(Dedicado al Maradona que todos llevamos dentro)
UNO: Yo hubiese llegando puntual, justo en horario, lo que pasa es que… ¡no sabés lo que es el tráfico del microcentro a esta hora!
EL OTRO: Pero, ¿vos no te tomaste el subte?
UNO: Sí, claro, pero la calle Florida era un mundo de gente! Tuve que caminar a paso de hombre (?) hasta la estación…
VENDEDORA: ¿Vos sos talle 26? El jean que buscás lo tengo en talle 25, pero probátelo, porque viste que después la tela cede…
UNO, QUE EN ESTE CASO ES EL OTRO: Sí, ya lo sé. Pero el 26 también se estira, ¿no? Yo soy talle 26… estirado y cedido, incluso.
UNO: Yo soy vegetariana desde toda la vida y por convicción, no es una pose: imaginate lo que es para mí ver cómo matan a todos esos animalitos para comérselos…
EL OTRO: ¡Pero tus zapatos son de cuero!
UNO: Ay bueno, ¿qué querés? Yo soy vegetariana, no hippie…
UNO: Yo SÉ inglés, lo entiendo perfectamente, lo que pasa es que los yankees hablan muy cerrado…
EL OTRO (YANKEE): ¿¿¿¿?????
UNO: Vos sabés que yo tengo mucha paciencia, pero me molesta que por ser TAAAN buena, los “vivos de siempre” me tomen el tiempo.
EL OTRO (EN CUALQUIER IDIOMA): ¿¿¿¿?????
UNO: Yo tengo mucho talento, pero lo mío no es masivo, ¿viste? Y ellos apuntan a algo más comercial…
TODOS LOS OTROS (NOSOTROS): ah, porrrsupuesto, a vos te gustaría que te entiendan… solamente en el segmento ABC1 (?)
UNO: Me SACA de mis casillas cómo es él de cabeza dura, mirá. Debería ir a un curso de meditación, de yoga, de control mental, esas cosas que hago mientras él solamente se dedica a trabajar. Desde que empecé con las terapias alternativas, no sabés la cantidad de cosas que aprendí que a él le podrían servir.
EL OTRO: No contesta, en estos momentos trabaja como un burro… para pagar los cursos de su mujer.
UNO: Tengo clarísimo que podría hacer muchas otras cosas de mi vida, pero mis familia me demanda tanto tiempo, los chicos son tan chicos… imaginate que el menor RECIEN AHORA sacó el registro! No puedo dormir hasta que escucho que estaciona su auto en el garage… y eso sucede a la madrugada, encima!
EL OTRO: está desesperado mirando clasificados para alquilar un monoambiente y dejar la casa de su madre de una vez.
UNO: Obvio que tengo que hacer ejercicio, pero el único gimnasio que tengo a quince cuadras a la redonda cierra muy temprano, como a las diez de la noche…
EL OTRO (ENDEUDADO): En el cuartito está la bicicleta fija, la colchoneta, el escalador y las mancuernas, ¿o ya te olvidaste de todo lo que te vendieron por TeVeCompras el año pasado?
UNO: A mí me tratás bien y te doy hasta lo que no tengo, pero vos viste, él tiene un carácter repodrido.
EL OTRO (en general, experto conocedor del medio limón): Qué raro, porque él conserva a sus amigos de la infancia, se relaciona con toda la parentela e incluso fue elegido “mejor compañero” hasta llegar a la Universidad. Mientras que a vos creo que se te secó el potus que le regaló tu madre, ¿no?
UNO: Pero… yo se lo dije de onda, fue un chiste, no sé por qué se lo tomó tan mal! Es un amargo…
UNO, EL OTRO, EL MISMO: Los chiste xenófobos no le caen bien a nadie, excepto a los del Ku Klux Klan.
UNO: ¡No entiendo por qué no adelgacé ni un gramo! Te juro que hice todo lo que me dijo la nutricionista, no me pasé de la raya ni una vez. Es más, me morí de hambre. Decíme, ¿vas a comerte esas papas fritas?
EL OTRO (DELGADO): Están frías.
UNO: No importa, hoy me pintó el bajón. ¿Dónde está la mayonesa?
UNO: No tengo el informe listo porque recién hoy las sucursales me mandaron los datos.
EL OTRO (EL JEFE): ¿Y vos cuándo se los pediste?
UNO, ÚNÍSIMO UNO: Uf! Hace como… una hora.

Adoro la comida picante. Bien picante. Me parece exquisito ese sabor que brota a quemarropa por las fosas nasales. Y como me gusta cocinar, siempre tengo en mi despensa algunos chiles jalapeños, clavo de olor, pimentón, pimientas variadas y un puñado de ajíes picantes que son como bombas ardientes, rojas y microscópicas (también apodados “misiles gastrointestinales”, ya sé).
- Sobrevivir a una reunión de trabajo en la que te tienen dos horas quemándote las neuronas analizando planillas de excel… sin convidarte con un mísero café!
Estoy tan convencida de lo que voy a decir que hasta pongo las manos en el fuego: hay más gente que se pelea con su pareja (o su medio limón o lo que fuere), para poder reconciliarse un rato después, que la que discute por razones fundadas y fundantes. Se trata de personas que aman sentirse como Heathcliff y Catherine por un rato, y reescribir “Cumbres borrascosas” aunque sea en su versión más vulgar (es decir, en una servilleta de papel y a las apuradas).
Es por eso que, a modo de ofrenda, quiero dedicarles a todas aquellas almas trágicas que ya sienten que están demasiado maduras para enfundarse (o desenfundarse) con tanta frecuencia en un conjuntito atrevido de Victoria’s Secret a fin de ganar la batalla (pero no la guerra), ofrendarles, decía, entregarles con el corazón abierto & generoso esta receta de Isabel Allende. Se trata de una genial -lo digo por experiencia, porque la he preparado un par de veces- “sopa de la reconciliación” (así bautizada por la autora) que es, básicamente, una sopa de hongos que combina muy bien con pan, queso y sendas copas de malbec. Y esto es para que aprendamos a no ser tan jodidamente inmaduros a la hora de pelearnos con el prójimo, dicho sea de paso… sobre todo para los que no les gusta cocinar, sospecho que preparar la bendita sopa les servirá de escarmiento.
– Nosotros también nos equivocamos. Y en una de ésas, más a menudo y de peor manera que aquellos otros que nos encargamos de criticar puntualmente cuando cometen algún error.
Ustedes ya conocen a Juan Manuel Bulacio, un amigo de la casa: participa mucho de los comentarios de este blog, poniendo un poco de cordura a los posts estilo “bola sin manija” que publico a veces.
- La chica que es linda y rellenita (”proporcionada”, para ser más exactos), o la “ni”, pero delgadísima & con siliconas?
Ellos, los de la foto, se aman con locura. Y así como la locura no puede entenderse racionalmente, la pasión tampoco puede serenarse con una explicación. Y por ahí andan estos amores tan fogosos: sobreviven a la pátina de decoro que ostenta el stablishment, a las traiciones ocultas, e incluso a la muerte de uno de los amantes. A todo, menos al paso del tiempo y al peso de la rutina, a las conversaciones banales de la vida doméstica, al mundo plagado de detalles (es que la pasión de unas nueve semanas y media no tiene nada que hacer frente a la racionalidad de todo lo otro concreto & cotidiano).

