) de la calle Suipacha Al No Sé Cuánto.

Por supuesto que CGC se comió, además de los panchos, todas las gastadas de alguna que otra Brujilda Rubia Oxigenada del Sector Correspondiente: ¿Cómmmo que lo very best para comer en el microcentro porteño son los panchos? ¿No hay NADDDA mejor para comer por el barrio, digo yo?

CGC me amenazaba con llevarme un día a su Santuario de Comidas Rápidas, y hacerme experimentar lo que me estaba perdiendo de vivir. Yo lo apuraba -de mala que soy-, pero no te creas que lograba grandes avances: el buen día, a fin de cuentas, nunca llegaba.

La semana pasada y de una vez por todas, el momento se dio: Monsieur le Directeur, CGC y La Bloguera Que Suscribe fuimos a Matty’s y entendimos cabalmente lo que es el Nirvana envuelto en un halo de Mostaza, papas fritas y Coca Cola al tono.

Y reaprendí algo que en el fondo siempre supe: no siempre el mejor plato tiene que venir con cinco tenedores. A veces los mejores momentos de disfrute vienen, de hecho, sin ninguno. ;-)

PD: Ahora yo también, como Monsieur Le Directeur y mi amiguísimo CGC, te recomiendo estos panchos. De a de veras. Muy.

Quejas de bandoneón súper top (costosísimo bandoneón de oro, con incrustaciones en brillantes)

retro3 La rat race nos envuelve a todos, de alguna u otra manera. Imbuidos en el estilo de vida del hámster que corre y corre dentro de la ruedita, nos cansamos intentando llegar a quién sabe qué, ansiosos y medio desesperados. Cuando la vida se te va tratando de parar la olla de la familia quién puede decirte esta boca es mía, pero dejando esas cuestiones elementales que abarcan comida, salud, vestimenta, educación y un techo donde vivir… todo lo demás es, a veces, menos clarito de ver.

Supongamos por un momento que somos unos jodidos multimillonarios y que ya lo logramos todo: tenemos fábricas, inversiones hechas a troche y moche y ahorros bajo el colchón que habilitarán a nuestros hijos a vivir cual jeques petroleros durante sus varias reencarnaciones. La pregunta del millón (valga la redundancia) es entonces: ¿para qué seguir trabajando en incrementar nuestras ganancias? En ese momento de abultados bolsillos y una duda tan flaca, ¿suponemos que pararíamos la rat race y nos bajaríamos satisfechos, diciendo “bueno, y ahora ya está”, o iríamos por más, todavía?

Pareciera que el ser humano, una vez que alcanza el objetivo buscado, se acostumbra rápidamente a lo que tiene y al poco rato ya quiere algo más. La euforia por haber llegado a donde quería llegar no le permite detenerse. El logro de sus expectativas es un escalón que se sube, pero la escalera es infinita.

De ahí se explica la existencia de tantos productos suntuarios con precios extravagantes que los consumidores muy adinerados -que ya tienen satisfechas sus necesidades de gustos comunes- quieren alcanzar para sentirse presuntamente felices. Porque existen áreas del cerebro asociadas al placer que se activan cuando conocemos el valor (¿o el precio?) de algo. El saborear un buen vino tiene consecuencias en las papilas gustativas, pero el saber que la botella cuesta cien dólares activa también otras áreas del cerebro que reconocen estos datos y los valoran de algún modo (sí, pareciera que nuestra parte racional es bastante snob en su sibaritismo más elemental). ;-) Entonces, resulta que el sólo hecho de conocer la existencia de esos bienes ofrecidos en el mercado nos proporciona ya de por sí algún tipo (?) de anhelo por demandarlos en cuanto se ponen a nuestro alcance… o apenitas más allá. ;-)

Según el psicólogo evolutivo David Buss, existen en nuestra psiquis mecanismos que nos han servido a los humanos para abrirnos paso en la Edad de Piedra, pero que en la actualidad nos dejan un pelín fuera de foco con el entorno: son los que posibilitan que nos comparemos con los demás, compitamos con ellos y nos sintamos reconocidos (o no) por los resultados.

Es que en aquellos dorados tiempos precámbricos (?), nuestros antepasados vivían en comunidades pequeñas donde era seguramente más fácil sentirse reconocido por alguna cualidad en la que sobresalieran: era posible destacarse en la caza, la pesca, por ser un buen corredor o tener los mejores atributos sexuales. En algo, seguramente, se podían distinguir, sentirse reconocidos y hasta felices.

En nuestras sociedades urbanas, masivas y casi anónimas, en cambio, la autoestima así concebida tiene muy pocas chances de realizarse: mirar para el costado nunca te hace sentir totalmente pleno, porque siempre habrá una persona que corra mejor, que baile con más gracia, que sea más inteligente, más lindo o que coleccione mejor que uno aparatos de cualquier especie. :-D

Leo y transcribo: “El ser humano se encuentra de alguna manera programado para angustiarse cuando pierde espacio en la jerarquía social, cuando se siente traicionado o solo, cuando hablan mal de él o no se siente reconocido. En otras épocas esa angustia jugaba un rol de alerta para revertir la situación. Hoy, al convivir en sociedades inmensas y con una masiva injerencia en los medios de comunicación, la angustia y la depresión empiezan a ser una luz de advertencia que se prende permanentemente, como las luces testigo del auto cuando hay una falla. [...] Esto de mirar siempre el jardín del vecino no parece muy sano. Efectivamente, hace que mecanismos ancestrales nos jueguen malas pasadas. La envidia también puede entenderse como un mecanismo evolutivo: en la carrera por la supervivencia no sólo es preciso hacer las cosas bien, sino llevarlas a cabo mejor que el prójimo. Como decía Discépolo: ‘Lo importante no es ganar, sino ver al otro perder’. Y esto es tan natural que en alemán hasta existe una palabra para describir el placer que deriva de la desgracia ajena: schadenfreude .Pero en el mundo actual la competencia en pie de igualdad es imposible: hay demasiados ‘competidores’ para usar como vara y siempre habrá varios que nos superen. Así, la envidia que en el pasado podía ser puntual (de individuo a individuo) y ayudarnos a progresar, pasó a ser semipermanente.” (Martín Lousteau, “Economía 3D”)

Así las cosas, creo que los multimillonarios seguirán sufriendo sus costosísimas penas a bordo de la rat race.

You can live your hat on

sombrero panamáY entonces de la nada me aparecieron unas ganas irrefrenables de tener un sombrero panamá.

Bueno, de la nada nada, no: siempre adoré ver esos sombreros en películas, pasarelas, documentales sobre atestadas plazas caribeñas con gente ansiosa de revolución o, poniéndonos más prosaicos, me encanta examinarlos concienzudamente cuando los encuentro a la venta en las ferias callejeras plagadas de turistas y gente de a pie.

El sombrero panamá es un objeto de lo más maleable: a veces puede aparecer sobre la cabeza como un toque sutil y distinguido, otras, como el detalle decontracté que equilibra un conjunto muy formal. Para la mayoría de las personas, sin embargo, el sombrero panamá es nada más que un accesorio sencillo y necesario. Y es que el asunto en esos casos es bien claro: desde ahí arriba el cielo reverbera y cae en picada un solazo insoportable que raja la tierra. Entonces, nada mejor que un refrescante sombrero panamá para hacerle frente al aliento del diablo.

Como vemos, el sombrero panamá se adapta con misterioso encanto a una gran cantidad de situaciones engorrosas o sublimes, a gentes de todas las formas & colores, a reflectores de película pochoclera o a los rayos calcinantes nacidos en el quinto infierno.

sombrero panamá 2 Lo mismo pareciera suceder con ciertos buenos amigos, que con gran generosidad están a nuestro lado para hacerle frente a casi todo lo que se nos presenta por ahí. En estos días en los que el calendario nos recuerda lo afortunados que somos por compartir (o haber compartido) nuestro tiempo con esas personas tan queridas, a mí me gustaría -para saber lo que es la felicidad completa- tener puesto sobre la mollera un lindísimo sombrero panamá. Y descubrirme la cabeza al encontrarme con ellas, en señal de profundo respeto y gratitud.

No sé si Dios ha muerto, pero la Mujer Maravilla… segurísimo que sí

llueve con estilo

El hombre vale lo que vale su palabra, dice el refrán (y la mujer también, seguramente). Recuerdo ahora los versos de Pappo en Aquella Canción: “el honor no lo perdí, / es el héroe que hay en mí”. Tal vez por eso, por no perder el honor cuando el miedo a los sueños incumplidos se me hiciera insoportable (?), nunca prometí un jardín de rosas, o un jardín de rosas sin espinas. O encargarme de hacer todo y hacerlo perfectamente, ya que estamos.

Y sin embargo, absteniéndome de poner todo esto en palabras de la boca para afuera, íntimamente seguía pensando que debía mantener cada una de las pelotitas empujando el aire, barajando eternos & perfectos malabares. Para ser honestos, digamos que practicaba bastante y me reprochaba con dureza si alguna pelotita rebotaba con ferocidad en el suelo haciendo eco por tooooda aquella vieja / oscura / vacía Sala de Profesores que es mi conciencia.

Hoy trato de alegrar un poco esa Bendita Sala colgando chistes de Mafalda en la cartelera, poniendo sillones de colores estridentes en los rincones o abriendo cada tanto las ventanas para que entre la luz del sol. Le explico a las Cuatro Paredes de Rigor que la Mujer Maravilla ha muerto, que yo justo aparecí por allí – por pura casualidad – y que como en cualquier comedia de enredos el equívoco fue grande y Alguien (¿tal vez yo misma?) supuso que ya que andaba por aquellos lares, debía rendirle honores a la finada y hacerlo todo bien y al mismo tiempo, como “Ella” lo hubiese hecho.

Ahora que tengo más años, que soy menos ingenua (o más sabia, en una de ésas)… no me trago el cuento de las mujeres que son perfectas en todísimo todo, y entonces renuncio a refrendar la existencia de aquellas referentes grandilocuentes a las que hay que adorar sin condiciones. Ya no sé quiénes pueden ser eficientísimas amas de casa, exitosas directoras de compañías pujantes, abnegadas madres de quintillizos, amantes fogosas de aquí a la eternidát… todo amontonado y simultáneamente. Hoy veo a las sonrientes Aspirantes a Super Heroínas que pululan por doquier y entiendo que son como muchas de nosotras: féminas con más o menos dones que tratan de hacer rendir las cartas buenas que le tocaron en suerte y de tragarse las malas sin decir esta boca es mía; aprendices de aquella Eva Tan Original (hasta sus pecados lo fueron) que intentan paliar la soledad del jugador que nunca se las sabe todas y que administran el riesgo con un poco de mesura y una pizca de inconciencia, señoras y señoritas que siguen apostando a lo esencial que las hace felices casi siempre o cuando se acuerdan –como mínimo-: los afectos, el sol de un café compartido con amigos en un día feriado cualquiera, el humor y el amor soltando amarras, la quimera imprescriptible de que en este mundo tan patas para arriba ya no haga falta (¡y todo el tiempo!) sacar chapa de Superhéroe.

Aviso para los vendedores de humo y cocktails playeros: en este blog no fumamos ni comemos vidrio

tragos playeros Siempre creí que el éxito comercial del cocktail “Sex on the beach” se debía más a su nombre que a su sabor. ;-) Un aplauso para el equipo de marketing a cargo del lanzamiento del producto… o más bien para el solitario barman playero que bautizó el menjunje en un momento de inspiración o tedio (nunca sabremos cómo ocurrió el asunto en realidát, mal que nos pese).

Hay muchas cosas que parecen mejores de lo que realmente son porque se ven bien, suenan bien, o simplemente tenemos ganas de creerlas así de divinas como algunos las pintan. Son más imaginería o “aspiracionales” que verdades incontrastables. Un detalle que te indica que estás doblando la esquina de la vida es, justamente, que de a poco o de a mucho dejás de marearte con los moños y el papel de regalo y te enfocás más fácilmente en lo que hay adentro del paquete.

El contenido es lo que cuenta, ¿no? No es lo mismo pasarla bomba en una playa desierta una noche de luna llena, que tomarse “el trago número cuatro” que figura en la carta de un bar repleto de gente. NO es lo mismo, y las palabras no deberían hacernos creer otra cosa.

En este fin de semana dedicado a preservar la memoria y la defensa de los derechos humanos, se les impidió salir en tiempo y forma a los dos diarios de mayor tirada en nuestro país. Garantizar la democracia no pasa solamente por descolgar de un salón el retrato de un ex presidente de la época de la dictadura, sino por respetar diariamente la independencia de nuestras instituciones y las libertades individuales. Nos guste o no nos guste, el asunto es así de simple. Todo lo demás… lo puede inventar cualquier estudiante de marketing con cuatro materias aprobadas.

El derrotero de los pensamientos post tsunami

el beso

Terremoto, tsunami. Se desplaza el eje de rotación de la Tierra en más de diez centímetros. Tragedia, espanto y solidaridad. Y un gran desconcierto, sobre todo.

Estoy trabajando y por un rato me aparto de mi mundito plagado de detalles: la Migración de Equis Datos de un Sistema a Otro, Tal Informe al que le falta Un Anexo, blablablablá. Levanto la cabeza y veo el cielo por primera vez en el día. Un sol quieto y sin nubes allá afuera, Obama hablando a lo lejos (”daremos a Japón toda la asistencia necesaria…”). Entonces pienso en las cientos de miles de personas que hace unas horas le dieron un último beso a sus seres queridos, sin saber que era su último beso (espero de todo corazón que esos últimos besos hayan existido). De a poco mi mente se expande y se va más allá, del centro de Buenos Aires hacia la otra punta de la Tierra.

Stephen Hawking dijo hace unos meses que la humanidad debe conquistar algún otro espacio en el universo o prepararse para desaparecer, porque el planeta será invivible dentro de poco tiempo. “Doscientos años tenemos, todavía”, se animó a pronosticar. No es poco, es mucho más que mi expectativa de vida. Pero tampoco es demasiado: yo lucho por dejar una familia detrás de mí, algunos seres queridos siendo felices disponiendo de lo que queda, de lo que yo pueda hacer aquí y ahora aún por ellos, de lo que ellos puedan hacer por sí mismos… ese sueño es una forma de inmortalidad instintiva y personal, también. Pero después de tanto ilusionarme en visualizar un horizonte abierto, el extender la mano y darme cuenta de que es un decorado en pleno escenario no es tan agradable que digamos (esta es una imagen muy “The Truman Show”, lo sé).

Pero no, tampoco es para enroscarse tanto, gente, porque el universo es infinito, infinitísimo, y a nadie va a pasarle nunca nada.

¿O no?

Yo no sé nada, imagínense, ni siquiera entiendo japonés. Pero espero de todo corazón que esos últimos besos hayan existido.

La twitterita que dio el mal paso

tirar la chancleta

No entiendo, pero realmente les juro que no entiendo… a ver si ustedes pueden ayudarme. Imagínense esta historia por un momento:

Ella es una modelo – vedette – chica Playboy que presume de tener una carrera basada en mostrarse como Dios la trajo al mundo bancándose perfectamente las consecuencias, sin una pizca de inhibición ni resquemor… ¡con la frente y las lolas bien en alto! Genial por ella, en realidad, por el asuntito éste de “la coherencia al poder”.

Él es un reconocido economista de formas prolijísimas, eterna sonrisa y flequillo extemporáneo que se divorció hace como quince minutos (?) y ya pareciera haberse reconciliado con su mujer… y vuelto a separar. Cosas que pasan en las mejores familias, acá no nos vamos a desgarrar las vestiduras por una situación así, sepanló.

Y entonces el romance menos pensado se declara en Twitter, y desde allí se propaga al infinito y más allá con palabras de alto vuelo como “esto es amor verdadero” (sic). Pero al instante ya podemos leer en Twitter y en las revistas, también, el escándalo de la ruptura plagada de traiciones express. Les confieso que me fascina esta historia y, antes de que me tilden de twittera desbocada y chismosa (o a pesar de, mejor dicho), les cuento por qué este asunto me obsesiona un poco:

- Primero que nada, me asombro al leer que la Chica Silicon Barbie alzó las banderas de la ética y la moral… para zarandearlas sobre la espalda de su Chico Central Bank. Como si estas palabrejas fuesen lanzas enanas al mando de quien se las adjudique primero, y el que estuviese lento sólo pudiera enchastrarse con la acusación de ser el Marqués de Sade. Suponiendo que éste no fuese un juego al mejor estilo “veamos quién ocupa rapidito estos principios vacantes”, no entiendo qué hacemos todos nosotros acá, parados frente al mástil vacío del Respeto al Otro y perdidos en el gran patio twittero de este Drama Pasional.

- Otro lindo detalle: que el Chico Central Bank diera a entender que no piensa tener un compromiso con la Chica Silicon Barbie… como aludiendo a que ella NO ES una chica con quien uno se andaría comprometiendo así, a tontas y a locas (¿porque ella es medio tonta y definitivamente una loca, debemos suponer?).

Y entonces en el desarrollo de esta historia me persigue una duda existencial, mis queridos todos: ¿es posible que después de tantos siglos de Evolución Científica y Desarrollo Tecnológico, Liberación Femenina y Mayos Franceses, de Tanta Revolución Sexual y La Píldora del Día Después, tanto Relativismo Moral para aceptar estas Relaciones Fast Soul… es posible, digo, que al fin y al cabo nada de todo eso haya importado tanto como creemos desde el inicio de los tiempos? Quiero decir, y a ver si me hago entender bien, yo no digo que todas estas cosas no hayan sido esenciales en nuestro desarrollo como especie humana, PERO, ¿es posible que en nuestra ancestral búsqueda del amor sigan importando hoy (y más que nunca) Las Mismas Cosas de Siempre, y todas las otras cuestiones sean meros complementos que no llegan (ni llegarán) a la médula del asunto? Lo que voy a decir suena más que trillado, mondo cane, pero, ¿qué pasa si por un momento nos olvidamos de las novedades de estos veintiún siglos en Occidente y pensamos que lo que realmente importa es que yo pueda quererte y que realmente vos puedas quererme, sin que la feria de vanidades intervenga en este ida y vuelta? Redoblando la apuesta, ¿podrá ser que al final todo “lo otro” que nos ronda no importe tanto, o más bien no importe nada a la hora de los bifes ni al momento de las definiciones? ¿Podrá ser que el amor sea un asunto inaccesible para los que están más acá de las supersiliconas y los bancos centrales, simplemente porque en ese mundo de detalles se les escapa la tortuga?

Tiro al aire una moneda y resulta que ni yo misma me lo creo. El disco de metal gira en el espacio y ya nada puede hacerse: los bancos y las cirugías son el pan nuestro de cada día, no hay vuelta atrás. Si no son éstas, serán otras distracciones menos glamorosas: el dinero que no alcanza, la rutina que se lleva y se trae o el piso sucio de la cocina que nos pone de pésimo humor. Y sin embargo cuando caen los centavos (que a nadie importan) me sigue rondando la pregunta medio inútil: ¿es posible que las historias de no – amor nos muestren el camino que lleva, por antítesis y síntesis, hacia ese inaccesible y elusivo territorio del “amor verdadero”?

El amor verdadero debe ser asunto de unos pocos elegidos (les apuesto una moneda a que son difíciles de identificar en Twitter). ;-)

El conquistador no anda pidiendo permiso, ééése es el problema

latinazos “Veni, vidi, vici”, sentenció Julio César. Nada de “permisoo… acá llego yo… ¿alguien está interesado en recibirme del otro lado del campo de batalla? ¿Qué opinará Pompeyo sobre una victoria de esta naturaleza? Por favor, contraten a un encuestador de opinión y después me cuentan…” :-D La verdad de la milanesa es que el fulano pisó a su contrincante como si fuese una cucaracha, y se acabó. Pompeyo, chupate esa mandarina.

Está bien, yo comprendo que Julio César dijo lo que dijo (e hizo lo que hizo) en el año 47 a. C., y que desde esas épocas para acá muchas aguas han pasado sobre el Rubicón.

Pero realmente, ¿muchas cosas han cambiado?

Como pueblos o países tenemos otra educación, alguna conciencia de nuestros derechos, ciertas maneras más civilizadas, muchas (?) instituciones que respetamos… todo lo que quieran. Sin embargo, en tu trabajo cualquiera puede ocupar espacios que pertenecían al área de influencia de otro empleado, simplemente avanzando sobre ellos con mucho “dinamismo y entusiasmo” (¿ambición?) sin que a ningún superior se le mueva un pelo. Y por otra parte, hoy se escucha como si fuese lo más normal del mundo: “la pareja de Fulanito no funcionó y él ahora está con otra, pero qué querés, si su ex mujer (su mujer de antes) lo dejaba mucho solo”.

es así el matrimonioEn ciertas situaciones de puja de dominios, pareciera que siempre termina saliendo a la palestra el temita éste de los espacios “libres” y de los derechos que se pueden ejercer sobre ellos con cierta impunidad. ¿Qué es lo que consideramos una lisa y llana usurpación, y qué, en cambio, una conquista legítima que debe ser celebrada como una victoria? ¿No dependerá nuestra valoración del lugar de la batalla en que nos encontremos?

Si yo fuese el dueño de una empresa y viese cómo un empleado ambicioso se abalanza sobre el terreno fértil -y ocasionalmente en desuso- que le corresponde a otro empleado de la misma jerarquía, ¿me molestaría mucho, o lo contemplaría con agrado, al mejor estilo “al fin alguien se hace cargo de este tema”?.

Si yo viese al “tercero” enamorarse de “ella” como si fuese la reencarnación de Rick Blaine (¡Humphrey Bogart!) en Casablanca… ¿me sentiría TAN mal por la crisis de pareja de Victor Laszlo?

La manera de expandirse que tiene el conquistador, las intenciones un poco grises que lo mueven a veces… son repudiables en tantísimos casos, claro. Pero no me digan que no es un personaje fascinante, del que seguimos hablando mucho tiempo después de que se sucedan sus victorias o sus derrotas, todavía.