Archive for the 'Floras & faunas y otras clasificaciones' Category

Ariel, el peluquero (Capítulo 1 de la Saga: “Aquellos otros hombres importantes de la vida de Una”)

Un milagro Ariel está en mi cabeza desde hace como cinco años ya. Pero no DENTRO de mi cabeza, sino ARRIBA y AL COSTADO DE, literalmente.

Se ocupa de cubrir las canas que van saliendo, de acertarle a la tonalidad del cabello que va creciendo, su iluminación / nutrición / largo y grosor… en fin, de todo lo que “tiene que caer en cascada” de las dendritas para afuera. Por cada sustantivo a estrenar que le agrega al asunto, sé que tendré que pagar un par de billetes demás ni bien llegue el fin de fiesta.

Me ofrece café, las revistas más actuales que todavía no he leído (porque solamente las leo en la peluquería) y un shock de keratina que cuesta lo que un par de botas del mejor cuero argentino diseñadas por la mismísima reencarnación de Pocahontas.

Lo bueno de mi relación con Ariel es que es antigua y descarnadamente honesta, así que en cuanto le huelo la intención, vamos a los bifes sin escalas:

- ¿Por qué me ofrecés el shock de keratina, si ahora no me hace falta? ¡Con todo lo que me pusiste recién en la cabeza ya parezco una torta de crema chantilly!
- Es que mi mujer está embarazada de nuevo y nuestro último hijo tiene apenas once meses. ¿Sabés todo lo que voy a gastar en pañales? ¡Si mis clientas no me empiezan a ayudar, estoy muerto!
- Pero… ¿por qué no lo pensaste antes, querido? “Control de la natalidad”, le dicen. Yo te ayudo, pero tampoco soy la Madre Teresa: hacéme un Touch de Brillo y ya. Hasta ahí llego, pero nada más. Todo tiene un límite.
- Ok, hacéte el Touch de Brillo. Todos los meses.

Adrede, sólo para enojarme, me ofrece su peor sonrisa comercial. Y le acierta, porque en seguida me dan unas ganas locas de zamparle en la cara toda la crema con la que tengo embadurnado el pelo, al mejor estilo “Los Tres Chiflados”. Por supuesto, rápidamente intenta hacer las paces obsequiándome una ampolla super-hidratante que centellea ostentosamente bajo las luces de la vidriera. Y entonces volvemos a ser amigos.

Amigos. “Amigos” es una palabra muy fuerte. Claro que no aplica para este caso. Pero qué reconfortante puede ser a veces eso de saber que hay gente que te conoce y que te espera en algún negocito encantador de tu barrio. Personas que se dedican a un oficio que les gusta, o que por ahí ya no les gusta tanto como antes pero que se las ingenian para encontrarle la vuelta, poniéndole buena actitud y garra en el día a día, sin dejarse vencer por el desgano. A esas personas las vas descubriendo poco a poco, con el tiempo, y ellas también te van conociendo a vos.

A lo mejor no pensás siquiera en estos Geniales Servidores Cuasi Públicos hasta que te cruzás de frente con la vidriera del local, y entonces los saludás haciendo algunos gestos y morisquetas de reconocimiento. O cuando caés en la cuenta de que ya tenés que volver a hacerles una visita para cortarte el pelo, arreglarte las manos, depilarte las cejas o quién sabe qué, y te das una vuelta con toda la intención de contarte las canas y la vida misma junto a estos seres que, mientras trabajan, ejercen el arte de la psicología callejera & ad honorem.

Una de las ventajas del paso del tiempo es que algunos de estos “Seres de Luz” (¿será por el Touch de Brillo?) permanecen al lado tuyo durante un rato más bien largo. Aunque no hay que sorprenderse si un día cualquiera y azaroso, te encontrás frente al secador de pelo con otro señor de sonrisa reluciente -también uniformado de negro- que nada tiene que ver con tu antiguo peluquero entrado en mañas, trucos e hijos. La recepcionista te lo presenta como “Alexis” o “Eric” o algo así.

-Ahá- decís vos, que estás tan sorprendida que ni un “hola” te sale. -¿Y Ariel dónde está, Priscilla? Porque yo SIEMPRE me atiendo con Ariel, no sé si te acordás.
-Sí, sí, claro, pero Ariel ya no trabaja más acá.

La mirada de Priscilla es oscura e impenetrable: la encargada del local está rondando y voy a tener que esperar, como mínimo, hasta el lavado de cabeza en las piletas del fondo para enterarme de qué es lo realmente pasó. ¿Se habrán peleado Ariel y el dueño de la peluquería? ¿O habrá encontrado un trabajo mejor, más rutilante todavía que la ampolla que te llevabas a veces como souvenir?

Mientras tanto, Alexis o Jonathan o como se llame se acerca y me revisa algunos mechones de cabello con mirada experta y autosuficiente.

- Creo que a vos te vendría bien hacerte un shock de keratina -sentencia.

Lo miro fijamente y no, no encuentro ningún motivo ni excusa para enchastrarle la cara de crema. Así que giro en redondo y le digo a Priscilla que prefiero volver otro día. Y ahí mismo decido que ya es tiempo de buscarme una nueva peluquería y destinar el dinero ahorrado en keratina en un buen par de botas nuevas.

Kill Me Now

a traición y por la espalda

- Planchar cualquier cosa. Planchar ropa con olor a humedad: el peor de todos los castigos domésticos.
- Ver una película mal traducida, o con subtítulos llenos de errores de ortografía.
- Reggaeton, karaoke, wachiturros y aledaños.
- Visualizar juntos -en el mismo día y horario- todos los estampados “animal print” del mundo.
- Calzas para salir. Calzas para estar en casa. Calzas como idea general de “me siento regia vestida así”.
- Café quemado o frío. Si es quemado y frío: el peor castigo gastronómico.
- El humor residual que se me queda adosado después de tres días de dieta estricta.
- Lidiar con el mito masculino referido al síndrome pre-menstrual, menstrual o post-menstrual.
- El pelo despeinado / inmanejable cuando hay humedad / con las raíces oscuras / con las puntas florecidas = todas esas combinaciones posibles sumarían el 95% de los días del año. ;-)
- Mandar 250 mensajes por el Blackberry y al rato largo darme cuenta de que el sistema no funciona y nadie se enteró de nada.
- Hablar primero, pensar después… y arrepentirme de las dos cosas en simultáneo.
- Que me recomienden una pila de libros nuevos y no recordar el título de ninguno cuando entro a la librería.
- Dejar plantado a alguien por causas de fuerza… menor.
- Necesitar desesperadamente lentes con mayor aumento / más tiempo para hacer todo lo pendiente / una caja de chocolates cuando pinta el bajón.

Esas buenísimas “malas costumbres”

por ser elegante no se pierde nada
- desayunar en la cama, todos los días & religiosamente;
- cantar (a los cuatro vientos) en la ducha (a todo vapor);
- vestirnos como para ir a una fiesta sólo para ir hasta la tintorería… a retirar aquella otra ropa de fiesta que mandamos a limpiar, cláh;
- sentirnos inescrupulosamente libres sólo porque una brisita primaveral nos sopla en la cara;
- leer tres libros al mismo tiempo (enganchándonos al instante con aquél que sacamos primero de la cartera, sea cual sea), :-D
- sobrestockearnos de cremas y más cremas para los brazos, las piernas, codos y rodillas: como si fuésemos pulpos y hubiese taaanto que humectar;
- volvernos locos con una serie de TV genial que descubrimos casi por accidente, y tratar de quemar las ocho temporadas en un mes, dividiendo los “tiempos libres” (?) de a cuarenta minutos, que es lo que dura un capítulo;
- hacer de cuenta que tenemos todo el tiempo del mundo, cuando no tenemos ni idea de cuánto, cuándo, cómo ni dónde se detiene el reloj;
- decir “te quiero” y sentir que vibra cada letra en un tiempo presente muy profundo que podría asemejarse a la eternidad (o no, ok, pero quién necesita de tantas precisiones, al fin y al cabo…)
- ponernos pretenciosos y planificar una agenda diaria que solamente podría cumplir Speedy González, para después darnos cuenta de que no hicimos todo, pero sí MUCHO más que si nos hubiéramos propuesto muy poquito. ;-)
- creer que nuestros hijos son la octava maravilla del mundo. Y de vez en cuando creer que los hijos de los demás son la misma cosa, también; ;-)
- hacer de cada día un nuevo comienzo, aunque “ayer” siga siendo “hoy” para muchas cosas, todavía…

Once maneras de ponerse un sombrero

Miguel_Bose-11_Maneras_De_Ponerse_Un_Sombrero-Frontal

1 ) Para atrás: Cucurullo me dijo esta mañana que “con ESO puesto sobre la cabeza, no te llevo en auto hasta la estación del subte”. La relación matrimonial tiene sus límites y uno de ellos es el sentido del ridículo, evidentemente. :-D

2 ) Para adelante: por otra parte, la Mano Derecha de Mi Hogar (la empleada doméstica) me dijo: “Señora, usted déle para adelante, que el sombrero le queda lindo”.

3 ) Para la izquierda: la boina onda “Che” ladeada hacia aquél lado da progre, dicen algunos.

4 ) Para la derecha: la boina (escocesa) da muy british, onda don’t-worry-tod@s-la-usan-en-Europa.

5 ) Con derrotero zigzagueante: estar loca perdida o no estarlo pasa por otro lado, pero algo debe querer decir esto de de cambiar “así” de estilo, de pronto y sin aviso.

6 ) Firmemente encasquetado sobre el marulo: qué práctica esta manera de estirar la retintura de raíces crecidas… ¡es mucho más inteligente ocultarlas de la vista que ostentarlas al viento!

7 ) Cubriéndose la cara, como máscara antigás: ¿nueva forma de protesta contra el establishment, el recalentamiento global o algún hecho político con consecuencias detestables? Un estilo “Boina-fini”, pero sin referencias explícitas a los años setenta. ;-)

8 ) Onda escolar: para mi hija de seis años, el sombrero es “una cosa alucinante que me podrías prestar, ¿no?”.

9 ) En verticalidad genealógica: por ahí anda la Madre de Una, repitiendo a cada rato que “siempre te dije que a vos los sombreros te quedaban bien. Como a mí. Lo que pasa es que vos no te das cuenta todavía de lo MUCHO que te parecés a mí”.

10) Friendly style: para mis amigas el asunto es una tremenda boludez, pero no importa, porque “nosotras te queremos igual”.

11) Co-worker’s Revenge: “¿Qué, ahora usás sombrero? Qué bien. ¿Y vas a escribir sobre eso en tu blog? Ah, cierto, porque vos escribís en internet. Mirá vos… lo que es tener tiempo al cuete, no?” :-D

Con sombrero Usé el sombrero escocés durante todo el día. Gente desconocida me sonrió por la calle y yo le sonreí también. Entré a una tienda de diseño a la que nunca me había animado y todavía no sé si el sombrero me dio algún tipo de impulso adicional o no. El miedo al ridículo amilanó a última hora de la tarde, pero en cambio el frío no dio tregua, y ahí descubrí que el bendito sombrero estaba de mi lado a la hora de preservar el calor de las neuronas.

Creí perder el sombrero varias veces, pero, sorpresivamente, cada tanto nos volvimos a encontrar los dos. Como sucede con los amigos y la gente querida de acá o de allá, también.

Rarísimos cuentos chinos que quiere creer la gente muy idealista (llamémosla así)

Vogue1 Atención, señoras y señores: todos sabemos que no existen los centauros, los dragones o los unicornios azules que ayer se le perdieron a Alguien. Sin embargo, cada dos por tres me tropiezo con otras tantas creencias en seres míticos (ilusiones mentales de hombres y mujeres por igual) que nos conviene erradicar aquí, parados donde estamos, en este blog y en pleno siglo XXI. Por ejemplo:

- Que existen mujeres puérperas con pareja demandante a la vista y lloroso bebé en brazos, que utilizan el sacaleches y el portaligas al mismo tiempo (en el mismo día, en el mismo mes… ¡o en el mismo año!).

- Que la gente con plata (con muchísima, pero muchísima plata), la hizo trabajando (con muchísimo, pero muchísimo trabajo).

- Que todos los filósofos viven en las nubes, de las nubes, para y por las nubes… como si no fueran también de esos ciudadanos de a pie que tienen que pagar facturas de servicios, expensas o impuestos.

- Que a las personas que leen o escriben les sobra el tiempo, mientras que la única gente “estresada de laburar todo el día y que no tiene tiempo para nada” es la que mira a Tinelli todas las noches para desenchufarse un poco.

- Que cocinar todas las noches (¡todas!) es una especie de terapia para las amas de casa.

- Que los hombres no son chismosos, mientras que las mujeres, sí.

- Que existen padres y madres ideales cuyos hijos no tendrán que ir al psicólogo para criticarlos malamente cuando sean adultos, como seguramente sucederá con los nuestros.

- Que las amas de casa full time no se sienten nunca aburridísimas de sus vidas… y de las de todos aquellos de las que hablan como endemoniadas, simplemente para pasar el rato.

- Que las mujeres que trabajan dentro y fuera de su casa tienen una energía sorprendente a las 9 de la noche, y entonces se ponen a cantar “Makin’ whoopee” para sus maridos como Michelle Pfeiffer, vestidas de rojo y subidas al piano (aunque no estaría mal, chicas, ¿eh?).

- Que los hombres que les llevan flores a sus esposas lo hacen siempre de románticos que son, y nunca porque metieron la pata con otra y entonces se sienten culpables.

- Que las mujeres y los hombres somos seres simplísimos, aptos para personificar cualquier papel que nos toque en suerte en el cuento chino que cuente Alguno por ahí.

Tontísimos Deseos Inconfesables de una Mujer Cualquiera

pequeñas cosas- las ganas de despedir violentamente (¡y esta vez, para siempre!) a tu empleada doméstica cuando sacás del placard una prenda perfectamente planchada por ella… y con un olor a humedad que raja la tierra.

- las ganas de colgar del muro de Facebook a la sutil amiga virtual que pone frases del estilo “el que te envidia te hace más fuerte”, como si ella fuese una carmelita descalza que nunca sintiera más que maravillositudes por el prójimo.

- las ganas de lanzar al vacío de la estación de subte la revista “Todo por dos pesos” que publica una sección gigante “accesorios para llevar esta temporada” donde se exhibe únicamente la última colección de Oscar de la Renta (que sale la friolera de USD 2.000).

- la increíble necesidad de querer responder en tono civilizado y cuasi profesional -¡haciendo un inventario detallado y todo!- cuando el chiquillo / la chiquilla que trajiste al mundo suelta a boca de jarro una necedad cualquiera, como por ejemplo: “lo que pasa es que vos a mí nunca me comprás nadaaaaaa”.

- la curiosidad por saber qué sucede si en tu casa dejan sintonizado el televisor en el canal Gourmet durante todo el tiempo que dura un partido de fútbol, para comprobar si tu marido logra mantener ese mismo nivel de concentración durante 90 minutos… ¡y aprende a cocinar alguna cosa sencillita, al menos!

- las ganas de sacudir violentamente los hombros enfundados en carísimo cuero de vaca de la gente vegetariana que no tiene un pelo de tonta a la hora de vestir elegante, pero que te vuelve loca en un restaurante porque sólo puede comer dos de las cincuenta opciones que hay en el menú… y ninguna la convence del todo.

- las ganas de poner tu mente en remojo dentro un frasco de formol, cuando a pesar de haber hecho tooooodos los ejercicios de respiración y meditación, seguís sintiendo el mismo impulso de escribir estos tontísimos deseos inconfesables, el mismísimo impulso que sentías antes de ponerte en Modo Buda por un rato. :-D

Diez reglas básicas para sobrevivir a una orgía (o a una multitudinaria reunión de trabajo)

schools 1. Siempre váyase último (esto no garantiza que lo haya pasado mejor, pero evitará que los demás hablen mal de su desempeño).

2. Si alguien va a grabar en video el asunto (o a hacer la minuta de reunión) recurra al “hágalo usted mismo”. De lo contrario, no se queje si lo que se exhibe luego no concuerda con lo que REALMENTE pasó.

3. Tenga a mano a la persona que se ocupará de emprolijarlo todo: una mucama de confianza, una asistente muy personal, algún empleado chupamedias… porque es increíble cómo quedan las casas (o las salas de reuniones) una vez que la gente se retira de allí.

4. Lo que se dice en ese antro de perdición, no puede repetirse fuera de ese entorno: es que la gente dice muchas, pero muchas tonterías cuando se le suelta la cadena y no vuelve rápidamente a sus cabales.

5. Los insultos velados, los malos entendidos o el intercambio accidental de ropa interior deben perdonarse ANTES inclusive de que se abra la puerta y salgan todos corriendo a tomar aire: “no hay que llorar sobre la leche derramada”, decían en la época de mi abuela.

6. Las/los que se visten de rojo furioso o negro intrigante llaman más la atención. Los de azul y gris, van a la cola del “trio elétrico”.

7. El que se sube a una tarima -o al organigrama- tiene la voz cantante. Los demás, hacen lo que pueden y se ubican a los codazos.

8. Está prohibido vomitar en los jarrones, dudar frente a lo que uno expone en una presentación de powerpoint o cualquier otra muestra de debilidad “emocional” (?).

9. Estar enfermo o tener familia no es excusa para no estar presente (aunque el asunto dure hasta cualquier hora).

10. El dueño de casa dictamina cuándo es el momento de vestirse e irse / de apagar las notebooks e irse.

ABI (Aclaración Bastante Intrascendente): No importa que nunca haya participado de una orgía, porque como me dedico a la consultoría en empresas, estoy altamente capacitada para dar consejos y recomendaciones sobre cosas que nunca hice. :-D

Ultra Blonde Style

tres ojos leyendo – Para las celebraciones importantes, champagne. Para las no taaaan importantes… champagne. ;-)
- Las carteras y los CD’s de música se pagan todos a sus valores originales y/o precios de lista (no valen las copias o los descuentos inexplicables). El champagne, original también. Las declaraciones juradas de ganancias… bueno, allí los límites pueden tornarse más difusos. :-)
- Luces laterales, estilistas confesores, abogados amigos del alma.
- Los tacos, bien altos (los bajos son para la playa); los vestidos de fiesta, negros o rojos.
- La ropa de calle, en colores pasteles. O grises. El amarillo es para los canarios y el naranja, Fanta.
- Los flequillos de costado, porque al medio van los cinturones… o las cesáreas.
- Las licenciaturas, en publicidad (los psicólogos se contratan).
- Las parejas, embarazos y médodos anticonceptivos no se ocultan (es decir, es confesable todo aquello que no involucre al Fisco).
- Los anillos se muestran todos como ostentosos, bien importantes (el único sencillo es el VERDADERAMENTE crucial y es por eso que se destaca sin que sea necesario aclarar: la alianza de matrimonio).
- A la familia y a los jefes nunca se los traiciona. A Visa o a Master… who knows. :-D
- Está permitido llorar y negarlo (hasta) tres veces. Después… mejor decir la verdad, a menos que se pueda competir por el Premio Nobel de Literatura.
- Las raíces se cuidan, todas: las del cabello, las del jardín… y las inversiones en real estate, sin lugar a dudas.

No es fácil ser rubia. Y además, lo peor de todo, todísimo todo, es que el de la Blonda es un camino de ida. ;-)

Cosas increíbles que creemos las mujeres (de vez en cuando)

vestido higiénico

1. Que un hombre que está con una mujer pero no quiere compromisos ni una pareja estable, se pueda sentir repentinamente feliz y completo porque ella queda embarazada “casualmente”.

2. Que el producto que compramos es una ganga total porque estamos en tiempos de liquidación de temporada, pretemporada, fin de temporada, remanentes de temporadas anteriores o saldos de desfiles de esta temporada.

3. Que nuestros hijos son muy distintos a otros chicos o a nosotros mismos a esa edad, como si la infancia no fuese un territorio universal que compartimos todos en algún momento (independientemente de la “temporada” a la que pertenezcamos).

4. Que los hombres pueden cambiar por una mujer… sobre todo, aquellos que no pudieron hacerlo por decisión individual, educación, esfuerzo o creencias personales.

5. Que todas las otras envejecen, pero Una está siempre igual.

6. Que las mujeres operadas “pierden frescura”, mientras que las que no pasamos por un cirujano la retenemos indefinidamente.

7. Que una mujer puede tener hijos, pareja, una profesión, ir al gym y trabajar en una ONG manteniendo siempre la sonrisa y sin asemejarse nunca a un Khadaffi sacado que pretende retener Libia.

8. Que las demás la tienen mucho más clara que Una.

9. Que nuestra familia es infinitamente más normal que las otras que conocemos (o infinitamente más anormal).

10. Que a ninguna de las otras le pasa lo mismo que a Una.

Empieza febrero… y yo todavía con el pescado sin vender (o gente sin entender)

el tiempo de los que vienen 1) Señores de pelo (cano) en pecho, panza de barril, T shirt de inscripción super smart y un rosario moooy cool colgando del cuello (parece que este menú estético los hace ver cancheros, geniales y, sobre todo, mucho más jóvenes).

2) Señoritas que se compran lolas XL y minúscula ropa de diseñador para no equivocarse a la hora de mirar y ser miradas (todo muy lindo ahí afuera… pero el marulo sigue siendo extra small, lo que les concede la ventaja de pesarse y ver que en esa área ya no hace falta una dieta para reducir absolutamente nada). :-D

3) Señoras y señores que hablan como un libro abierto (de autoashuda). Libro que -para colmo de males- es evidente que nunca leyeron, lo que hace sospechar que están de vuelta sin siquiera haber ido.

4) Señoras muy aseñoradas que supervisan concienzudamente el horóscopo para anticiparse al destino (nunca se tropiezan con un informe algo más analítico y profundo sobre las causas que provocan el “cómo les va”).

5) Los amantes del sibaritismo que no quieren hacer el mínimo esfuerzo para despegar el traste del almohadón (como por ejemplo, trabajar para pagar por sus placeres, o por el mantenimiento de sus ideales o de sus vicios).

6) Individuos casi protozoarios que no estudian ni hacen nada, que no aprenden siquiera una cosita insignificante ni utilizan ese mínimo del 15% del cerebro que nos garantizan los neurólogos de café… excepto para realizar tareas que casi los asemejan a maquinolas más bien autómatas.

Entonces me detengo. Dejo de criticar todo lo que me molesta en los otros (y en mí) y desgarro con suavidad la primera hoja del calendario. Empieza febrero, pienso (no, ya sé, ésa no es una idea brillante: el 15% del uso cerebral es una exageración en tantísimos casos). ;-) Sigo pensando. ¿Qué quiero y puedo aprender en este año? ¿Cómo crecer, evolucionar en algún sentido… o darle algún sentido a esa evolución, ya que estamos?

Compromiso. Trabajo. Aprendizaje. Invertir bien el tiempo y la energía. Elegir con quiénes quiero pasar los días. Todas palabritas y más palabritas a las que me gusta sacarles lustre en cada nuevo año.

Comienzan las inscripciones para tantos pero tantos cursos, carreras, oficios, profesiones… seguramente hasta hay algún que otro “taller vivencial” (?) para aprender a pescar (suponiendo que ya no querramos aceptar el pescado del otro. Y más todavía, si el espécimen en cuestión pasó hace ratttto por su momento de máxima frescura & esplendor).