Un día nos decimos “chau, hasta mañana”… pero ese mañana tarda en suceder. O peor todavía, nunca más amanece entre Éste y Aquél.
Pareciera que algo de eso ha pasado en nuestro blog: una vez le dimos la bienvenida al 2012 a estrenar y acto seguido nos despedimos hasta un día de éstos. A casi medio año de aquel post -redondeando- me di cuenta de que me quedé atrapada en los vericuetos del Calendario Maya: es decir, me perdí en medio de un acontecer diario totalmente coyuntural, plagado de detallecitos bien mínimos, y de tanto ver el árbol me tragué el bosque. Entero. Ese bosque por el que paseábamos algunos de los que -por locura o extravío- recalábamos de vez en cuando en este espacio.
Acá estoy. No me morí ni me disolví en la blogósfera, insisto: sólo me extravié un rato. No tengo sentido de la orientación (posta) y por eso me ha costado tiempo y esfuerzo neuronal volver a las fuentes.
No les cuento lo que hice en el mientras tanto porque es muy aburrido. En vez de eso, prefiero contarles algunos de los temas que quise tratar en este blog y que todavía están en el aire. En una de ésas, materializar brevemente estas ideas acá me lleva a desarrollarlas más tarde:
- Vinicius de Moraes dice en una canción que “Detrás de Mandinga hay amor”: ¿es posible que el odio sea la contracara del amor? Algunos dicen que el verdadero desamor es la indiferencia, pero yo no tendría ganas de andar dándole las gracias a algún paspado simplemente porque ostente un gran estilo para malquererme a los porrazos, gente, qué quieren que les diga.
- “Éramos todos amigos hasta que apareció la piñata”: es facilísimo ser amigo del otro cuando no hay intereses en juego, pero si hay que compartir y repartir más que besos y abrazos entre nuestros afectos… ¿cuánto tardará en estallar el lado más miserable y oscuro de nosotros mismos? ¿O acaso el egoísmo es un deporte que sólo se practica entre desconocidos?
- “El poster del cuarto adolescente”: hay quien tenía colgada en su pared a La Mujer Maravilla, mientras que otros ostentamos la foto de aquel Michael Jackson de charreteras doradas, o la de Superman (¿por qué nunca Clark Kent?) o, peor que peor, el fotograma de Top Gun que mostraba a un recio Tom Cruise subido a una moto con una rubia ochentosa atrás de su espalda (sí, yo tuve ese poster, ¿y qué?). El asunto es: ¿Qué podemos decir de nuestros ídolos juveniles? ¿Qué nos gustaba de ellos? ¿Qué nos sigue gustando de ellos aún hoy en día? (y, más interesante todavía: ahora que somos TAN adultos, ¿qué nos parece insufrible de aquellos dioses de pies de barro?).
- Para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero: la listita inmunda & escrita a las apuradas con todos aquellos temas pendientes que exigen inmediata resolución. ¿Es un potente organizador del día / mes / año / década, una expresión de deseo un pelín inservible, un suave motor energético que nos impulsa a ir siempre un poco más allá o la voz demasiado exigente de una conciencia que nunca se acalla?
- El temita de los límites: “Hasta aquí llegó mi amor”. ¿Cuándo saber si ésta, JUSTO ésta es la gota que rebalsa el vaso o “náh, naddda que ver, no seas TAN exagerada/o, querida/o”?. ¿Existe un mecanismo que mida la sensibilidad de la tolerancia que hay en juego en una Relación Equis, el quantum de paciencia involucrado, la fórmula para expresar que uno/a está ya archipodrido/a de una situación, persona o cosa parecida?
En fin, esta es una pequeña muestra de los temas que me he planteado dejar caer por aquí “un día de éstos”, antes o después de quién sabe qué, pero que por lo visto irán actualizando esta bitácora… más bien después (de hoy, no ya “de quién sabe qué”).
Intuyo que brotarán por acá o por allá algunas cuantas ideas compartidas con los lectores, otras tantas miles de palabras cruzadas de ida y de vuelta, más de cien motivos para no cortar de un tajo las venas de este blog (la cuenta es inexacta).
Sólo debo rescatar al “Tiempo para Escribir” que se me había quedado prisionero. Ese “Tiempo” me ha curado tantas heridas, que esta vez me toca a mí hacerme cargo de que Él pueda levantarse de sus cenizas. En eso estamos.
Beso, abrazo y todo lo demás. Nos estamos viendo.
Hoy, sábado, amanecí con un Bautismo agendado al Mediodía. En Iglesia Lejana al Hogar, Para Más Datos.
Viste que trabajás en una oficina y todos los días picás algo al mediodía. O, mejor aún, algún que otro día almorzás opíparamente (porque no es que SIEMPRE almuerces opíparamente, convengamos, sino que de vez en cuando se te da por animarte a más).
La rat race nos envuelve a todos, de alguna u otra manera. Imbuidos en el estilo de vida del hámster que corre y corre dentro de la ruedita, nos cansamos intentando llegar a quién sabe qué, ansiosos y medio desesperados. Cuando la vida se te va tratando de parar la olla de la familia quién puede decirte esta boca es mía, pero dejando esas cuestiones elementales que abarcan comida, salud, vestimenta, educación y un techo donde vivir… todo lo demás es, a veces, menos clarito de ver.
Y entonces de la nada me aparecieron unas ganas irrefrenables de tener un sombrero panamá.
Lo mismo pareciera suceder con ciertos buenos amigos, que con gran generosidad están a nuestro lado para hacerle frente a casi todo lo que se nos presenta por ahí. En estos días en los que el calendario nos recuerda lo afortunados que somos por compartir (o haber compartido) nuestro tiempo con esas personas tan queridas, a mí me gustaría -para saber lo que es la felicidad completa- tener puesto sobre la mollera un lindísimo sombrero panamá. Y descubrirme la cabeza al encontrarme con ellas, en señal de profundo respeto y gratitud.
Siempre creí que el éxito comercial del cocktail “Sex on the beach” se debía más a su nombre que a su sabor. 
“Veni, vidi, vici”, sentenció Julio César. Nada de “permisoo… acá llego yo… ¿alguien está interesado en recibirme del otro lado del campo de batalla? ¿Qué opinará Pompeyo sobre una victoria de esta naturaleza? Por favor, contraten a un encuestador de opinión y después me cuentan…”
En ciertas situaciones de puja de dominios, pareciera que siempre termina saliendo a la palestra el temita éste de los espacios “libres” y de los derechos que se pueden ejercer sobre ellos con cierta impunidad. ¿Qué es lo que consideramos una lisa y llana usurpación, y qué, en cambio, una conquista legítima que debe ser celebrada como una victoria? ¿No dependerá nuestra valoración del lugar de la batalla en que nos encontremos?

