Archive for the 'Floras & faunas y otras clasificaciones' Category

La Vida Como un Duty Free Shop Eterno

buy & take

Un amigo le escribió al entonces senador norteamericano Paul Tsongas cuando éste decidió no presentarse a la reelección porque le habían diagnosticado un cáncer: “En el lecho de muerte, nadie ha dicho nunca que desearía haber pasado más tiempo en la oficina.”

Ya sabemos de los beneficios innegables del trabajo: económicos, personales, sociales, de todo tipo… como no tengo vocación pedagógica, no me voy a poner a desarrollar acá lo que ya todos conocemos (mi madre es docente y yo no tengo paciencia ni para explicar la tabla del uno, ¿pueden creerlo? Es evidente que no todos los dones se transmiten a través de los genes).

Pero a veces -a menudo- uno conoce personas que hacen de ese vínculo con su profesión o especialidad, una identidad casi única y excluyente. Es muy frecuente verlo en el mundo de los negocios. Es ese tipo de gente que cuando le preguntás el nombre, te da su CV “comentado” en doce palabras, como para que uno lo pueda ubicar en el casillero (Top) correspondiente: “Hola, soy Fulano de Tal, me gradué de Master Of The Universe en la Universidad de Trussachussets Por Poner Un Ejemplo, y hoy soy fundador, CEO y Líder Espiritual de la compañía Tal Cosa”.

Y está muy bien ser el Alma Mater de Tal Cosa, ¿no? Maravilloso.

Pero si vamos a creernos que somos principalmente eso, y a ufanarnos por pasar trece horas por día en la oficina para que Tal Cosa sea Más Grande y la Burbuja nos Posea por Completo, ya el asunto cambia.

Porque entonces no podremos hablar de otro tema que no sea nuestro trabajo, o algún otro tópico impersonal y “democrático” (todos conocen de qué se trata) pero a su vez “exclusivo” (aunque muchos aspiren a conseguirlo, sólo unos pocos pueden hacerlo): tecnología de punta, autos importados, propiedades carísimas, bienes suntuarios en general… es que esta clase de temas muestra nuestra “clase”, justamente: es la medida de nuestro éxito. La “clase” de éxito que nos proyecta al mundo como personas satisfechas consigo mismas. Como personas con la Cosa Más Grande.

Entonces la vida íntima y personal se desplaza a un costado por un rato, pero es un rato que nadie sabe cuánto dura: sí, el amor viene, pasa y se va; y los matrimonios también. Ya sólo nos queda de esas historias una cuota de cinismo, y la “otra” cuota, ésa mal llamada “alimentaria”. Y el fin de semana con los chicos, que crecen muy rápido, con los que no convivimos, de los que conocemos su pasado de muy chiquitos, pero nada de su presente: ni quiénes son hoy, o qué les gusta, o cuáles son sus amigos… unos extraños con el mismo tono de voz y la misma nariz que uno. Rarísimo Uno a estas alturas, también.

Y un día la Cosa Más Grande De Verdad puede ser todavía insignificante, pero suena la alarma: un bultito de nada, un dolor en el pecho, un desmayo sin causa. Estamos bien, “bien, bien, todo bien”, pero es imposible no sentir miedo, preocuparnos un poco, vernos la cara en el espejo con intención (por primera vez en mucho tiempo), como tratando de adivinar qué nos depara el otro lado.

Porque el reloj avanza. Por el carril lento, pero avanza. Mientras tanto, andamos por ahí creyendo que los que avanzamos (¡y por la vía rápida, además!) somos nosotros.

Más difícil que encontrar un taxi libre en hora pico un día de lluvia

taxi- Sobrevivir a una reunión de trabajo en la que te tienen dos horas quemándote las neuronas analizando planillas de excel… sin convidarte con un mísero café!

- Encontrar a alguien que sepa mucho de música y que le guste cómo canta Carla Bruni (¿Susurra o canta? Susurra, ¿no?).

- Compartir un almuerzo entero (entrada, plato principal, postre y café) con alguien absolutamente monotemático (cuando los platos varían más que la conversación, uno puede morir de aburrimiento).

- Hablar tranquilamente con un grupo de amigas en un pelotero lleno de chicos.

- Que un francés entienda que no entendés francés, pero así y todo leíste la obra completa de Camus.

- Hacer “la dieta de la sopa” durante más de tres días sin sumergirte en el túnel interminable y oscuro del más absoluto mal humor.

- Que el taxista hable lo justo y necesario, ponga buena música y tenga cambio. :-D

Tips que conviene tener en cuenta a la hora de querer entender el mundo (que no es rosa Dior)

Dior cherie – Nosotros también nos equivocamos. Y en una de ésas, más a menudo y de peor manera que aquellos otros que nos encargamos de criticar puntualmente cuando cometen algún error.

- Lo que a nosotros puede parecernos una tragedia griega, un hecho traumático o un simple baldazo de agua fría, para otro puede ser menos grave que una picazón en el codo.

- Cuando nos enteramos del caos que es la vida de Fulano y nos proponemos compadecerlo, llamarlo “un día de éstos” para ver cómo está o aunque sea desparramar el chisme a diestra y siniestra, puede que Fulano ya lo haya superado, aprendido algo de todo el embrollo y hasta que se beneficiara con la experiencia (solemos freezar a Fulano en nuestra mente y evocarlo a cada rato en su empantanosa situación, pero resulta que la vida se mueve más rápido que nuestra capacidad de morbo).

- No somos objeto de la envidia de nadie. Y si lo somos, es porque el envidioso envidia democráticamente a todo el mundo por igual, pero no porque le importemos más que otros, ni porque nosotros seamos perfectos, hermosos, divinos seres pletóricos de felicidát y/o hayamos recibido más bendiciones del cielo que ninguno.

- Sí, nuestros padres fueron jóvenes alguna vez, tuvieron sexo (qué horror!), y un día se volvieron viejos ante nuestros ojos. Los mismos descubrimientos harán nuestros hijos tarde o temprano, así decidamos ser totalmente diferentes a todas las generaciones que nos precedieron.

- No siempre decimos lo correcto, escribimos sin errores o nos comportamos divinamente. Por eso, la soberbia es para los desmemoriados.

- El secreto de la fidelidad y la felicidad es que comparten dos cosas: la rima, y eso de que empiezan en uno mismo para despuéssss trasladarse a los demás.

- Cuando creemos que entendemos perfectamente una situación, es porque la hemos superado. Entonces de inmediato arribamos a una instancia superior en la que, nuevamente, no entendemos nada de lo que ocurre. Y vuelta a empezar.

- Uno se mantiene delgado, honesto y fiel repitiendo el siguiente mantra todas las veces que la situación lo amerite: “No, gracias”.

- Uno cree en Dios cuando descubre que las respuestas tan lógicas & habituales no cierran totalmente frente a lo compleja que resulta la existencia. Porque dos más dos son cuatro, casi siempre.

- Los verbos que a la gente le interesa conjugar en cualquier conversación banal cuando se tropieza con uno casualmente por la calle, son: nacer, estudiar (algo), recibirse (de algo), casarse (con alguien), trabajar (en algo importante o de cadete?), ganar dinero (mucho o poco?), mudarse (casa o departamento? zona urbana o country? es un lugar propio o alquilado?), tener hijos (sanos y felices?) y morir(se). Lo que sucede en el medio de todos esos verbos no le interesa a nadie, y puede quedar en la más absoluta intimidát de uno mismo durante añares sin que esas personas se enteren; por ejemplo, tener un blog en donde se pretenda conjugar (o jugar con) todos los otros verbos. ;-)

Abuela dixit (excavación arqueológica en las memorias de la familia)

la vejez no es lo que era- Por teléfono, haciendo un reclamo ante un empleado de una compañía de servicios: “Señor, veo que usted es poco despierto: qué se le va’ser, ahí no podemos hacer nada. Lo que sí, podría atender más amablemente a los clientes, porque creo que ésa es una virtud bastante accesible.”

- Hablando de crisis conyugales: “En una convivencia de pocos años, los problemas son chicos. Los problemas grandes vienen cuando pasás junto a una misma persona casi toda la vida. Los que se divorcian enseguida arman ‘parejas’ que por ahí no funcionan, pero ésos no son verdaderos matrimonios.”

- “El problema no es el amor, sino la soledad.”

- “La demencia senil viene cuando sos tan grande que ya no hay futuro, entonces te escapás por la puerta de atrás, y volvés al… pasado.”

- “Lo que te pasa cuando sos viejo es que viviste muchas cosas, y por éso te volvés desconfiado. Entonces cuando te dicen, por ejemplo: ‘acá somos todos iguales’ sabés que en el fondo lo que te quieren decir es que no somos todos iguales. Pero es muy triste, porque a lo mejor el que te dice este tipo de cosas es muy joven y entonces no sabe que te está mintiendo, todavía.”

- “Los hombres no maduran, sólo cambian la voz.”

- “Los hijos varones son tuyos hasta que se casan, y después son de tus nueras. Lo más amargo es que a la larga puede que ni siquiera sigan siendo de ellas…”

- “Las personas violentas no pueden perdonar, porque la facilidad que tienen para enojarse no les da tiempo a olvidar. Por eso, es mejor no acercarse a esa gente, excepto que creas ser tan perfecto como para no equivocarte nunca.”

- A su hija: “Yo no tengo fe, aunque quisiera tenerla porque me serviría de consuelo. Por eso te di una educación religiosa, para que tengas a qué aferrarte. Si podés, rezá por mí, pero si no lo hacés, no importa. ¡Qué triste es no tener la certeza de que haya Alguien que pueda ofenderse!”

Los hombres celosos valen por dos: el que ves y el que no ves

belleza sugerenteEl otro día una amiga de una amiga de una amiga mía (hay, midióssss, qué difícil es borrar evidencia) me dejó sorprendidísima. Es que ya somos gente grande las dos, hace rato que abandonamos la tierna adolescencia, somos “señoras de las cuatro décadas” (Arjona, nunca voy a comprar un disco tuyo, sabélo. Ok, hace mucho que no compro un disco, así que corrijo: nunca voy a bajarme tus temas, tenés que saber que mi e-mule te tiene en “spam”).

La cosa es que mi amiga, una chica no tan chica, casada desde hace varias vidas con el mismo chico no tan chico, un día en que me la encuentro en la calle y hablando de temas totalmente intrascendentes, a cuento de nada cuelga una sonrisa algo ajada en su rostro cansado, y exclama: “es que mi esposo es TAN celoso, no sabés, es un pan de Dios, pero tiene eso de ser tan posesivo, viste?”.

Y me lo confiesa orgullosa, además. La miro sin entender, mientras sus dos hijos tiran de su cartera, su sweater, su mano, de todos lados a la vez. Trato de visualizar mentalmente a su marido, y recuerdo a un aprendiz de fisicoculturista al peor estilo Rambo, baboso, atildado y con una parada de compadrito “que aunque tenga que aprender / nadie sabe más que yo”. Terrible imagen: le falta un cartel luminoso en la frente que diga: “mirenméN”.

Evoqué esos días de Family Day en una de esas antiguas oficinas en las que vivíamos trabajando de sol a sol. En un “Family Day” todos los que trabajan en ese antro de perdición invitan a sus mujeres e hijos a la empresa para que conozcan su lugar de trabajo y permanezcan algo así como dos eternas horas en compañía de su abnegado padre, marido ejemplar & empleado modelo. En uno de esos cruentos “Family Day” llegó a la oficina una esposa muy pagada de sí misma, vestida cuidadosamente para impresionar, escudada tras una falsa cartera de diseñador internacional & una sonrisa Kolynos a estrenar. Y así se pavoneaba la señora entre los demás empleados, jactándose, en un determinado momento, de lo pesado que era su marido con ella, lo dependiente y celoso que se mostraba respecto de otros hombres. Rarísimo todo el asunto, porque las chicas de la oficina sabíamos que su señor esposo era un mujeriego compulsivo que buscaba una aventura con cualquiera y que se imaginaba en paños menores a la primera que cruzara la puerta de su oficina, sin distinciones de ningún tipo: el hombre era de amplios criterios, hay que admitirlo.

Y entonces se me ocurrió la siguiente teoría: así como cuando las mujeres tenemos un atraso menstrual de quince minutos comenzamos a ver en nuestro paisaje cotidiano a otras mujeres a punto de parir (dónde estaban dos semanas antes? todas encerradas en un Centro de Obstetricia?), del mismo modo los hombres que coquetean con todas se imaginan que sus mujeres histeriquean con cualquiera. Lamento decirles que tengo muchos años recorridos en los pasillos de cuanta oficinuzca se imaginen como para sostener mi horrible sospecha.

premiersAsí que, joven (y no tan joven) argentina (o de cualquier parte del mundo, latinas, sobre todo): si tenés un marido que trabaja doce horas diarias en algo parecido a un gineceo, y el hombre en cuestión no es:

- descendiente directo de talibanes (con ciudadanía comprobable),
- la reencarnación de Otelo,
- un Quasimodo tremendamente feo, mientras que vos sos más linda que la Venus de Milo y encima, con dos brazos,

y el susodicho, además, te arma un escándalo espantoso porque saludás con un “buen día” al sodero, no creas que es, necesariamente, porque él te ve como una bomba latina a punto de sucumbir en una flor de crisis matrimonial sin vuelta atrás, y si te lo creés, no se lo cuentes a nadie. Ya que estamos, va un consejo adicional: si por esas cosas tan extrañas del mundo corporativo, un día te ves obligada a pisar las oficinas donde trabaja tu medio limón, entonces, con humildad, una amplia sonrisa y gran sentido del humor, saludá a las empleadas, comentá con ellas las últimas novedades de la revista Caras, de lo que opinás y pensás de la vida en general si viene a cuento, no te refieras a “mi marido” excepto que tengas que presentárselo a alguien, y entonces sí, te garantizo que las otras chicas que “viven” ahí van a pensar para sus adentros, y a comentar entre todas en el baño cuando vos te vayas: “qué copada la señora Tal, tiene onda y es inteligente, no se merece a semejante canalla, ni aunque lleve colgando esa ridícula cartera Louis Vuitton”.

Miramé y no me toques (pero miramé)

BogartLas chicas histéricas se dividen en dos: las Histéricas Selectivas, vale decir, aquellas que están rodeadas por una cierta aura de exclusividad para ejercitar ese famoso “sí, pero no” que tienen a algún perejil a mal traer, y las Histéricas Democráticas y Populares (más conocidas por sus siglas: “Hache De Pé”), que hacen del infierno un lugar bien accesible para unos cuantos, sin distinciones ni banderías políticas que las distraigan de su objetivo.

En una de las empresas en las que suelo trabajar se pasea una Hache De Pé que es un ejemplo casi de libro, les diría. No vamos a incinerarla acá con nombre, apellido y número de documento porque no tenemos nada en contra de ella, solamente pretendemos analizarla como caso de estudio.

Hache De Pé es, físicamente, una chica del montón, ni linda ni fea. Pero definitivamente es llamativa. Se tiñe el pelo de rubio Marilyn y se lo ata en una cola de caballo cuidadosamente desprolija. Usa poleras que no dejan ver ni el lunar del cuello, pero que son ajustadas como una segunda piel. Mueve las caderas enfundadas en pantalones de colores discretos, y que son exactamente dos números más chicos que los que debería usar para que no se le corte la circulación sanguínea de la cintura para abajo.

Hache De Pé no usa los internos ni el mail para comunicarse con nadie: desfila por los pasillos cual pasarela para decirle al Jefe de Contabilidad que ya “le” registró el asiento por la compra del botiquín de primeros auxilios, o para informarle a un analista comercial que no hay más papel higiénico en el baño de mujeres: “Qué vergüenza, Nico, vos podddés creer? Me podrás conseguir un rollo del baño de hombres y pasármelo por debajo de la puerta, porfi?”.

Hache De Pé se ríe fuerte de cualquier palabra que parezca -por el tono en que fue pronunciada-, un remate de chiste contado por cualquier señor con cierto poder dentro de la compañía. Dispara la carcajada ostentosamente y sin pensar en qué tema se estará discutiendo: así escuche los términos “ejercicio fiscal anterior”, “ortodoncia”, o “sálvese quien pueda” ella se descostillará de la risa de todas maneras, adoptando un gesto cómplice hacia el supuesto capocómico.

Hache De Pé habla mucho de su novio mientras coquetea con el Gerente de Sistemas, o justo antes de reprocharle al Coordinador de Recursos Humanos que se olvidó de saludarla por su cumpleaños. Que fue hace dos meses, pero ella todavía se acuerda de ese detalle supuestamente intolerable.

Hache De Pé no tiene amigas, pero frecuenta la máquina de café o la entrada de la cocina escoltada por un par de confidentes en las que deposita los entuertos imaginarios que tiene con todos los demás, y a la que les cuenta también los romances en gestación del resto de las empleadas de la oficina, que ella puede oler en el aire así trabajen cinco pisos arriba del suyo (y no haya ascensor).

Hache De Pé no distingue solteros de casados, ni viudos ni divorciados. Distingue gays de heterosexuales, aunque no le molesta para nada gastar pólvora en chimangos.

Hache De Pé no siempre consigue lo que quiere de los hombres (porque ni ella sabe lo que quiere de ellos), pero frecuentemente logra que la gente esté hablando de ella. O, lo que es peor, que incluso alguna persona más bien desconcertada -porque no se explica el proceder harto globalizado de Hache De Pé- se proponga intentar analizarla en su propio blog personal.

Porque ustedes no lo van a creer, pero hay bloggers que escriben hasta un post entero sobre Hache De Pé… y es que esta chica es un caso rarísimo, no?

Mi depiladora dixit

extraordinary things – “Bah, el glamour, el glamour… glamour es mantener el cavado depilado aunque estemos en invierno”.

- “Si las mujeres intercambiáramos entre nosotras nuestros maridos de vez en cuando, ya no nos quejaríamos tanto de lo que tenemos en casa”.

- “En un centro de depilación, como en el hogar de una, primero importa que esté todo limpio, el ’servicio’ después se va viendo”.

- “Si yo dijera todo lo que pienso, mi amor, no tendría clientas, pareja ni empleada doméstica”.

- “Yo atiendo con turnos prefijados y cobro sólo en efectivo: la clienta que se organiza con los tiempos se organiza con la plata también”.

- “Vos tenés que dejar de preocuparte por adelantado: mirá si mañana te ganás el Loto… y ahí te das cuenta de toda la malasangre por el futuro que te hiciste al cuete! Te vas a querer matar por ser tan estúpida, querida…”

- “Pocas de mis clientas hacen terapia. Es que si estás bien depilada tenés mejor onda con el sexo, y si tenés buen sexo los problemas se sobrellevan sin tanto rollo, no?”.

Los amigos boicoteadores

pafSon buenos buenísimos y están siempre cuando las papas queman, los llames o no los llames, porque tienen un sexto sentido que les hace llegar a la velocidad del rayo la novedad de que vos estás en problemas o con ganas de recitarle a alguien esos tangos que recién terminaste de componer. Además de hacerse un tiempito para sostenerte los Kleenex a vos, están embarcados en cuanta misión solidaria los convoque, ya sea por el reclamo de los pueblos originarios o por las minorías indefensas de cualquier tipo. Son voluntarios en hospitales públicos o asilos de ancianos. Porque son, en pocas palabras, una monada de gente.

Pero cuando los llamás para contarles que te cambió la racha y mirá ahora qué bien que te va en la vida, o participarlos de ese proyecto divino que estás pergeñando y que te llena de alegría, los amigos boicoteadores encuentran repentinamente algo mejor que hacer, así que no pueden escucharte como quisieran: te acompañan a las apuradas (porque tienen muchas otras emergencias que atender en algún Centro de Asistencia al Suicida), o de pronto recuerdan que se habían agendado una gripe para el día en que te ibas a reunir con ellos a contarles las buenas nuevas.

Aquí van, entonces, para los que tengan dudas todavía, los típicos casos en los que es posible detectar a un amigo boicoteador:

- no va a tu fiesta de casamiento aduciendo malaria, pediculosis o el cumpleaños de tres del ahijado. Si es una amiga (en femenino) que asiste a la boda (finalmente!), y para colmo de males está divorciada desde hace mil vidas, pone cara de fastidio si en una de ésas ataja el ramo: ya la casó un Elvis regordete y pasado de alcohol hace dieciséis años, en Las Vegas -le explica a todo el mundo-, pero el matrimonio duró dos meses y no quiere volver a repetir la experiencia, así que se exaspera cada vez que mira las flores que tiene en la mano, las sacude como si fuera un paraguas mojado y va regando de pétalos todo el salón de fiestas, masticando bronca y sonrisas de chica superada al mismo tiempo.

- si tenés un hijo, te regala unas camisetitas diminutas de pelo de llama que compró en un viaje de exploración al asentamiento de los indios wichis. Son imponibles, pican como un cactus y raspan como un cepillo de alambre, pero tu amigo/a insiste en que se la pongas al bebé porque son de fibra natural, sin colorantes ni conservantes (no como esas porquerías de 100 % algodón que te regala todo el mundo).

- si hace mil años que no lo ves y una noche lo invitás a comer a tu casa, llega una hora después de la hora pautada, habiendo pasado por la peluquería y por una exposición de tarjetería española antes de tocar el timbre: ahora tiene muchas cosas interesantes para contarte sobre todos los lugares que recorrió esa tarde! :-D

- si en una fiesta llena de gente que nunca vio antes, descubre que alguno de los ilustres desconocidos es compañero tuyo de trabajo -por ejemplo-, pasará horas y horas hablando de ese “tema en común”, y llegará a contarle al detalle el papelonazo que hiciste el día que te caracterizaste como Barney para ir a una fiesta de disfraces y cómo sudaste la gota gorda toda la noche mientras saltabas sobre un parlante al ritmo del punchi punchi.

- cuando le decís que sabés que él es más bueno que el pan, pero que siempre que tu vida se parece un poquito a un auto de Fórmula 1 sentís que él te pone un palo en la rueda, el amigo boicoteador se ofende y te hace el inventario de las veces que sostuvo el suero con sus manos cuando estabas internado en aquella cama de hospital. Lo que no deja de ser cierto, por supuesto, pero el punto es que últimamente nunca, pero nunca nunca tiene disposición ni tiempo para acompañarte a una fiesta en el Alvear.

Me gusta cuando callas…

uno que habla- las parejas que llevan años de casadas y no tienen nada para decirse mientras cenan en silencio, excepto cuando abren la boca para criticar (con pelos y señales) la vida de los demás.

- las viejas pesadas que tienen el cerebro apagado pero el parlante encendido y entonces repiten (y repiten) jirones de recuerdos con vos cascada.

- las amigas que develan los secretos de sus otras amigas, llevando a remate el tesoro (de otra gente) por treinta monedas de plata.

- las parejas en crisis que cuentan todas sus intimidades y permiten que amigos y conocidos metan indiscriminadamente la cuchara en la relación (como si fuera un postre para compartir entre varios).

- las voces provenientes de los televisores encendidos (cada vez más grandes y estridentes) en ambientes cerrados (cada vez más pequeños) llenos de gente (aunque cada vez nos reunamos menos).

- los hijos repitiendo (a viva voz) las mentiras de los padres.

- los políticos argumentando gansadas con los ojos bien abiertos y el tono bien convincente (pobres hijos los suyos, también).

- los que no saben lo que les pasa, pero antes de cerrar la boca y ponerse a pensar honestamente en sus problemas, acusan a cualquiera de provocarle su estado de ánimo (”Fabricación de excusas a medida: tratar aquí, en este cerebro. Atendido por su propio dueño. Abierto las veinticuatro horas del día”).

Esas cosas que nos quiere hacer creer la gente creída (y que no se pueden creer)

eternas adolescentes- los que son vegetarianos, no comen ni el huevo del huevo de una gallina, pero sí usan lo último de lo último en marroquinería de cuero de primera calidad: bolsos, zapatos, cinturones… al bicho no se comen, pero si al yacaré lo van a hacer cartera, ellos la compran sin ningún prejuicio.

- los famosos que son tan pero tan generosos & desprendidos que participan de eventos benéficos que salen millones de dólares, se sacan millones de fotos, y recaudan unos pocos miles… en rupias. (?)

- los que proclaman no tener problemas con gente de otras razas, religiones o culturas. Y nunca los van a tener, porque esas personas no existen en su mundo: se relacionan solamente con los compañeros de su grupo del Opus Dei -que frecuentan desde el curso de Primera Comunión-, y algún que otro señor heterosexual caucásico que trabaja en su misma empresa y cuyo número de documento también comienza con veinte millones.

- los que se las saben todas sobre las relaciones de pareja, hijos adolescentes y padres incontinentes, pero andan desde hace mil vidas más solos que Ricky Martin en un té canasta auspiciado por los de Tradición, Familia y Propiedad (”que aunque tenga que aprender, nadie sabe más que yo”, dice el tango, no?).

- los que se hacen agua la boca comentándote detalladamente las reuniones que hacen en su hogar y de las que participan a varios amigos para los que cocinan tardes enteras suculentos manjares… pero a vos te invitan un sábado a su casa y cuando llegan las diez de las noche arrojan al aire una idea novedosa y genial: “¿qué tal si pedimos unas pizzas?”.

- las Mujeres Orquesta que declaman a viva voz lo independientes que son y todo el esfuerzo que hacen para sentirse realizadas: trabajan todo el día, cumplen con las tareas domésticas, tienen cinco hijos, asisten a un curso de tarjetería española y le atan los cordones a los zapatos del marido antes de que él salga para la oficina… pero nunca te cuentan que tienen a la madre, a la suegra, dos empleadas y a la hija mayor asistiéndolas hasta para pintarse las uñas.

- los que te confiesan que tienen una profesión, o dos, tres, cuatro, pero están manejando un taxi (una vez un taxista me dijo que era “petrolero”, lo juro!).