“YO ACUSO” (cuando la culpa no es de uno, sino de todos los demás)

frente a todos

(Dedicado al Maradona que todos llevamos dentro)

UNO: Yo hubiese llegando puntual, justo en horario, lo que pasa es que… ¡no sabés lo que es el tráfico del microcentro a esta hora!
EL OTRO: Pero, ¿vos no te tomaste el subte?
UNO: Sí, claro, pero la calle Florida era un mundo de gente! Tuve que caminar a paso de hombre (?) hasta la estación…

VENDEDORA: ¿Vos sos talle 26? El jean que buscás lo tengo en talle 25, pero probátelo, porque viste que después la tela cede…
UNO, QUE EN ESTE CASO ES EL OTRO:
Sí, ya lo sé. Pero el 26 también se estira, ¿no? Yo soy talle 26… estirado y cedido, incluso. :-D

UNO: Yo soy vegetariana desde toda la vida y por convicción, no es una pose: imaginate lo que es para mí ver cómo matan a todos esos animalitos para comérselos…
EL OTRO: ¡Pero tus zapatos son de cuero!
UNO: Ay bueno, ¿qué querés? Yo soy vegetariana, no hippie…

UNO: Yo SÉ inglés, lo entiendo perfectamente, lo que pasa es que los yankees hablan muy cerrado…
EL OTRO (YANKEE): ¿¿¿¿?????

UNO: Vos sabés que yo tengo mucha paciencia, pero me molesta que por ser TAAAN buena, los “vivos de siempre” me tomen el tiempo.
EL OTRO (EN CUALQUIER IDIOMA): ¿¿¿¿?????

UNO: Yo tengo mucho talento, pero lo mío no es masivo, ¿viste? Y ellos apuntan a algo más comercial…
TODOS LOS OTROS (NOSOTROS): ah, porrrsupuesto, a vos te gustaría que te entiendan… solamente en el segmento ABC1 (?)

UNO: Me SACA de mis casillas cómo es él de cabeza dura, mirá. Debería ir a un curso de meditación, de yoga, de control mental, esas cosas que hago mientras él solamente se dedica a trabajar. Desde que empecé con las terapias alternativas, no sabés la cantidad de cosas que aprendí que a él le podrían servir.
EL OTRO: No contesta, en estos momentos trabaja como un burro… para pagar los cursos de su mujer.

UNO: Tengo clarísimo que podría hacer muchas otras cosas de mi vida, pero mis familia me demanda tanto tiempo, los chicos son tan chicos… imaginate que el menor RECIEN AHORA sacó el registro! No puedo dormir hasta que escucho que estaciona su auto en el garage… y eso sucede a la madrugada, encima!
EL OTRO: está desesperado mirando clasificados para alquilar un monoambiente y dejar la casa de su madre de una vez.

UNO: Obvio que tengo que hacer ejercicio, pero el único gimnasio que tengo a quince cuadras a la redonda cierra muy temprano, como a las diez de la noche…
EL OTRO (ENDEUDADO): En el cuartito está la bicicleta fija, la colchoneta, el escalador y las mancuernas, ¿o ya te olvidaste de todo lo que te vendieron por TeVeCompras el año pasado?

UNO: A mí me tratás bien y te doy hasta lo que no tengo, pero vos viste, él tiene un carácter repodrido.
EL OTRO (en general, experto conocedor del medio limón): Qué raro, porque él conserva a sus amigos de la infancia, se relaciona con toda la parentela e incluso fue elegido “mejor compañero” hasta llegar a la Universidad. Mientras que a vos creo que se te secó el potus que le regaló tu madre, ¿no?

UNO: Pero… yo se lo dije de onda, fue un chiste, no sé por qué se lo tomó tan mal! Es un amargo…
UNO, EL OTRO, EL MISMO: Los chiste xenófobos no le caen bien a nadie, excepto a los del Ku Klux Klan.

UNO: ¡No entiendo por qué no adelgacé ni un gramo! Te juro que hice todo lo que me dijo la nutricionista, no me pasé de la raya ni una vez. Es más, me morí de hambre. Decíme, ¿vas a comerte esas papas fritas?
EL OTRO (DELGADO): Están frías.
UNO: No importa, hoy me pintó el bajón. ¿Dónde está la mayonesa?

UNO: No tengo el informe listo porque recién hoy las sucursales me mandaron los datos.
EL OTRO (EL JEFE): ¿Y vos cuándo se los pediste?
UNO, ÚNÍSIMO UNO: Uf! Hace como… una hora. :-D

La Vida Como un Duty Free Shop Eterno

buy & take

Un amigo le escribió al entonces senador norteamericano Paul Tsongas cuando éste decidió no presentarse a la reelección porque le habían diagnosticado un cáncer: “En el lecho de muerte, nadie ha dicho nunca que desearía haber pasado más tiempo en la oficina.”

Ya sabemos de los beneficios innegables del trabajo: económicos, personales, sociales, de todo tipo… como no tengo vocación pedagógica, no me voy a poner a desarrollar acá lo que ya todos conocemos (mi madre es docente y yo no tengo paciencia ni para explicar la tabla del uno, ¿pueden creerlo? Es evidente que no todos los dones se transmiten a través de los genes).

Pero a veces -a menudo- uno conoce personas que hacen de ese vínculo con su profesión o especialidad, una identidad casi única y excluyente. Es muy frecuente verlo en el mundo de los negocios. Es ese tipo de gente que cuando le preguntás el nombre, te da su CV “comentado” en doce palabras, como para que uno lo pueda ubicar en el casillero (Top) correspondiente: “Hola, soy Fulano de Tal, me gradué de Master Of The Universe en la Universidad de Trussachussets Por Poner Un Ejemplo, y hoy soy fundador, CEO y Líder Espiritual de la compañía Tal Cosa”.

Y está muy bien ser el Alma Mater de Tal Cosa, ¿no? Maravilloso.

Pero si vamos a creernos que somos principalmente eso, y a ufanarnos por pasar trece horas por día en la oficina para que Tal Cosa sea Más Grande y la Burbuja nos Posea por Completo, ya el asunto cambia.

Porque entonces no podremos hablar de otro tema que no sea nuestro trabajo, o algún otro tópico impersonal y “democrático” (todos conocen de qué se trata) pero a su vez “exclusivo” (aunque muchos aspiren a conseguirlo, sólo unos pocos pueden hacerlo): tecnología de punta, autos importados, propiedades carísimas, bienes suntuarios en general… es que esta clase de temas muestra nuestra “clase”, justamente: es la medida de nuestro éxito. La “clase” de éxito que nos proyecta al mundo como personas satisfechas consigo mismas. Como personas con la Cosa Más Grande.

Entonces la vida íntima y personal se desplaza a un costado por un rato, pero es un rato que nadie sabe cuánto dura: sí, el amor viene, pasa y se va; y los matrimonios también. Ya sólo nos queda de esas historias una cuota de cinismo, y la “otra” cuota, ésa mal llamada “alimentaria”. Y el fin de semana con los chicos, que crecen muy rápido, con los que no convivimos, de los que conocemos su pasado de muy chiquitos, pero nada de su presente: ni quiénes son hoy, o qué les gusta, o cuáles son sus amigos… unos extraños con el mismo tono de voz y la misma nariz que uno. Rarísimo Uno a estas alturas, también.

Y un día la Cosa Más Grande De Verdad puede ser todavía insignificante, pero suena la alarma: un bultito de nada, un dolor en el pecho, un desmayo sin causa. Estamos bien, “bien, bien, todo bien”, pero es imposible no sentir miedo, preocuparnos un poco, vernos la cara en el espejo con intención (por primera vez en mucho tiempo), como tratando de adivinar qué nos depara el otro lado.

Porque el reloj avanza. Por el carril lento, pero avanza. Mientras tanto, andamos por ahí creyendo que los que avanzamos (¡y por la vía rápida, además!) somos nosotros.

La “vida picante”: una cuestión de equilibrio

ají jalapeño Adoro la comida picante. Bien picante. Me parece exquisito ese sabor que brota a quemarropa por las fosas nasales. Y como me gusta cocinar, siempre tengo en mi despensa algunos chiles jalapeños, clavo de olor, pimentón, pimientas variadas y un puñado de ajíes picantes que son como bombas ardientes, rojas y microscópicas (también apodados “misiles gastrointestinales”, ya sé).

A Cucurullo le gusta la comida picante también, pero no llega a los niveles de “picor” que me enloquecen a mí: lo suyo es más bien moderado tirando a moderadísimo, mientras que yo soy la reencarnación sin escalas de un mariachi criado en Teotihuacán a pura “torta de chiles en vinagre”. :-)

Tampoco ayuda el hecho de que a Cucurullo el picante lo pone -la expresión es suya, y literal- en “estado de mierditación”. No, no me equivoqué al tipear: un plato de mi guiso en salsa picante “al uso nostro” lo hace salir disparado al baño para quedarse ahí sentado en el trono, “pensando”, un rato largo. :-(

Así que tengo que moderarme un poco, porque a los dos el asunto del picor no nos gusta de la misma manera. De todos modos a veces se me va un poquitín la mano, porque el inconsciente es poderoso y repite espasmódicamente & sin querer, una y otra vez, el gesto de echar puñados de pimientos en la cazuela, y entonces (acá va un secreto culinario archisabido por todas las abuelas) hay que equilibrar el posible desastre con algún otro ingrediente dulce (no, mis queridos, NO rebajen el picante con agua, o con crema o caldo, porque no van a lograr nada: equilibren el sabor con otra cosa dulce como azúcar, miel, una fruta picada, lo que fuere).

El tradicional mole mexicano (que hemos preparado con singular éxito acá en casa) lleva unos cuantos ajíes peligrosos, y también bananas, chocolate y almendras dulces (todo bien triturado) para que el escozor del picante no salga disparado al primer bocado hacia el paladar de los comensales. El mérito del cocinero está en que la experiencia les deje un leve ardor dulzón, nomás… porque todos los elementos que se introdujeron en la olla se fueron equilibrando y amalgamando durante horas hasta transformarse en algo distinto, armónico y sutil. Con Cucurullo aprendimos a compartir y a saborear juntos este plato.

Y es que con Cucurullo hay mucho que tenemos en común y que surge espontáneamente, sin esfuerzo: la música que nos gusta, los autores que leemos, esos viajes a no sé dónde, algunos sueños, el placer de estar despiertos hasta tarde, la modorra imposible de la mañana hasta la llegada del primer café y el primer beso, el humor y el amor.

Y algunas orillas hay que acercarlas, tendiendo la mano y el cuerpo para llegar hasta donde están las puntas de los dedos del otro: el gusto (excesivo o moderadísimo) por el picante podría ser una de ellas. Así que ya saben: aportar a la causa algo dulce a veces ayuda, para compensar. ;-)

Ese asuntito de las lealtades, o bien: “cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro”

super chic

¿Qué entendemos por lealtad? ¿Nuestro sentido de la lealtad trasciende la muerte, la pena, el sufrimiento, las dudas sobre “lo que pudo haber sido”?

¿Qué es la fidelidad? ¿Es una manifestación de amor, es una manera de honrar los compromisos asumidos más allá de las circunstancias…?

Va una historia verdadera:

Hachiko es un perro de raza Akita nacido en Japón. Su dueño, un profesor universitario que residía muy cerca de la estación de Shibuya, lo tuvo viviendo consigo desde que era muy cachorrito. Hachiko se había acostumbrado tanto a la vida con su amo que de alguna manera aprendió a detectar en qué horario aproximado volvía el hombre de trabajar, así que todas las tardes se iba solo desde la casa hasta la estación de tren y lo esperaba frente a la multitud que se cruzaba en la recepción entrando y saliendo. Estaba atento, porque sabía perfectamente que antes o después, él aparecería entre los otros pasajeros que dejaba el andén y se irían andando juntos a su casa.

Un día el profesor sufre un paro cardíaco en su trabajo, y muere allí mismo. Evidentemente, ya no regresará nunca más a la estación ni a la vida de Hachiko.

Y Hachiko lo sigue esperando, fiel y constante, apostado en la plazoleta que está al frente de la salida de la estación, su lugar habitual. Es un buen vigía, así que tiene la mirada atenta cuando la gente se arremolina en la salida del andén: sabe que en algún momento su amo aparecerá en medio de todos esos otros pasajeros.

Pero el hombre no aparece. Ni ese día, ni el siguiente, ni el otro que viene después. La familia de su antiguo dueño se lleva al perro de vuelta a la casa en varias ocasiones, pero él se escapa y vuelve a la estación. Y así pasan los años.

Diez años.

Hachiko ya es viejo, y toda la gente que transita por ahí sabe de su historia y de su fidelidad. Los lugareños conocían al profesor y están al tanto de su repentina muerte, pero no pueden convencer al perro para que deje de esperarlo, o bien que abandone su puesto. Así que lo cuidan, lo miman, y hasta recolectan dinero para rendirle un homenaje a esa historia de amor viviente: entre todos contratan a un escultor que confecciona una estatua como testimonio de su presencia en la plazoleta.

Y Hachiko sigue esperando al frente de la estación, porque no importa que su dueño no venga hoy: mañana sí aparecerá.

Y así muere Hachiko, mirando el andén. Porque ni un solo día en esos diez años se olvidó de esperar la vuelta de la persona amada al caer el sol.

Sé lo que me van a decir: Hachiko no entendía lo que era la muerte, el paso del tiempo ni las situaciones irrevocables. Y es cierto. Pero me encantaría que hubiese muchos seres humanos que tuviésemos su sentido de la lealtad, una verdadera fidelidad hacia los afectos, esa disposición hacia el otro que fuese más allá del frío “en función de lo que me diste, yo te doy”. Hachiko nunca hizo ese cálculo, no? Por supuesto, no sabía hacerlo tampoco. Pero lo concreto es que él vivió dos años con el profesor… y lo esperó durante otros diez.

Algunos no saben unas cosas, y otros no saben otras. Y yo no sé con qué quedarme. Soy más clara: hay mucha gente que te empapela la pared con sus diplomas pero que lo miden todo, así que con ellas las relaciones son “hasta ahí”, más superficiales que un corcho que flota. Y no importa todo lo que ostenten: nunca ofrendarán “eso que son” a los demás.

Y sin embargo, andan también por este mundo los “Hachikos”: seres sencillos, nobles y con una capacidad de entrega que provoca asombro. O admiración.

Habrá que saber elegir, aunque nos sobren algunos dedos de la mano en todo este asunto. O nos falten patas.

Más difícil que encontrar un taxi libre en hora pico un día de lluvia

taxi- Sobrevivir a una reunión de trabajo en la que te tienen dos horas quemándote las neuronas analizando planillas de excel… sin convidarte con un mísero café!

- Encontrar a alguien que sepa mucho de música y que le guste cómo canta Carla Bruni (¿Susurra o canta? Susurra, ¿no?).

- Compartir un almuerzo entero (entrada, plato principal, postre y café) con alguien absolutamente monotemático (cuando los platos varían más que la conversación, uno puede morir de aburrimiento).

- Hablar tranquilamente con un grupo de amigas en un pelotero lleno de chicos.

- Que un francés entienda que no entendés francés, pero así y todo leíste la obra completa de Camus.

- Hacer “la dieta de la sopa” durante más de tres días sin sumergirte en el túnel interminable y oscuro del más absoluto mal humor.

- Que el taxista hable lo justo y necesario, ponga buena música y tenga cambio. :-D

Post de emergencia para reconciliaciones intempestivas

reírnosEstoy tan convencida de lo que voy a decir que hasta pongo las manos en el fuego: hay más gente que se pelea con su pareja (o su medio limón o lo que fuere), para poder reconciliarse un rato después, que la que discute por razones fundadas y fundantes. Se trata de personas que aman sentirse como Heathcliff y Catherine por un rato, y reescribir “Cumbres borrascosas” aunque sea en su versión más vulgar (es decir, en una servilleta de papel y a las apuradas).

Estos eternos amantes del amor (en su versión amor / odio, bien bipolar), se distinguen del resto de los mortales de acá a la China: la clave es que por lógico efecto rebote de sus romances de telenovela, también se pelean y discuten pasionalmente con todo el mundo, así se traten de sus amigas del alma, jefes, encargados del edificio, cirujanos plásticos, concuñados o mascotas del sexo opuesto. En todos los casos, terminan sus grandes dramas platónicos (o no) girando su cuerpo en ciento ochenta grados, con gran movimiento de bucles y faldas, mientras declaman “mañana será otro día” como si fuesen Scarlet en “Lo que el viento se llevó”.

Yo no voy a renegar de mi pasado de Chica Amodóvar. Y a lo mejor somos unos cuantos los que interpretamos “para el Oscar” a algún personaje de Jane Austen, no es necesario afirmarlo o negarlo acá. Pero bueno, gente, cuando a la Mujer Bonita le salen las primeras canas, es hora de cambiar de papel por otro menos adolescente, y dejar las discusiones para las verdaderas ocasiones en las que haya algo que discutir.

ellos dosEs por eso que, a modo de ofrenda, quiero dedicarles a todas aquellas almas trágicas que ya sienten que están demasiado maduras para enfundarse (o desenfundarse) con tanta frecuencia en un conjuntito atrevido de Victoria’s Secret a fin de ganar la batalla (pero no la guerra), ofrendarles, decía, entregarles con el corazón abierto & generoso esta receta de Isabel Allende. Se trata de una genial -lo digo por experiencia, porque la he preparado un par de veces- “sopa de la reconciliación” (así bautizada por la autora) que es, básicamente, una sopa de hongos que combina muy bien con pan, queso y sendas copas de malbec. Y esto es para que aprendamos a no ser tan jodidamente inmaduros a la hora de pelearnos con el prójimo, dicho sea de paso… sobre todo para los que no les gusta cocinar, sospecho que preparar la bendita sopa les servirá de escarmiento. ;-)

Los ingredientes son: dos tazas de caldo, una taza de champignones frescos (no me vengan conque van a usar los de lata, porque básicamente tienen gusto a lata, no a champignones), una taza de hongos secos (si hay de distintas variedades, mejor), un diente de ajo (eso dice la receta, pero yo le pongo, además, otro diente de echalote), tres cucharadas de aceite de oliva, un cuarto de taza de oporto, dos cucharadas de crema, sal y pimienta.

Entonces, la cosa es así: freímos en el aceite de oliva el ajo, el echalote y los champignones, y después agregamos el caldo, el oporto, sal y pimienta. Previamente (media hora antes) ponemos en remojo los hongos secos en vino tinto para que se esponjen a sus anchas. Cuando los hongos están tiernos, los integramos a la preparación anterior y dejamos que se cocine todo despacito hasta que, como dice Isabel Allende, “la casa huela a paraíso”.

Cuando la casa huele así -ni un minuto antes-, apagamos el fuego. Esperamos a que al asunto le baje su nivel de hervor -como sucede en toda discusión- y ahí nomás lo trituramos con la procesadora, licuadora, minipimer o algo así. Y tal como remata la genial autora de la receta, la sopa “debe quedar con una textura algo gruesa, como de lodo, con un perfume que hace salivar y llama a otras secreciones del cuerpo y del alma. Entonces me coloco mi mejor vestido, me pinto las uñas de rojo y sirvo la sopa decorada con crema en platos calientes”.

Bueno, fue un post con receta (pasional e invernal) de regalo. Y remate literal de Isabel Allende… qué más le van a pedir a este blog? No se pongan tan exigentes porque me voy a enojar muchísimo, eh? Pero en fin, quélevoiaser, “mañana será otro día”… ;-)

Tips que conviene tener en cuenta a la hora de querer entender el mundo (que no es rosa Dior)

Dior cherie – Nosotros también nos equivocamos. Y en una de ésas, más a menudo y de peor manera que aquellos otros que nos encargamos de criticar puntualmente cuando cometen algún error.

- Lo que a nosotros puede parecernos una tragedia griega, un hecho traumático o un simple baldazo de agua fría, para otro puede ser menos grave que una picazón en el codo.

- Cuando nos enteramos del caos que es la vida de Fulano y nos proponemos compadecerlo, llamarlo “un día de éstos” para ver cómo está o aunque sea desparramar el chisme a diestra y siniestra, puede que Fulano ya lo haya superado, aprendido algo de todo el embrollo y hasta que se beneficiara con la experiencia (solemos freezar a Fulano en nuestra mente y evocarlo a cada rato en su empantanosa situación, pero resulta que la vida se mueve más rápido que nuestra capacidad de morbo).

- No somos objeto de la envidia de nadie. Y si lo somos, es porque el envidioso envidia democráticamente a todo el mundo por igual, pero no porque le importemos más que otros, ni porque nosotros seamos perfectos, hermosos, divinos seres pletóricos de felicidát y/o hayamos recibido más bendiciones del cielo que ninguno.

- Sí, nuestros padres fueron jóvenes alguna vez, tuvieron sexo (qué horror!), y un día se volvieron viejos ante nuestros ojos. Los mismos descubrimientos harán nuestros hijos tarde o temprano, así decidamos ser totalmente diferentes a todas las generaciones que nos precedieron.

- No siempre decimos lo correcto, escribimos sin errores o nos comportamos divinamente. Por eso, la soberbia es para los desmemoriados.

- El secreto de la fidelidad y la felicidad es que comparten dos cosas: la rima, y eso de que empiezan en uno mismo para despuéssss trasladarse a los demás.

- Cuando creemos que entendemos perfectamente una situación, es porque la hemos superado. Entonces de inmediato arribamos a una instancia superior en la que, nuevamente, no entendemos nada de lo que ocurre. Y vuelta a empezar.

- Uno se mantiene delgado, honesto y fiel repitiendo el siguiente mantra todas las veces que la situación lo amerite: “No, gracias”.

- Uno cree en Dios cuando descubre que las respuestas tan lógicas & habituales no cierran totalmente frente a lo compleja que resulta la existencia. Porque dos más dos son cuatro, casi siempre.

- Los verbos que a la gente le interesa conjugar en cualquier conversación banal cuando se tropieza con uno casualmente por la calle, son: nacer, estudiar (algo), recibirse (de algo), casarse (con alguien), trabajar (en algo importante o de cadete?), ganar dinero (mucho o poco?), mudarse (casa o departamento? zona urbana o country? es un lugar propio o alquilado?), tener hijos (sanos y felices?) y morir(se). Lo que sucede en el medio de todos esos verbos no le interesa a nadie, y puede quedar en la más absoluta intimidát de uno mismo durante añares sin que esas personas se enteren; por ejemplo, tener un blog en donde se pretenda conjugar (o jugar con) todos los otros verbos. ;-)

Psicología y creatividad para la vida cotidiana

poeta mirando al sudesteUstedes ya conocen a Juan Manuel Bulacio, un amigo de la casa: participa mucho de los comentarios de este blog, poniendo un poco de cordura a los posts estilo “bola sin manija” que publico a veces. :-D

A qué se dedica Juan Manuel? Es psiquiatra, escritor (publica libros técnicos y novelas de ficción), docente, tiene una familia más que numerosa y en sus ratos de ocio hasta practica deportes (misterio inextrincable: de dónde saca tiempo para actualizar su propio blog y escribir en los de otros… increíble, no?).

Una actividad en la que también invierte mucho esfuerzo y energía es la adminstración de la Fundación ICCAp, que realiza cursos y charlas sobre diferentes temas que afectan a nuestra calidad de vida individual y social, algunos para profesionales y otros para público en general. Hay un curso sobre “Psicología y creatividad para la vida cotidiana” que comienza en agosto, gente, y está abierto a todo público: se dicta una vez por semana durante una hora y media. Les dejo acá el link del curso que dicta la Fundación , donde encontrarán los temas que van a tratarse y un mail de contacto donde pueden hacer consultas.

Juan Manuel no le pide a nadie que difunda las actividades de la Fundación, de eso puedo dar fe, pero debido a que se toma el trabajo de generar todas estas cosas como un servicio a la comunidad en lugar de trabajar para sí mismo y cambiar su auto por otro de un modelo más nuevo, me parece que vale la pena darlas a conocer.

Este post no tiene habilitados comentarios porque asumo que todas las dudas o inquietudes que se generen serán mejor evacuadas en la página de la Fundación. También les pido -yo, no Juan Manuel, porque él no es de hacer este tipo de pedidos personales- que por favor difundan este curso entre sus amigos y conocidos, así hay más gente participando de esta propuesta que tiene como objetivo impulsarnos a crecer como personas, una tarea que, al fin y al cabo, ya sabemos que es más que muy grande si no la asumimos ayudándonos unos a otros.

Billetera mata galán: ¿qué “paga” más?

thinkings- La chica que es linda y rellenita (”proporcionada”, para ser más exactos), o la “ni”, pero delgadísima & con siliconas?

- El inteligente aunque introvertido, o el tarado extroverrrtido que te vende hasta un buzón?

- El virtuoso que tiene talento, o el que grazna cada nota pero “es que no sabés, no le tiene miedo al ridículo: lo escuchás y te morís de risa”?

- El que madruga esperando la ayuda de Dios, o el chico listo que madruga a todos a pura picardía criolla?

- Un día bien vivido, o un vivo que vive al día?

- La cordura o el caradura?

- Uno para todos, o “fútbol para todos”?

- Con gloria morir, o “Gloria, moríte”?

Entiendo y comparto ese mensaje tan general & de autoayuda que promueve el desarrollo de la “inteligencia emocional”, por supuesto, pero hay personas que lo llevan hasta el límite del absurdo (o de la impunidad?), convirtiéndolo en una excusa para ejercitar una especie de cinismo hacia lo que es naturalmente valioso. Se ha transformado en un concepto vendible a cualquier postor (ni siquiera al mejor) que tiene como “misión y visión” llevarles agua para su molino a los oportunistas de siempre, a ésos a los que el mundo les resbala con una facilidát comodísima de asumir, como si él (el mundo, el mismísimo mundo) estuviese en liquidación por cierre y entonces todo ahí adentro diese lo mismo (lo mismísimo).

Feliz día de la Independencia en este 9 de Julio bien argento, mis queridos todos. De la independencia de pensamiento, también. ;-)

Porque amores que matan, nunca mueren

amantes parisinos Ellos, los de la foto, se aman con locura. Y así como la locura no puede entenderse racionalmente, la pasión tampoco puede serenarse con una explicación. Y por ahí andan estos amores tan fogosos: sobreviven a la pátina de decoro que ostenta el stablishment, a las traiciones ocultas, e incluso a la muerte de uno de los amantes. A todo, menos al paso del tiempo y al peso de la rutina, a las conversaciones banales de la vida doméstica, al mundo plagado de detalles (es que la pasión de unas nueve semanas y media no tiene nada que hacer frente a la racionalidad de todo lo otro concreto & cotidiano).

Los grandes amores etéreos son eternos por no haberse contaminado nunca con la vida real: circulan por un limbo flotante que tiene su vibración más baja a cinco centímetros por encima del zócalo. Ningún Dios comprende la muerte (y nunca podría: la espada de Damocles no apunta sobre Su Cabeza). Del mismo modo, las fantasías inconfesas no encuentran traducción para la remanida frasecita “mañana vence la factura del gas”.

Las grandes pasiones encontradas se sostienen en el precario equilibrio que anida en el contraste de las miradas brillantes sobre un rincón oscuro, en la tensa atmósfera que rodea dos copas de champagne a las tres de la tarde o en el minúsculo resquicio que separa la victoria idealizada de una derrota por goleada.

La vida es rarísima cuando no se puede explicar con la lógica de un sistema de ecuaciones.