Archive for the 'Sección Autoayuda: Socorrooo!' Category

Los finales felices son sólo el principio

Caminando por Paris Un senador decide candidatearse a la presidencia de los Estados Unidos. El hombre “lucha y se desangra por la fe que lo empecina” (diría el tango), o también, “hace de mierda dulce de leche” (diría un ex jefe mío). Porque el objetivo de este señor es llegar a la presidencia, claro. A pesar de que no cuenta con las mejores cartas para ganar la partida, el tipo se la juega. Contra viento y marea. Y entonces lo consigue… ¡Sí, después de tanta angustia y mala sangre, al fin logra ganar las elecciones presidenciales! Esa es la trama de la película “El candidato”, de 1972, con Robert Redford como protagonista. Lo genial de esa película es, para mí, la escena final más que la trama en sí, porque esa secuencia justifica todo el resto. En esa escena, el equipo de campaña del candidato se enfrenta con el triunfante Senador, alias Robert Redford, que está cómodamente instalado en una suite de un hotel de lujo. El jefe de los asesores le pregunta: “¿Qué sigue ahora, señor Presidente?”, y el Señor Presidente, con una mirada desconcertada, contesta: “No sé, no sé qué siga”.

McKay Es que toda la carne al asador estaba puesta en ganar, y ahora que habíamos ganado… ¿qué era lo que había que hacer? Ya no sabíamos, porque habíamos llegado al límite fijado. Y de ahí “non plus ultra”. Continuar siendo felices por siempre, supongamos. ;-)

Los finales felices son sólo el principio. La celebración dura justamente ese ratito que media entre lo que había que hacer para llegar hasta allí, y lo que hay que hacer después para que la cosa realmente funcione. Lo más difícil de todo el asunto es poner las manos en la masa el día después y el que viene después de los despueses, y así ad infinitum.

Te recibiste,
te casaste,
tuviste un hijo, plantaste un árbol, escribiste un libro,
conseguiste el trabajo que tanto ansiabas,
compraste la casa, el auto y el lavavajillas de tus sueños.

Por supuesto, no dejemos pasar la oportunidad de descorchar champagne y festejar mucho mucho lo obtenido. Pero me pregunto si recordamos de vez en cuando que está bueno, también, considerar todo el asunto no ya como el cierre o el final de algo (o como un mullido sofá en el que uno se tira a descansar hasta el olvido) sino como un principio auspicioso, un primer paso que será el envión, en realidad, para seguir andando por ese camino elegido. Un recorrido que se irá construyendo cada día con las ideas, los sueños y la conducta personal que nos han llevado ya hasta allí, y que deben seguir acompañándonos -y renovándose junto a nosotros- para abrirnos paso en el trecho siguiente.

Sigo pensando en las películas, y de pronto caigo en la cuenta de que muchas segundas partes de aquellas historias geniales que nos han gustado tanto, no nos parecen TAN buenas como las primeras: pienso en que en esas segundas partes con frecuencia hay que remar la corriente del río que ya descubrimos en la parte primera; no hay tremendos misterios sobre quiénes son los protagonistas, sino pequeños o grandes desafíos / conflictos / dimes y diretes de una realidad ya conocida por los espectadores, y que se afrontan mejor o peor según sea el caso. Pero la esencia de la trama en sí ya la conocemos. El champagne, probablemente, ya nos lo tomamos en la primera parte, y entonces puede que pensemos que ahora sólo nos queda replicar el resplandor de aquellos viejos reflectores, pero no el descubrimiento de una nueva luz que haga que la historia se reinvente y se sostenga por sí misma.

A menos que cambiemos nuestra expectativa y la proyectemos sobre lo que esperamos de nuestra propia película personal. Al fin y al cabo, ahí pudiera estar el quid de la cuestión: “hacer historia” no debiera pasar por dar el puntapié final con aplausos, banderitas, confites y/o arroz, sino por sembrar cada día una actitud vibrante (me encanta esa palabra), es decir, despierta, esperanzada y cargada de sentido… una actitud “así” puede hacernos vivir plenamente nuestro acontecer cotidiano. Ese acontecer que incluye, también, la próxima temporada de estrenos. ;-)

“Si no está delicioso, no lo comas”

cubo Rubik de charcutería Ése es el principio más juicioso que encontré alguna vez para regular el consumo indiscriminado de calorías. Yendo más lejos, no sólo fue una manera de hacer dieta en forma inteligente: también resultó ser un mantra genial a la hora de decidir salir con un señor solamente si valía la pena, o de conseguir el vestido ideal para una fiesta de casorio (incluyendo aquellas en la que yo era la novia, pongámosle). :-D

El otro día fui a un restaurante cualunque y me encontré con que el pan que pusieron frente a mí junto con la carta era soso y poco tierno; la crema de queso que lo acompañaba tampoco era un manjar, precisamente. Ahí nomás me acordé del tan mentado “si no está delicioso, no lo comas” que había pasado por alto en más de una ocasión. Y entonces, además de hacer a un lado la panera, pegué el volantazo y pedí una ensalada sin consecuencias: no me iba a arriegar al chasco de pedirme un plato gourmet para que después me trajeran una bazofia intragable “directamente de la cocina a mi mesa” (como dijo Cucurullo alguna vez, la calidad no es masiva).

La intuición no suele fallarnos en estas cosas… es innegable que todos nacemos con una especie de don que nos permite interpretar las pistas que se presentan a nuestro paso, porque lo maravilloso no sucede todos los días sólo porque sí, diga lo que diga Aquél Libro de Autoayuda: hay que propiciarlo y honrarlo con ganas y un pelín de amor propio. Intuyo que la realidad es más amable si nos rodeamos de buenos amigos, si tenemos actitudes positivas con nosotros mismos y con los demás (aprendiendo a mantenerlas en el tiempo, ya que estamos), si elegimos más alimentos sencillos y saludables, si rebuscamos hasta encontrar algunos libros interesantes para leer… sin resignarnos ni conformarnos con menos que eso. Porque aceptar con un sí fácil a lo que ya sabemos de antemano que no es lo mejor (comer lo que sobra “para no tirarlo”, aceptar hacer algo que no queremos porque es lo más cómodo o porque total “todos lo hacen”), pareciera que no fue -nunca, jamás de los jamases-, la mejor manera de tratarnos a nosotros mismos. Por lo menos, si hago memoria, a mí no me ha funcionado demasiado bien. ;-)

Pero qué coloridos e interesantes serían nuestros días si cada tanto recordáramos aquél undécimo mandamiento, esa especie de ISO 9001 psicofísico y espiritual: “Si no está delicioso, no lo comas”. :-)

El Ritual de Restauración Personal que Nunca Falla

momentos sublimes tenemos todos Hay cosas que siempre funcionan, aún cuando todo lo otro no funcione. Son esos pequeños grandes detalles / momentos / acciones que restauran el equilibrio. Tienen la contundencia de un tanque de guerra, aunque ante los distraídos se presenten como una cosita insignificante o apenas visible.

Cuando intuía que se venía un día difícil, mi abuela preparaba -muy temprano en la mañana- sus famosos butter eggs. Servía con generosidad esa pasta bien potente de manteca y huevos cocidos sobre las tostadas, y acompañaba todo el asunto con una taza gigante de café con leche para cada uno. A ella, generalmente tan frugal, le parecía que el desayuno así pergeñado animaba hasta a los muertos en los días que presentía “fuleros”. Cuando yo me levantaba y la veía inclinada sobre la hornalla preparando los butter eggs con expresión concentrada y en silencio, sabía que el horno no estaba para bollos. Porque estaba para butter eggs, y no hacía falta decir nada más.

Mi madre reencuentra la cordura que cree perder en los “días de locos” que pasa con sus alumnos más desafiantes (es docente en colegios de villa, tampoco acá hace falta que digamos nada más), a través de los viejos libros conocidos: le gusta releer alguna novela entretenida que ya se sabe de memoria, por el simple placer de reencontrarse con personajes y argumentos que ya son como amigos de papel.

Cucurullo reanudó el uso de su “chaleco antibalas” personal: se va a nadar bien temprano a la mañana como conjuro contra el estrés, y vuelve de la pileta con una expresión distendida, como de diez años menos. Me encanta ver esa cara: es una prueba fehaciente de que hacer deporte tiene su belleza…. y es bien tangible. ;-)

Todos a mi alrededor tienen sus propios Rituales del Restauración Personal: la comida bien casera y familiar, la lectura conciente & a sabiendas o los deportes que se practican con ganas son algunos de ellos. Disfrutar de ir al cine cada dos por tres, tomarse un café con amigos… son tantas las cosas que funcionan como pequeñas sesiones de terapia para el cuore, el cuerpo y el marulo TodoJunto y AlMismoTiempo.

La escritura en este blog y otros blogs amigos es parte de mi Ritual de Restauración Personal. También es un gusto compartido con todos los que pasan, leen, comentan. Sin embargo y como habrán notado, no le puedo dedicar a este blog el tiempo de otros tiempos y por este motivo posteo con menos frecuencia, aunque con las mismas ganas de siempre. Escribir me encanta; me encanta en el sentido de encantamiento, es decir, me siento encantada cuando estoy frente al teclado, como ahora, y entonces el tiempo vuela misteriosamente (como es misterioso todo lo que se refiere al tiempo, dicho sea de paso).

Creo que nuestros Rituales de Restauración Personal nos definen, de alguna manera. Atravesamos etapas en las que los honramos más, y otras en las que nos dedicamos a ellos en tiempos robados a TodoLoOtroQueAndaPorAhí, pero siempre están cerquita nuestro, esperando agazapados la oportunidad de rescatarnos de las exigencias de todos los días, el cansancio o el desamparo que provoca el preguntarnos de vez en cuando: “¿y ahora qué?”.

Ahora, butter eggs. Bon appétit. ;-)

El lunes empiezo la dieta

flaquita así Y como hoy es casi lunes, hoy casi empiezo la dieta, obvio (es una decisión casi inapelable, como que dos más dos es cuatro). :-D

Más allá de los kilos que quiero bajar, pienso en el inconformismo que sentimos las mujeres por esa cosa desarmónica que nos vemos en el cuerpo al tener un par de kilos demás. ¿No estaremos exagerando un poco la nota al volvernos tan críticas con nosotras mismas?

No hay conversación femenina en la que el tema de las dietas, los kilos, los tratamientos estéticos o los gimnasios no esté presente: en algún momento, antes o después, el tópico -y la preocupación compulsiva- sale a la luz. Así como hace diez años yo no podía tener una sola conversación de sobremesa en la que no se hablara de política, hoy cualquier charla de café con mis amigas del alma toca en algún momento el asuntito de la luz pulsada o los tratamientos de ultracavitación.

¿Por qué? ¿Es porque hace diez años no teníamos que hacer nada para mantener un cuerpo bastante delgado y armónico -¡y ahora sí, hay que hacer algo!-, o es porque en los últimos diez años la valoración estética de la mujer es un tema “importantísimo”, con mucha más presencia social que antes?

En una encuesta realizada recientemente por la marca de ropa interior Triumph surgieron los siguientes datos:

- El 81% de las alemanas están satisfechas con la apariencia de su físico. En Inglaterra, el 75% de las mujeres.
- En Argentina sólo el 40% está conforme con su cuerpo (el valor más bajo del estudio). EL 19.7% ya tiene decidido pasar por el quirófano y el 55.1% no descarta hacerlo en algún momento.
- En comparación con la década del ‘50, la mujer británica aumentó 5 cm. de busto y caderas (por la alimentación y el sedentarismo), pero no lo considera en sí como un problema.
- Las mujeres francesas se mostraron conformes con su cuerpo en general.

Leo también un comentario de Mara Ferino (socióloga) que dice: “Entre el cuerpo que tenemos y el que aspiramos existen modelos e ideales estéticos que heredamos y que, para bien o para mal, nos han servido de referencia en la construcción de nuestra imagen corporal. En el caso de Argentina, la encuesta deja entrever una fuerte dependencia de la mirada / aprobación del sexo opuesto y las intervenciones en pos de satisfacer al ‘otro’ de la cultura que hoy delinea un cuerpo casi irreal. Históricamente, tanto hombres como mujeres crearon y usaron artificios para embellecerse y modificar lo que la naturaleza les dio. Tener determinado físico revestido de ciertos signos indicaba e indica rango social, pertenencia, estatus, identidad social y sexual. El cuerpo se constituye, pues, en un territorio significante y significado por la sociedad y la época en la que se lo analiza”.

¿Y qué representa nuestro cuerpo en esta época y en esta sociedad, entonces? Sospecho que le pedimos demasiado. En una de ésas, le exigimos tanto a nuestro aspecto físico porque hay otras áreas más profundas de nuestra identidad cultural y social a la que le estamos exigiendo muchísimo menos. Y es evidente que no podemos compensar esos desequilibrios mentales y emocionales alimentados por los medios de comunicación y es por eso que nosotros, hombres y mujeres de a pie, los traspasamos a nuestra propia vida cotidiana.

No nos queda otra alternativa que empezar juntos la dieta, entonces. Porque es el mandato de estos días, de nuestro momento histórico (?). Pero podríamos modificarla ligeramente, si les parece bien… ayunemos de grasas trans y chicas de tevé y volvamos a la comida sana de cuerpo y espíritu: más frutas y verduras, libros, música y momentos genuinos & divertidos con personas sin Photo Shop en la sesera. :-D

Mujeres que Se Justifican Ante Los Lobos

solitario en la cárcel “Dime de qué alardeas y te diré de qué careces”, dice una máxima que cada día me parece más brillante (creo que es una verdad todavía más incontrastable que aquel teorema de Pitágoras). ;-)

La frase viene a cuento porque últimamente veo en Facebook un montón de publicaciones de Conocidas del Alma que rezan algo así: “Yo soy maddddre, y por mis hijos les juro que tengo por bien vivida cada estría, cada tonelada de celulitis, cada arruga y enchastre con vómito, cada ninguneada de mi cuñada soltera que vacaciona todos los años en Europa y cada noche en vela cual Florence Nightingale dedicada a ellos”. O algo por el estilo, ustedes me entienden bien porque seguramente leyeron la frase pegada en unos cuantísimos muros. :-D

Curiosamente, algunas de esas mujeres que declaran a los cuatro vientos eso de estar tan Orgullosas de Ser Madres Abnegadas, en lo privado de las Cuatro Paredes del Mundo Real (?) me han confesado estar hartas de la maternidad tal como la viven actualmente, es decir, encerradas en Sus Propias Cuatro Paredes, porque… no trabajan ni tienen una responsabilidad fuera de sus hogares. Es decir que son madres, esposas y amas de casa, pero no ejercen un oficio o profesión que les permita tener aunque sea unos cuantos pesos propios en la billetera. Y dejar la rutina del hogar por un rato, ya que estamos.

Y entonces pienso en que claro, por supuesto que la maternidad es una cosa maravillosa, una experiencia de amor imposible de superar o difícil de renunciar voluntariamente, por lo menos. Pero como también sucede con aquellos otros “dones” tales como estar enamorado, tener millones de dólares o ser bellísima, la maternidad NO ES INCOMPATIBLE con ciertas posibilidades que nos ofrece la vida tales como trabajar, tratar de dormir la siesta si pasamos la noche en vela o darle batalla a la celulitis, por ejemplo. :-D

Y me pregunto si no sería mejor renunciar a la utilización del muro del Facebook para justificar nuestra vida tal como está hoy -que seguramente es lindísima en líneas generales, nadie lo duda, así que, ¿por qué elegiríamos hacer ostentación del sa-que-ri-fi-cio?- y arrimarnos un poquito más a lo que queremos que sea. Con honestidad, entonces, podríamos decir algo así: “Soy maravillosamente feliz con mis hijos, pero si alguno de ustedes tiene la posibilidad de ofrecerme un trabajo part time que pague algo más que lo que me cobra la empleada que deberá reemplazarme en casa por esas horas que tendré que permanecer afuera, le estaré eternamente agradecida, porque tendré lo mejor de Ambos Mundos”.

Todos entenderemos que además de ser una Madre Generosa, la Mujer en Cuestión es Vivísima para Colgar Mensajes en su Facebook, porque no le interesa demostrar que es una abnegada fundamentalista de la reproducción a mansalva de la especie (dado que por el momento no le queda otra alternativa), sino que más bien quiere poner un pie en la creación de esas oootras alternativas que tengan en cuenta la Probable Realización de Sus Sueños. Y entonces todos los que leamos el aviso parroquial estaremos habilitados para darle una mano, en la medida de lo posible. ;-)

“Viernes”, dijo Robinson. Y la isla ya no estuvo tan desierta…

wilson y house Sin no hubiese tenido amigos, yo creo que habría enloquecido. O enloquecido ANTES, suponiendo que no pudiésemos garantizar mi cordura en los tiempos que corren. :-D

Con mis amigos comparto mucho de todo lo que me pasa y de lo que les pasa a ellos. No lo comparto todo, ni lo comparto desde el “momento cero”: necesito tiempo para poner ciertos hechos en palabras, y ni hablar de los sentimientos o de las emociones (como cronista de sucesos soy un poco más directa, digámoslo así). A ellos también les pasa, no vayan a creer que soy tan única y especial… ;-)

Sé que algunos se han alejado, otros están desde siempre aunque la relación entre nosotros haya cambiado necesariamente. Es que ya no tengo el mismo tiempo disponible que antes (ellos tampoco), y las experiencias que vivimos se vuelven, a lo mejor, más complejas de compartir cada dos por tres. Pero ellos están y estuvieron como algo más, mucho más que una nota de color en el día a día.

Con Cucurullo fuimos amigos durante mucho tiempo antes de ponernos de novios, y creo que la relación entre nosotros es tan fuerte desde el comienzo justamente por eso. Y es que no, no es lo mismo que te presenten a alguien para empezar a salir, que conocerlo con tiempo y sin ninguna intención (para todo lo demás, existe Mastercard). También es cierto que un poco antes de casarnos, un amigo ponzoñoso nos dijo: “Ojalá tengan todo el éxito del mundo, pero si este matrimonio no prospera, lo bueno es que yo todavía puedo seguir siendo amigo de los dos. El amor es eterno mientras dura, decía Borges, en cambio la amistad es eterna… y punto”. Sí, bueno, es cierto, los amigos pueden ser unos jodidos para decir ciertas cosas, también. Pero si son amigos de esos que calan hondo, una tiene que ser más bien flexible de oído al tratar con ellos. :-)

A esta altura comprendo que el amigo – amigo – de verdad es… el que sobrevive en el tiempo; es el amigo que está y continúa estando aún después, el que sigue teniendo un mano a mano de ida y vuelta con nosotros y que no se nos pierde en el camino (y si nos perdemos de vez en cuando, siempre descubrimos cómo volver a encontrarnos).

Tengo dos amigas a las que quiero mucho muchísimo y que en estos días están pasando momentos bravos. Caí en la cuenta (otra vez) de lo tanto que las quiero porque el cuore se me encogió un poco cuando ellas, cada una en su momento, me comentaron lo que les estaba ocurriendo. Yo siempre supe que las quería, por supuesto, pero las emociones son más directas que la concatenación de palabras para recordarnos estas cosas, así que digamos que me enteré de cuerpo entero de lo importantes que siguen siendo para mí. Registré ese afecto instantáneamente. Me reconocí amiga de ellas en ese tiempo preciso, sin antes ni después.

Sin los amigos, que están en las buenas y en las malas sin necesidad de juramentos ni archivos ni registros, no comprenderíamos el amor más allá de ese instintivo que sentimos desde el vamos por nuestros padres, hermanos y/o algún otro pariente trasnochado que comparte la misma información genética. O por aquél otro que tiene interés en mezclar sus genes con los nuestros, por supuesto. :-)

El único punto flojo del Edén es que no había de quién hacerse amigo. Era un lugar muy solitario. Hasta que la Serpiente se apiadó de Eva y se fue a tomar un café con ella y hasta le explicó todo el asunto de la manzana. ;-) Sin amigos no hay Paraíso, y hasta el Paraíso sin ellos ya no me parece tan interesante.

La sutil diferencia entre el “contigo pan y cebolla” y un “amorcito, hoy comemos focaccia”

miedos Hay gente que leyó demasiadas tragedias griegas en su vida. O vio toneladas de telenovelas de Migré, vaya uno a saber. :-D Por una u otra razón, una cosa es segura: a esta multitud le encanta sufrir (incluso por adelantado) y transmitirles a los demás cierta sensación de dramatismo, mientras se acomoda -empujando a los otros, si es necesario- en el primer plano de cualquier enchastre emocional que aparezca por ahí.

¿Vocación de víctima? ¿Desesperación por llamar la atención, ser Primera Figura o salir coronada como Miss Morticia Del Año? Yo no lo sé. Pero existe una paradoja: cuanto más tenemos de todo lo bueno, cuanto más confortable es nuestra vida y menor la cantidad de conflictos reales, más nos torturamos con problemas inventados (o exagerados) llevados a punto caramelo en nuestra imaginación y en nuestras palabras.

Por otra parte, conozco personas con serios problemas reales y concretos que sabe disfrutar con una sonrisa su día a día y sobrellevar con serenidad las malas cartas que le han tocado en la partida. Sin hacer grandes escenas ni fabricarse lágrimas de falso bicho Lacoste.

¿Nos cuesta mucho dejar de lado la soberbia de pensar que cualquier inconveniente que nos roce es un dramón insondable?
¿Todo lo que nos sucede es una injusticia sin nombre,
todo error de los demás es criticable hasta el hartazgo,
toda carrerita insignificante es una toma cuadro por cuadro de “Carrozas de fuego”?

El otro día estaba en la verdulería, y un chico joven y evidentemente muy humilde le pidió al dueño del boliche “dos cebollitas, nada más”. Sólo tenía un puñadito de monedas en la mano, y las ocultaba con mucha discreción. El verdulero le dio las cebollas y cuando el chico le preguntó cuánto le debía, el hombre, como si no hubiera visto su pilita de monedas, respondió: “no, mejor me lo pagás otro día… hoy no tengo nada de cambio”. El chico se fue aliviado con su bolsa y sus monedas, y el verdulero siguió atendiendo a los demás clientes como si nada. Ninguno de ellos dos exageró la escena: ni el chico pidió favores ni el otro puso cara de conmiseración, nadie tuvo nada que decir ni tiempo para hacerlo. El verdulero tardó dos segundos en acomodar un cajón de calabazas y exclamar, dándose la vuelta:

-”¿Quién sigue?”

Y nada más. Así -con dignidad y en silencio- algunos sobrellevan todas las cosas… incluso las que no sabemos si son grandes o pequeñas.

Instructivo para transformarse en un chismoso (de los buenos) en un dos por tres

Truman

- Asegúrse de enterarse de tres o cuatro datos aislados, aunque suenen inverosímiles,
- Trate de que puedan relacionarse entre sí, como un collar de perlas (aunque sean perlas falsas),
- No chequee las fuentes (puede ser su peluquera, el vendedor de seguros del auto, el colchonero, Rey de Bastos o un plagiador de “Cambalache”),
- Jamás se pregunte si puede haber otros elementos que inclinen la balanza para el otro lado,
- Y divulgue por todas partes (con algo de sarcasmo sería mejor) el Super Moco que logró preparar impunemente, para que el prójimo ávido de chismes se lo trague con voracidát, cual si fuera una Deliciosa (o Algo así) Cajita Feliz (o Algo Asá).

Trate de recorrer pasillos, ascensores, máquinas de café, baños de damas / caballeros y bares aledaños con el suculento embrollo. Tampoco olvide desparramarlo por e-mail o en los rincones de su red social preferida.

El asunto es medio engorroso y una a veces se saltea algunos pasos (aunque se proponga no seguir jamás ni una sola de las etapas del instructivo). Yo misma, sin ir más lejos, el otro día pude -en escasos segundos- elaborar toda una compleja teoría con dos o tres datos de sospechosa autenticidát. Desgraciadamente, a los pocos instantes hasta yo misma encontré “alguna evidencia” (?) que destruyó mi hipótesis como un castillo de naipes. Mondo cane.

Espero tener mejor suerte la próxima vez. :-D

Hágalo usted mismo… pero no TODO usted mismo, ni TODO el tiempo!!

demasiado humano

Cuando te cuesta delegar y para colmo tenés el sí fácil para recargarte la agenda, sin darte cuenta se te da por practicar el pan – para – hoy – hambre – para – mañana. Es que queriendo o sin querer terminás eligiendo el beneficio inmediato (?) de hacerlo todo solo, para no perder el tiempo (que supuestamente no tenés) en explicarle a otro, en poner ciertas premisas en palabras, en esperar a que el Fulano te entienda la tarea, se decida a ejecutarla… y vos tengas el hueco para revisar el resultado, si hiciera falta.

Así que para no depender de otros, terminás sobrecargado de responsabilidades. Algunas pueden ser fundadas, pero… ¿todas? ¿absolutamente todas? No lo sé.

Se va transformando en una característica viciosa de tu modus vivendi. Lo peor de todo, lo aclaro porque no soy moralista, ni detallista, ni obsesiva (bueno, no MUY obsesiva. Digamos que no MUY MUY, en todo caso. O mejor no digamos nada :-D ), lo peor de todo, decía, es que es un vicio que te hace desbordar en un charco apantanado (¿existe esa palabra? me gusta más que “empantanado”) de aburrimiento y fastidio. Porque cuando desbordás te ponés en el lugar de la víctima quejosa y malhumorada, como si estuvieras predestinado a ser una especie de Juana de Arco que se inmola día a día pero no en una hoguera, sino en una hojita de calendario plagada de anotaciones y vencimientos personales. ¿No criticaste esta actitud cuando la veías en los demás? Yo sí, te cuento… la critiqué muchísimas veces. :-D

La vida se te pasa, entonces, entre críticas a las Juanas Ajenas, o quejas de bandoneón emitidas por la Propia Juana que llevás adentro. Un clásico porteño, ¿no?

Es viernes. Llueve. Estoy cansada y esta semana ha pasado de todo en el país, en mi vida extendida y también en mi baldosita individual de treinta por treinta. Es un buen momento para soltar amarras y dejarle espacio a los demás.

¿Hay alguien ahííí?

Los días que le vienen siendo esquivos al “savoir vivre”

cazador cazadoA menudo Mile canta una cancioncita infantil que empieza así: “el ciempiés es un bicho muy raro / parece que fueran muchos bichos atados”. Me encanta esa canción. Y también me hace acordar a cómo comienza a derrapar mi tiempo personal desde octubre hasta fin de año: cada día parece un montón de horitas cosidas unas con otras (algunas con mejores costuras, otras, más o menos). Entonces no me queda más remedio que centrarme en las prioridades, cual malabarista con muchas pelotitas en el aire tratando de que no se caiga ninguna. Que las horitas rindan, que las patas del ciempiés caminen todas al compás y no se me ande tropezando el día.

Reconozco que a veces tenso la cuerda y el cuerpo me pasa factura. O peor que el cuerpo: el humor. Me fastidio fácil y me canso fácil, también. Esa es la fórmula fatídica que me vuelve difícil, paradójicamente. :-D

Cucurullo me comprende porque está en la misma situación que yo, así que me acompaña y equilibra los tantos cuando es necesario. En cambio Mile me sigue el ritmo y se fastidia casi al compás: ella me refleja instantáneamente, entonces ahí me doy cuenta de que tengo que bajar un cambio. El resto de mi familia también está presente, y mucho. Además, tengo la suerte de trabajar son gente de mucha paciencia… entre tantas tareas que tienen, la mayoría de ellos da clases en la universidad (por dos mangos con cincuenta, obvio), ergo, son personas con un umbral de tolerancia hacia el prójimo (alumnos, instituciones y otros etcéteras) mucho más alto que el mío. ;-)

A lo que voy es que en general interactúo con gente muy positiva, es así y tengo que reconocerlo. Por eso no quiero quejarme de ellos, porque hoy no tengo personajes intrínsecamente jodidos pisándome los talones a cada rato, como sí hubo en otras épocas. Se cae de maduro que no son “los otros” los problemáticos y febriles, sino yo misma: a partir de este mes siento que aumenta la demanda de energía para encarar situaciones laborales, reuniones sociales, trámites varios. Por ejemplo, en la consultora para la que hago algunos trabajos, comienza a repetirse este latiguillo cada dos por tres: “el país trabaja hasta el 20 de diciembre y enero y febrero son meses muertos para nosotros, así que tenemos que dar por cumplido el grueso de nuestros informes antes de esa fecha”. Entonces forzamos la marcha. Todos.

¿No les pasa a ustedes de vez en cuando? En esos casos, ¿no empiezan a visualizar -con la imaginación- la arena bajo los dedos de los pies cuando el primer rayo de sol les permite cambiar botas por sandalias? ¿No empiezan a soñar con destinos turísticos, a mirar con aprensión las próximas fechas de exámenes de lo que sea que estén cursando, a revisar la agenda de presentaciones y los “alcances definidos de las tareas pendientes”? ¿Soy yo la única que se fastidia más fácilmente y que, queriendo o sin querer, fuerza el motor en las subidas escarpadas?

Sinceramente, les cuento que hoy por hoy me siento un poco así. Como esperando la próxima suave tendencia descendente, pero preparándome para volver a subir. Todavía es octubre: falta mucho por recorrer… en poco tiempo.